martes, 3 de noviembre de 2015

Entrevista a José Pino



Ofrecemos a continuación la versión castellana de la entrevista al Hno. José Pino que se publicó el año pasado por estas fechas en la página web rumana Ortodoxia Tinerilor ("La Ortodoxia de los Jóvenes").

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1. ¿Por qué decidiste convertirte a la Ortodoxia?

Mi conversión a la Ortodoxia no fue algo repentino al estilo de San Pablo, sino más bien un largo proceso al estilo del Beato Agustín. Hace unos quince años compré en un mercadillo un pequeño icono de nuestro Señor Jesucristo (que todavía conservo), y eso hizo despertar en mí un interés, aunque fuera estético, en el cristianismo bizantino. De ahí pasé a investigar y estudiar, primero a través de internet y luego mediante la lectura de innumerables libros, y poco a poco llegué a la convicción de que la Ortodoxia era el cristianismo original, no adulterado, que había conservado íntegro el Evangelio transmitido por nuestro Señor Jesucristo, predicado y difundido por los Santos Apóstoles, defendido por los Santos Padres y articulado en los siete Concilios Ecuménicos de la Iglesia. Una vez adquirida la certeza intelectual de que la Iglesia Ortodoxa era la verdadera, no tenía más remedio que hacer un ejercicio de honradez personal y entregarme a ella sin reservas a pesar de todas las dificultades que ello pudiera suponer. Esto significó un período de lucha interna entre la seguridad de lo malo conocido y el salto al vacío de lo bueno por conocer. Cuando ya no podía alargar más la decisión, me fui a pasar unos días al monasterio de Cantauque (Francia) para compartir, aunque solo fuera de manera breve, la vida de los monjes, y ahí tomé finalmente la determinación de dar el paso y convertirme en catecúmeno. A mi regreso a España, estuve visitando las diferentes parroquias de Madrid y finalmente entré en contacto con el que hoy es mi Padre Espiritual, el P. Archimandrita Demetrio (Sáez), del Arzobispado Ortodoxo de España y Portugal (Patriarcado Ecuménico de Constantinopla), quien siete meses después me administró el sacramento de la Crismación.

2. ¿Cómo era tu vida antes de hacerte ortodoxo? ¿Qué ha cambiado tras tu conversión?

Como la inmensa mayoría de los españoles de mi edad (nací en 1976), fui bautizado en la Iglesia Católica Romana. Aunque en mi niñez no recibí demasiada instrucción religiosa (mi familia estaba bastante secularizada), recibí la Primera Comunión cuando tenía 9 o 10 años. No fue hasta los 18 años, antes de empezar a estudiar en la Universidad, cuando empecé a tomarme más en serio las cosas de la fe, y entonces tuve que "hacerme a mí mismo" y estudiar el Catecismo por mi cuenta. En un momento determinado, y después de conocer de cerca varias ramas del cristianismo occidental, recibí el sacramento de la Confirmación (equivalente aproximado de la Crismación para los católicos). Desde entonces, intenté vivir mi fe con seriedad y responsabilidad, pero poco a poco me di cuenta de que mi vida cristiana se limitaba a la aceptación de una serie de dogmas expresados en categorías filosóficas (la Escolástica) y a la puesta en práctica de una moral determinada entendida en términos jurídicos de transgresión, recompensa y castigo. No tenía una relación personal con Jesucristo, sino con la idea que de Él me había hecho, y para mí la Iglesia era una especie de superestructura (una "sociedad perfecta", como dice la teología latina) que me impulsaba a vivir a base de normas.


Cuando conocí la Ortodoxia, mi vida dio un giro de 180º Comprendí el amor de Dios por la humanidad y que Jesucristo había pisoteado la muerte con Su muerte, y desaparecieron las angustias vitales provocadas por una moral farisaica e inhumana basada en la casuística. Mi vida cristiana "intelectualoide" e individualista desapareció para dar paso a una visión comunitaria y eminentemente eclesial. Esto no significa que después de hacerme ortodoxo hayan desaparecido de mi vida todos los problemas, pero sí puedo asegurar que me siento inmensamente feliz y que tengo la sensación de pertenecer por fin a la Iglesia a la que siempre quise pertenecer, donde está mi verdadero hogar.


3. ¿Qué o quién te impulsó hacia la Ortodoxia?

