jueves, 6 de agosto de 2020

06/08 - Santos Niños Justo y Pastor, Mártires



Las Actas de su martirio no son anteriores al siglo VII. Según estas Actas, Justo y Pastor eran dos niños cristianos, hijos de padres cristianos, que vivían en “Complutum” (lo que hoy es Alcalá de Henares en la Comunidad de Madrid), cuando la persecución decretada por Diocleciano estaba en su momento más álgido.

Aunque Diocleciano en un principio no era ni ambicioso ni cruel -era un gran estadista-, tuvo a su lado un mal consejero que fue quien le indujo a que persiguiera a los cristianos. Este mal consejero fue su yerno Galerio, y Diocleciano se dejó influir por él. En el año 302 Galerio arrancó a Diocleciano el decreto de persecución general por el que se destruían los templos, se perseguía a los obispos y sacerdotes, se difamaba a los nobles cristianos y se esclavizaba a los que eran plebeyos. La persecución más cruenta se inició en el año 304 con un edicto en el que se decía que quienes se negaran a sacrificar ante los dioses serían torturados y muertos. En la Hispania fue el gobernador Daciano quien se encargó de llevar a cabo estas matanzas, y lo hizo de forma muy cruel, como nos lo comenta Aurelio Prudencio en su poema “Peristephanon”, del que ya se ha escrito en este blog en alguna ocasión anterior. Y dentro de este marco histórico acontece el martirio de estos dos niños hispanos.

Prudencio les dedica una estrofa en su poema: “siempre será una gloria para Complutum el llevar en su regazo la sangre de Justo con la de Pastor, dos sepulcros iguales donde se contiene el don de ambos: sus preciosos cuerpos”. Dice la “passio” que, habiendo oído los dos niños en la escuela que estaba por allí el gobernador Daciano, dejaron los libros y se fueron a buscarlo para ofrecerse al martirio, y que sin realizarse proceso alguno fueron de inmediato condenados a muerte, degollados. Justo tendría unos siete años, y Pastor tendría nueve. Los ejecutaron fuera de la ciudad, donde los cristianos sepultaron sus cuerpos.

San Ildefonso de Toledo, en el tomo II de su obra “De viris illustribus” (“Varones ilustres”), dice que en el 391 el obispo Asturio tuvo una revelación: buscó y encontró dos sepulcros de mártires en los alrededores de la ciudad y los encontró, y tenían que ser de ellos, porque allí no se había martirizado a ningún otro cristiano, pero que, sin embargo, en los sepulcros no figuraban sus nombres. Un año más tarde, en el 392, San Paulino de Nola hizo sepultar a su hijo junto a estos dos niños mártires en Complutum, como el mismo San Paulino lo narra en su poema número 31; pero en dicho texto no dice tampoco el nombre de los dos mártires. Realmente el que primero los llama por sus nombres es Prudencio en el “Peristephanon” al principio del siglo V, como ya hemos dicho anteriormente.

Existe una inscripción en Medina Sidonia (Cádiz) del año 630, y otra en Guadix (Granada) de fecha similar, que conmemoran las reliquias conservadas en una basílica, entre las cuales figuran algunas de los santos Justo y Pastor. Esto lo recoge y lo narra bastante bien Vives en su obra ”Inscripciones cristianas de la España romana y visigoda”, editada en Barcelona en el año 1942.


El culto a los dos niños mártires se propagó por toda Hispania y por el sur de las Galias (Francia), y más tarde también en Cerdeña. Durante la dominación musulmana, los restos de los mártires fueron trasladados por San Urbicio a Huesca y al sur de Francia, pero en el año 1568 fueron restituidos a su ciudad natal. En los primeros calendarios mozárabes se les nombra por sus nombres, y este es un testimonio irrecusable, pues la mismísima Liturgia Mozárabe les había reservado un Oficio Propio en el día de su fiesta.



