miércoles, 28 de octubre de 2015

28/10 (10/11) - Santo Jerarca Jacinto de Vicina


Vicina ha sido una de las ciudades más importantes del siglo XIII-XIV, ubicada en la región del norte de Dobruja, quizá sobre una isla que había delante del asentamiento actual de Isaccea (que antes era Noviodunum). La sede metropolitana de Vicina fue fundada antes del siglo XIII, bajo la jurisdicción bizantina. El período del ministerio de Jacinto, la primera mitad del siglo XIV, está marcado por la crisis del Imperio Bizantino, que era muy débil debido a las guerras internas; por lo tanto, ya no podía ejercer su protección sobre la fortaleza de Vicina. Entre los años 1337 y 1338, Vicina ya fue conquistada y saqueada por los tártaros, para unos años más tarde, en 1353, caer bajo la ocupación genovesa.

Quizá en este contexto es posible que el metropolitano Jacinto se haya retirado a la Corte Real de Arges, bajo el poder de los gobernantes Basarab I (1310-1352) y Nicolás Alexandru (1352-1364). Echando a los grupos de tártaros, que organizaban expediciones de saqueo dentro del territorio, el gobernante de la Tierra Rumana llegó a dominar algunos territorios del sur de Moldavia hasta la zona de Chilia y del Mar Negro (Dobruja). No hay documentación exacta que indique la fecha del exilio del jerarca Jacinto, que se vio obligado a dejar la sede metropolitana de Vicina. Seguro es que en 1359 estaba en la Tierra Rumana, en la Corte Real de Nicolás Alejandro Basarab, como metropolitano de Húngaro-Valaquia.

Como respuesta a las insistencias del gobernante rumano, tras la correspondencia mantenida por la Cancillería Real con el Patriarcado Ecuménico, en mayo de 1359 un documento patriarcal aprueba el traslado del jerarca Jacinto de Vicina a la Corte de Arges. El Santo Sínodo de Constantinopla, bajo la jurisdicción del patriarca Calixto, en tiempos del emperador Juan V Paleólogo, nombra a Jacinto "pastor legítimo de toda la Húngaro-Valaquia, con el rango de metropolitano honesto para la bendición y para el enderezamiento espiritual del Gobernante, de sus hijos y para todo su Reino". El aporte del jerarca ortodoxo para el reconocimiento de la sede episcopal, que ya existía desde antes en la Corte de Arges, por el Patriarcado Ecuménico, es un hecho muy especial, teniendo en cuenta el contexto político de esa época. El rey húngaro Luis el Grande (1342-1382), conocido por su proselitismo, ejercía presión sobre el voivoda rumano para que aceptase la confesión católica en la Tierra Rumana.

Dicha correspondencia con el Patriarcado Ecuménico demuestra la misión fructífera que tuvo el metropolitano Jacinto al lado del gobernante Nicolás Alejandro, que le pedía con ardor al Patriarca Calixto de Constantinopla que lo mandara "solo a él, a ningún otro que no fuese él", siendo muy agradable para el voivoda. El mismo gobernante recibía consejos del patriarca ecuménico en la carta de mayo de 1359 en el sentido de que se protegiera "de las reuniones heréticas y de los dogmas erróneos y alejados de la verdadera fe ortodoxa". Como jerarca de los rumanos de la zona de alrededor del Danubio y los Cárpatos, el Santo Jacinto organizó la vida espiritual y religiosa de la Tierra Rumana, ordenando sacerdotes y construyendo iglesias para el pueblo.

Como amigo y discípulo de San Gregorio Palamás, no podía descuidar el monaquismo rumano. Desde el Santo Monte Athos trajo a San Nicodemo de Tismana para que organizase los monasterios rumanos según el modelo atonita. El monasterio de Cutlumus del Santo Monte acogió a los monjes de Valaquia, que volvieron al país con experiencia espiritual atónita. Los monasterios de Tismana, el de San Nicolás de la Corte Real de Arges o el de Negro-Voda de Campulung se deben a una buena organización según los principios del Santo Jacinto como pastor. Como exarca de "las tierras", el metropolitano cuidaba a los rumanos de Transilvania, a quienes les ordenaba sacerdotes y les enviaba misioneros para que los ayudaran.

En sus últimos años de vida lo encontramos en la sede metropolitana de la Corte Real de Arges bajo el poder de Vladislav I (1364-1377), el tercer gobernante rumano cuyo mandato conocía. El 1370, Jacinto le enviaba al patriarca ecuménico Filoteo una carta a través de la cual justificaba su ausencia de las reuniones del Sínodo Patriarcal, que no era intencionada sino debida a su edad avanzada. La edad avanzada y la salud precaria del metropolitano Jacinto obligaron al gobernante Vladislav a impedirle un esfuerzo tan grande. En la misma carta, el metropolitano de Húngaro-Valaquia se preocupaba por el futuro de la sede metropolitana de Arges. De esa manera, pidió al Patriarca Ecuménico que Daniel Critopol -el jurista patriarcal enviado a la Tierra Rumana para investigar la actividad eclesial- fuera "santificado, ofrecido y bendecido como jerarca de toda la Húngaro-Valaquia".

En la primera mitad de 1372, el metropolitano Jacinto partió a la morada celestial, siendo enterrado en el complejo metropolitano de la Corte Real de Arges. 

El Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rumana, reunido en sesión del 8 de julio de 2008, tomó la decisión de canonizar al primer metropolitano de la Tierra Rumana, el Santo Jerarca Jacinto de Vicina. El día de 26 de octubre de 2008 tuvo lugar la proclamación solemne de su canonización.


Traducción del rumano: Elena Rățulea
Adaptación: Ortodoxia Digital