Como decía antes, mi camino hacia la Ortodoxia fue lento y consistió en un progresivo convencimiento de que en ella se encontraba la Verdad plena sin adiciones ni sustracciones. Aunque tengo la seguridad de que quien me impulsó en este camino fue el mismo Dios, hubo varias personas que resultaron fundamentales a la hora de tomar una decisión. Si tengo que destacar a alguien en concreto, sin duda serían los monjes de Cantauque y mi Padre Espiritual. Los primeros, porque me mostraron la Ortodoxia en acción con su vida de oración litúrgica, trabajo manual y sencillez evangélica; el segundo, porque me acogió en la Iglesia y me sigue acompañando en mi vida cristiana.

4. ¿Qué actitud tienen los que te rodean ante tu elección?

Pues depende del grado de cercanía. Mi esposa e hijos siguen siendo católicos romanos, pero respetan profundamente mi decisión de ser ortodoxo porque ven que soy muy feliz, y eso es lo que les importa. Mi pobre suegra es la que más "sufre", sobre todo porque nunca sabe exactamente qué puedo comer y qué no (los católicos prácticamente han abandonado los períodos de ayuno). En cuanto a los demás familiares, y según los casos, sus actitudes van desde el respeto hasta la burla. Finalmente, mis amigos y compañeros de trabajo suelen ser respetuosos, aunque a veces uno se cansa de tener que estar siempre dando explicaciones.

5. ¿Te resultó difícil apartarte del catolicismo?

Hasta cierto punto sí, porque la cultura española está tan impregnada de esa religión que apartarse de ella significa de algún modo tener que renunciar a una parte importante de sí mismo. Para el español medio, la Ortodoxia es una religión extranjera y bastante exótica, y existen barreras difíciles de superar (por ejemplo, en la mayoría de las parroquias casi nunca se usa la lengua castellana). Sin embargo, cuando uno sabe que está detrás de la Verdad y que está en juego la salvación eterna de su alma, tiene que tomar una decisión valiente y lanzarse al vacío aunque eso signifique "empezar de cero", como un niño que aprende el abecedario. Hacerse ortodoxo en España supone un cierto grado de heroísmo, pero puedo asegurar que, a pesar de todas las dificultades, vale la pena dar el paso. Y no olvidemos que la Ortodoxia es la antigua fe de esta tierra (durante el primer milenio, todo el Occidente fue ortodoxo), por lo que abrazarla es en realidad reencontrar las verdaderas raíces del cristianismo hispano.

6. Hablemos de la vida espiritual del hombre de hoy en día, sea rumano o extranjero. ¿Qué tiene que cambiar el hombre contemporáneo, o qué debería adquirir para transformar su vida terrena en vida espiritual?

Creo que el hombre de hoy tiene que desplazar el centro de su existencia de sí mismo a su Creador. Desde la caída de nuestros primeros Padres, cuyas consecuencias afectan a la naturaleza humana en su plenitud, el mundo se encuentra bajo la influencia del pecado, y de ahí surgen todos los desórdenes a los que asistimos diariamente: egoísmo, envidias, guerras, asesinatos, adulterios, destrucción del medio ambiente... Como dice el Metropolitano de Pérgamo, Ioannis Zizioulas, mediante el pecado nos convertimos en "individuos", es decir, nos aislamos del resto y solo vivimos para nosotros mismos y para nuestro propio interés. De lo que se trata es de volver a poner en el centro de nuestra vida a Dios, en volver a ser "personas", en entregarnos a los demás, y entonces seremos verdaderamente felices. Nuestro Señor Jesucristo nos pone el ejemplo que tenemos que seguir: Él dio su vida por nosotros y "se hizo hombre para que el hombre se hiciera Dios" (S. Atanasio de Alejandría).

7. ¿Qué papel tiene tu Padre Espiritual en tu vida?

Mi Padre Espiritual, el P. Archimandrita Demetrio, monje del monasterio de Iviron (Monte Atos), es una pieza fundamental e insustituible en mi vida cristiana. Él no es solo un "director espiritual", alguien que me da consejos cuando los necesito (aunque también), sino un verdadero padre, alguien que me ama, que sufre cuando sufro y se alegra cuando me alegro, que carga sobre sus hombros mis cargas y siempre tiene una palabra de aliento cuando me siento desfallecer. También es mi confesor: prefiero contarle mis pecados a alguien que me conoce de verdad y que sabe cuáles son mis puntos débiles; de hecho, solo en un par de ocasiones he confesado con otros sacerdotes. Mi Padre Espiritual es el médico que sabe prescribirme las medicinas espirituales adecuadas cuando mi alma se encuentra enferma. Todo cristiano ortodoxo debería tener un Padre Espiritual para que su vida cristiana sea completa.