San Eulogio de Córdoba escribía en el siglo IX sobre un mártir mozárabe cordobés -San Leovigildo-, y dice de él que era un monje que procedía del monasterio dedicado a los santos Justo y Pastor situado en Fraga, en los montes de Córdoba. Ya desde entonces, se celebraba la fiesta de ambos niños el día 6 de agosto.



Quiero añadir algo que me parece bonito, y es el diálogo entre los dos niños cuando iban hacia el martirio. Consta en la “passio” del siglo VII, pero también lo reproduce San Ildefonso de Toledo en su libro: “Mientras eran conducidos al lugar del suplicio se estimulaban mutuamente estos dos corderitos. Porque Justo, el más pequeño, temeroso de que su hermano desfalleciera, le hablaba así: 'Hermanito, no tengas miedo de la muerte del cuerpo y de los tormentos. Recibe tranquilo el golpe de la espada, que aquel Dios que se ha dignado llamarnos a una gracia tan grande nos dará fuerzas proporcionadas a los dolores que nos esperan'. Y Pastor le contestaba: 'Dices bien, hermano mío; con gusto te haré compañía en el martirio para alcanzar contigo la gloria de este combate'”.

Ambos niños mártires están sepultados en una preciosa urna de plata en la cripta de la Catedral de Alcalá de Henares (Madrid), y allí también se conserva una piedra en la que, según la tradición popular, se arrodillaron los niños para ser decapitados. En esta piedra hay una oquedad que se dice fue producida por las rodillas de los niños. La veneración a esta piedra en Alcalá se remonta a tiempos inmemoriales.

Abel


Fuente: www.preguntasantoral.es
Adaptación: Ortodoxia Digital

06/08 - Transfiguración de nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo


Una transfiguración es la transformación de algo que implica un cambio de forma, de modo tal que revela su verdadera naturaleza. Nuestro Señor había hablado a sus discípulos varias veces con respecto no solo a su Pasión y muerte, sino también sobre las persecuciones y las aflicciones venideras que sufrirían.

Y ya que todos estos eventos se acercaban, así como las buenas nuevas que esperaban también estaban por venir, nuestro Salvador deseó entregarles la fiel promesa de que la gloria era preparada para aquellos que perseveraran hasta el final.

Es así que, para cumplir aquello que les había prometido fue que tomó a sus tres discípulos más cercanos y subió con ellos al Monte Tabor, en donde se transfiguró en frente de ellos. Su rostro brilló como el sol, sus vestimentas se tornaron tan blancas como la luz, y repentinamente, mientras sus discípulos se maravillaban ante esta increíble luz, aparecieron los más grandes entre los profetas, Moisés y Elías, quienes habían hablado sobre la Pasión salvadora de Jesucristo que estaba a punto de llevarse a cabo. De pie frente a él como siervos reverentes, ellos mismos mostraron que Jesús es el Señor, tanto de los vivos como de los muertos, puesto que Moisés vino del hades, habiendo estado muerto por muchos siglos y Elías, venido del cielo, donde había sido tomado pero estando aún vivo. Allí, una nube radiante los envolvió y se escuchó una voz que tenía el mismo tono que aquella voz oída durante el bautismo de Jesús en el río Jordán y que testificó también la divinidad del Señor: “Este es mi hijo amado, en quien me complazco, escuchadle”.

Dichas son las maravillas, realmente dignas de Dios, celebradas en esta presente fiesta, la cual es imagen y prefiguración del futuro estado de los justos, de cuyo esplendor el Señor habló diciendo: “Así brillarán los justos como el Sol” (Mt 13:43).

La celebración de la fiesta el 6 de agosto se ha prestado para que en el hemisferio norte se bendigan las uvas y otras frutas dando el significado de la fructificación de toda la creación en el paraíso del Reino infinito de Dios donde todo se transformará para la gloria del Señor.


