lunes, 8 de junio de 2020

08/06 - Traslación de las Reliquias de Teodoro el Comandante


El santo Mártir Teodoro era de Euceta de Galacia y vivió en Heraclea del Ponto.

Era un comandante renombrado del ejército, y llegó a oídos del Emperador Licinio que era cristiano y abominaba de los ídolos. Licinio le envió a ciertos hombres de Nicomedia para que lo honraran y le pidieran que se presentara ante él; sin embargo, San Teodoro le envió al Emperador a través de sus emisarios el recado de que era él el que, por diferentes motivos, tenía que viajar a Heraclea, y este, viendo una oportunidad de apartar a Teodoro de Cristo, le hizo caso.

Cuando el Emperador llegó a Heraclea, San Teodoro lo recibió con honores, y aquel le tendió la mano creyendo que a través de él conseguiría inducir a los cristianos a adorar a los ídolos. Sentado en su trono en medio del pueblo, le pidió públicamente a Teodoro que ofreciera sacrificio a los dioses. Este a su vez solicitó al Emperador que le confiara los más venerables de entre sus dioses -los de oro y plata- para llevárselos a casa y cuidarlos esa noche, tras lo cual, a la mañana siguiente, los honraría en público. El Emperador, lleno de alegría ante estas palabras, ordenó que se cumpliera la petición de Teodoro.

Cuando el Santo se hubo llevado a los ídolos a su casa, los hizo añicos y repartió el oro y la plata entre los pobres durante la noche. Al día siguiente un centurión llamado Majencio le contó a Licinio que había visto a un pobre pasar con la cabeza de Artemisa. San Teodoro, lejos de arrepentirse de ello, confesó valientemente a Cristo. Licinio, presa de una ira incontenible, ordenó que se sometiera al Santo a muchos tormentos y que luego se lo crucificara.

Mientras estaba en la cruz, el santo Mártir siguió siendo atormentado: le cortaron sus partes pudendas, le arrojaron flechas, le sacaron los ojos y le dejaron morir sobre la cruz. Al día siguiente Licinio envió a sus hombres para que cogieran el cadáver y lo lanzaran al mar, pero encontraron al Santo vivo e ileso. Esto hizo que muchos creyeran en Cristo.

Viendo que sus propios hombres se volvían a Cristo y que la ciudad estaba revuelta, Licinio ordenó que Teodoro fuera decapitado hacia el año 320. Las reliquias del Santo fueron devueltas a su ciudad natal el 8 de junio.

El Santo Megalomártir Teodoro es conmemorado también el 8 de febrero.