8. ¿Qué te parecen las Liturgias ortodoxas comparadas con las católicas?

La Iglesia Latina fue plenamente ortodoxa durante el primer milenio, y su liturgia era comparable a la bizantina aunque tuviera sus características propias. No olvidemos tampoco que la antigua Iglesia Hispánica tenía un rito litúrgico propio, el actualmente llamado "hispanomozárabe", que tenía profundas raíces orientales (concretamente siríacas). Sin embargo, a lo largo de los siglos la Iglesia de Occiente fue modificando sus ritos en varias ocasiones; en ese proceso, y para hacerse "más pastoral", la liturgia occidental fue perdiendo gran parte de su carácter mistérico y su solemnidad. Y no solo me refiero a las palabras del rito, sino también a la música: el antiguo canto gregoriano (descendiente del bizantino) ha sido prácticamente abandonado, y las Misas suelen ser "rezadas" o aderezadas con guitarras, panderetas y otros instrumentos propios de la música secular. Los templos han perdido la belleza arquitectónica de antaño y se han convertido en objeto de experimentación artística. ¿Y dónde están las reliquias que antiguamente se veneraban en las iglesias? A nivel personal, y con todo mi respeto por la Iglesia Latina, puedo decir que asistir a las Misas católicas me dejaba indiferente, mientras que cuando entro en un templo ortodoxo siento que estoy penetrando en un lugar santo donde Dios está presente.

9. Entiendo que has creado un blog para los ortodoxos de España. ¿Cómo se llama? ¿Podrías informarme más al respecto?

Efectivamente, en el mes de mayo de 2013 fundé Ortodoxia Digital (http://ortodoxia-digital.blogspot.com). Más que de un blog, podemos decir que se trata de una iniciativa apostólica que tiene como objetivo dar a conocer en la Península Ibérica (España, Portugal, Andorra y Gibraltar) el cristianismo ortodoxo a través de las nuevas tecnologías de la información. El blog es su cara más visible y su órgano oficial de comunicación, pero también hemos organizado algunas peregrinaciones, encuentros fraternos en Madrid y en Sevilla (tenemos sede en ambas provincias), charlas, etc. También administramos varios blogs de parroquias ortodoxas sin recursos. Distribuimos un libro que contiene las Divinas Liturgias de San Juan Crisóstomo y de San Basilio el Grande en castellano y procede del monasterio de Cantauque (Francia), y disponemos, entre otras cosas, de un Devocionario "on-line" en lengua española, de modo que cualquier persona con acceso a internet puede rezar desde su ordenador, tableta o teléfono móvil. Tenemos muchos otros proyectos en mente que sería largo detallar pero que tienen como objetivo hacer que el público ibérico pueda conocer la Ortodoxia en un idioma que entienda.

10. El hombre tiene la potencialidad de la santificación, de la semejanza con Dios. ¿Cómo crees que podemos llegar a la perfección como nos pide el Salvador: "Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto" (Mt. 5,48)?

Responderé con otro versículo bíblico: "Es necesario que Él crezca y yo disminuya" (Jn. 3,30). El objetivo último de la existencia del hombre es la Deificación, lo que los griegos llaman "Théosis" (en rumano, "Îndumnezeire"). San Serafín de Sarov lo llamaba de manera más mística: "la adquisición del Espíritu Santo". Se trata de ese proceso mediante el cual el hombre se va vaciando de sí mismo, de su yo, y va dejando paso a Dios que, mediante sus Energías Increadas (una de las cuales es la Gracia), lo llena todo y se apodera de todo su ser. Si somos capaces de adentrarnos en esta vía de anonadamiento, al final ocurrirá en nosotros lo que decía el Santo Apóstol Pablo: "Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí". Para ser verdaderamente felices, no podemos quedarnos en una mera "imitación de Cristo" al estilo de los occidentales, sino que debemos vivir "la vida en Cristo".


Fuente: Ortodoxia Tinerilor
Traducción del rumano: Ortodoxia Digital