Fuente: Arquidiócesis de Buenos Aires y Toda la Argentina (Patriarcado de Antioquía y Todo el Oriente)

miércoles, 5 de agosto de 2020

05/08 - Eusignio el Mártir de Antioquía


Este Mártir era de Antioquía, y fue soldado desde el reinado de Constancio Cloro (el Padre de San Constantino el Grande) hasta el de Julián el Apóstata.

Eusignio censuró la impiedad de Julián y le recordó que era sobrino de San Constantino el Grande, el primer Emperador cristiano. También le recordó que desde su más tierna juventud había sido alimentado con la «leche» de la piedad e instruido en la Fe de Cristo, había sido compañero de estudios de San Basilio el Grande y Gregorio el Teólogo, había sido Lector de la Iglesia de Nicomedia, había abandonado todas estas cosas, se había convertido en transgresor de las promesas hechas en su divino Bautismo y había ofrecido a los ídolos la adoración que se debe solo a Dios.

Por todo ello, y por reprobar al Apóstata, Eusignio fue decapitado en el año 361, habiendo vivido un total de 110 años (de los cuales más de 60 como soldado).

martes, 4 de agosto de 2020

04/08 - Los Siete Santos Jóvenes de Éfeso


Los Siete Jóvenes se escondieron en cierta cueva cerca de Éfeso en el año 250 para escapar de la persecución de Decio.

Por la gracia divina, un sueño cayó sobre ellos y durmieron durante 184 años, hasta el reinado de San Teodosio el Joven, cuando la doctrina de la resurrección estaba siendo atacada por los herejes. Luego se despertaron -o sea, resucitaron-, confirmando a la vista de todos la resurrección corporal, y tras un breve período de tiempo, por mandato divino, reposaron de nuevo en el Señor en el año 434.

lunes, 3 de agosto de 2020

La Biblia Peshitta en castellano


Esta obra está basada en el texto Peshitta, que es un antiguo manuscrito bíblico redactado en arameo, el idioma del Señor Jesucristo y sus apóstoles. Es una obra única en su género y el primer esfuerzo formal de traducción al español de este manuscrito, que ayudará al lector a entender textos bíblicos que hasta ahora no resultaban totalmente claros.

El arameo fue el idioma internacional durante la época de los imperios asirio, babilónico y persa, y también el idioma que el pueblo de Israel adoptó como lengua madre desde el exilio babilónico hasta el tiempo de nuestro Señor Jesucristo. Aún se habla en algunas zonas de Irak, Irán, Líbano e Israel.

El resurgimiento del interés actual por el arameo bíblico se manifiesta principalmente en la traducción del texto Peshitta al español. Este texto, obra cumbre de la literatura aramea, dejó registrado para la posteridad el mensaje del evangelio y de los apóstoles en un idioma claro, sencillo y directo, que es el significado de “Peshitta”. El arameo era poco conocido para Occidente, pero su uso en el Oriente fue muy extendido, llegando incluso hasta China e India. En la actualidad, los medios nos han dado a conocer la existencia de comunidades arameas en el Medio Oriente, que aún hablan el arameo y conservan su enseñanza basada en el texto Peshitta.

Al final de esta obra, el lector podrá encontrar una relación de textos relevantes y tablas de diferencias entre los textos tradicionales del hebreo y griego y el texto Peshitta, que le ayudarán a profundizar en el estudio y entendimiento de la Palabra de Dios registrada en este texto.


03/08 - Isacio, Dalmato y Fausto, Ascetas del Monasterio de Dalmato


San Isacio, también celebrado el 30 de mayo, se hizo monje a temprana edad y destacó en toda virtud; celoso de la Fe Ortodoxa, también fue considerado digno del don de la profecía. Vivía en una pequeña cabaña cerca de Constantinopla.

Cuando Valente el Arriano marchó contra los Godos, que estaban en el Danubio, este justo salió en persona a encontrarse con el Emperador y, tomando las riendas del caballo de este, le dijo con valentía que Dios había inspirado a los bárbaros a que salieran a enfrentarse a él porque él había incitado a muchos a hablar contra Dios blasfemando y había expulsado a los verdaderos adoradores de Dios de las divinas casas de oración. También le dijo que, si dejaba de luchar contra Dios mediante la herejía y le devolvía los buenos pastores (o sea, los Obispos ortodoxos) al rebaño de Cristo, obtendría fácilmente la victoria sobre sus enemigos; por el contrario, si no desistía de estas cosas y no tomaba a Dios por aliado, en el mismo inicio de la batalla él y su ejército serían ciertamente derrotados. «Aprende por experiencia -le dijo- que es duro dar patadas al aguijón. No regresarás, y esta expedición será destruida». A pesar de todo, el Emperador se enojó e hizo encarcelar al justo para castigarlo y matarlo cuando regresara de conquistar a los bárbaros, pero fue completamente derrotado y quemado vivo en cierto pueblo en el año 378 (Teodoreto de Ciro, ‘Historia Eclesiástica’, cap. 4, 31-32).

Cuando los soldados supervivientes regresaron de la guerra, queriendo tentar al Santo, se dirigieron a él diciendo: «Prepara tu defensa ante el Emperador, que viene a cumplir lo que habló contra ti», pero este respondió: «Hace ya siete días que olí el hedor de sus huesos, que fueron quemados en el fuego». Así, el justo fue liberado de la prisión. Todos se maravillaron a causa de esta profecía, e Isacio se hizo aún más célebre por el celo que mostró a favor de la Ortodoxia en el año 381, cuando fue convocado el Segundo Concilio Ecuménico. Después de esto, se construyó un monasterio en Constantinopla para él, y pastoreó piadosamente a los que luchaban con él en el ascetismo. Habiendo servido como ejemplo de la vida monástica, reposó en paz hacia finales del siglo IV, dejando a Dalmato como sucesor suyo.

En cuanto a San Dalmato, inicialmente sirvió en la segunda división de los soldados llamados ‘Scholarii’. Sin embargo, después lo abandonó todo y, tomando a su hijo Fausto, se fue al monasterio arriba mencionado de San Isacio, donde tomó el hábito monástico. Gracias a su virtud, se volvió venerable a la vista de todos. Estuvo presente en el Tercer Concilio Ecuménico de Éfeso en el año 431, donde mostró su celo por la Ortodoxia contra Nestorio. Precisamente este Concilio lo eligió Archimandrita de los monasterios de Constantinopla. Habiendo vivido más de ochenta años, reposó en el Señor.

domingo, 2 de agosto de 2020

02/08 - Santas Centola y Elena, Vírgenes y Mártires


Centola nació en Toledo, de padres nobles y paganos. Desde pequeña observó, por sus propios razonamientos y observación de la realidad, amén de la ayuda divina, la falsedad de la idolatría. Así, abrazó en secreto la fe cristiana con todo lo que significa: oración, caridad, sacrificios, anuncio de Jesucristo. Su padre intentó que abandonara la nueva fe y volviera a la fe de sus padres. Promesas, regalos, amenazas, nada pudo separarla de Jesucristo, cuyo amor se había apoderado de su corazón enteramente. Así fue que, sintiéndolo mucho, huyó de su casa llegando a Soris o Siaria (actualmente Sierro), tierra que pertenecía al antiguo obispado de Burgos, aunque no a la ciudad. Allí se hospedó en la casa de una señora cristiana llamada Elena. No nos dicen las crónicas o tradiciones ni como se conocieron, ni por qué allí, pero es probable que siendo la hospitalidad entre los de la misma fe, una virtud amada por los cristianos, Elena la acogiese al saber que huía por motivos religiosos. Así es que Centola y Elena, ya juntas se dedicaron a obras de caridad y piedad.

La cosa podría haberse calmado si no hubiese sido porque el emperador Maximino persuadido a que la subsistencia de su imperio dependía en destruir la religión del Crucificado, envió a su ministro Eglisio a las tierras cántabras, para obligar a los cristianos a cumplir la ley de sacrificar a los dioses, renegando de su fe. Enterado que Centola, además de no ocultar su fe, la predicaba y convertía a la Iglesia a muchos habitantes de la zona, la mandó a llamar al tribunal. Otra vez las promesas, halagos, amenazas (pero esta vez por parte de quien sí las ejecutaría) no pudieron doblegarla, por lo que Eglisio mandó fuera estirada en el potro y, aunque oyó claramente como se descoyuntaban los huesos, mandó le desgarraran el cuerpo con garfios de hierro. Pero Centola, ni renegó de la fe, ni suplicó, antes bien se burló de los verdugos y les retó a probar nuevos tormentos. Y eso hizo el ministro: mandó le cortaran los pechos, la llevaran a su prisión y la dejaran morir sin curación alguna y desangrada.

Enteradas de esto, se llegaron a la cárcel algunas nobles del pueblo, espantadas de la crueldad del gobernador y compadecidas de Centola (por tanto, se afirma el hecho de que sería muy conocida entre todas). Algunas intentaron persuadirla de su empeño de fidelidad, y que cediese a los requerimientos de la ley. Centola, por su parte, les contestó con una apología de la fe cristiana y les dio a entender el premio que a ella misma le aguardaban por permanecer fiel a Cristo, los cuales si ellas los hubiesen apenas intuido, le tendrían envidia y no compasión. Supo Eglisio de esta prédica en la cárcel y mandó cortarle la lengua, pero aquel Señor por quien padecía hizo que hablase sin tan preciso instrumento, por una de aquellas portentosas maravillas de su infinito poder.

O sea, que aun sin lengua habló, y más que hablar, profetizó a Elena, que vino a visitarla también, que ella también sería mártir, y le deseó valor para que no desmayase en la prueba. Y dicho y hecho, enterado Eglisio que estaba allí Elena, y que era cristiana, la apresó, de lo que se alegró Elena, deseosa de acompañar á su amiga en la muerte, como lo había hecho en vida. Finalmente, ambas fueron degolladas al parecer en el año 304. Serían ejecutadas posiblemente a las afueras de la ciudad. En el año 782 los esposos Fredenandus y Gutina, señores de Castro-Siero, construyen una pequeña iglesia sobre el río Butrón, en Valdelateja, sobre el tradicional lugar del martirio. Según el obispo de Burgos, Gonzalo de Hinojosa, los obispos de Astorga y León llevaron los cuerpos a dicha iglesia (dice que los compraron por 300 libras de oro).

Los calendarios mozárabes ponen a Centola el día 2 de agosto, pero no le dan título de mártir y su culto no se asoció a Elena hasta el siglo XIV, luego del traslado de los cuerpos, realizado por el mismo Gonzalo de Hinojosa, que puso su martirio a 4 de agosto del 304. Se realizó esta traslación en 1317, reinando Alfonso XI, para que recibieran culto más apropiado en la catedral de Burgos (aunque se dejaron las cabezas en Sierro). Don Gonzalo los colocó en el altar mayor, y les concedió misa y oficio propio, con Rito Doble de primera clase (hoy Solemnidad). Decretó se hiciese procesión y que ese día fuera de precepto para la ciudad y diócesis de Burgos. Baronio las inscribió en su martirologio el 13 de agosto “Burgis in Hispania Santarum Centollæ & Elena Martirum”

Oración a las santas:

Dame, Dios mío, que en el ejemplo de estas dos santas mártires aprenda la ciencia de la propia santificación y de la ajena edificación: la fortaleza para no dejarme doblar de los miedos del mundo; la constancia para perseverar en tu amor en medio de los mayores tormentos: la alegría con que debo pasar por mil muertes si fuese necesario, antes que abandonar la fe que recibí en el bautismo.