martes, 30 de junio de 2020

“Homilías sobre el Éxodo”. Orígenes


Orígenes es una de las figuras más destacadas de la Antigüedad cristiana por fecundidad literaria y por doctrina teológica.

Estas Homilías predicadas en Palestina seducen por su ardor y la exigencia radical de vida cristiana que contienen.

La Palabra guía esta apasionada homilética, en la que maestro y discípulos, sacerdote y fieles se comprometen en la misma medida en la búsqueda incondicional de Cristo: Persona y Verbo, en quien se resumen todos los acontecimientos de la salvación, todos los dones de Dios y todas las expectativas del hombre.

FICHA TÉCNICA
Preparado por: M. I. Daniele y A. Castaño 
Publicado por: Editorial Ciudad Nueva
Primera edición: 01/04/1992
ISBN: 978-84-9715-418-5
Páginas: 256
Formato: 20,5x13,5
Peso: 320 gr.

30/06 - Sinaxis de los Doce Santos Apóstoles


Los nombres de los Doce Santos Apóstoles son estos: Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, el Protóclito; Santiago el hijo de Zebedeo y su hermano Juan, que es también el Evangelista y Teólogo; Felipe y  Bartolomé (ver también el 11 de junio); Tomás y Mateo el publicano, también llamado Leví, el Evangelista; Santiago el hijo de Alfeo, y Judas (llamado Tadeo), el Hermano del Señor; Simón el de Caná (el Zelota), y Matías, que fue elegido para ocupar el lugar de Judas el traidor (ver el 9 de agosto).

lunes, 29 de junio de 2020

29/06 - Santos Apóstoles Pedro y Pablo


Apóstol San Pedro

El Apóstol San Pedro, anteriormente llamado Simón era hijo del pescador Jonás en Betsaida de Galilea y hermano del Apóstol San Andrés, “el primer llamado”, el cual lo condujo a Cristo.

San Pedro era casado y tenía su casa en Capernaúm. Llamado por nuestro Salvador Jesucristo, mientras pescaba en el lago de Genisaret, él siempre demostró una especial devoción y decisión, por lo que se hizo digno de un especial acercamiento al Señor, al igual que los Apóstoles Santiago (Jacobo) y San Juan el Teólogo.

Fuerte y espiritualmente ferviente, en verdad, ocupó un influyente lugar entre los Apóstoles de Cristo. Fue el primero que confesó con decisión al Señor Jesús como a Cristo (Mesías), y por ello fue digno de ser llamado Piedra (Pedro). Sobre esta fe de piedra de Pedro el Señor prometió edificar Su Iglesia, contra la cual no prevalecerán las puertas del infierno. El Apóstol San Pedro, lavó con lágrimas amargas de arrepentimiento su triple negación del Señor en la víspera de Su crucifixión. En consecuencia, luego de su Resurrección, el Señor nuevamente lo rehabilitó en la dignidad de Apóstol, tres veces de acuerdo al número de negaciones, y le encomendó cuidar Su rebaño de corderos y ovejas. De acuerdo a la tradición, el Apóstol Pedro cada mañana comenzaba a llorar amargadamente al escuchar el canto del gallo, pues se acordaba de su cobarde renuncia hacia Cristo.

El apóstol Pedro fue el primero en contribuir a la difusión y al fortalecimiento de la Iglesia de Cristo luego del descenso del Espíritu Santo, el día de Pentecostés, al pronunciar un firme sermón ante la gente convirtió 3000 almas hacia Cristo. Poco tiempo después curó a un tullido de nacimiento; y con un segundo sermón convirtió hacia la Fe a 5000 hebreos más. La fuerza espiritual que procedía del apóstol San Pedro era tan intensa, que hasta su sombra, al caer sobre los enfermos yacentes en las calles, curaba (Hechos 5:15). El libro de los Hechos desde el primer capítulo hasta el duodécimo narra su actividad apostólica.

El nieto de Herodes el Grande, Herodes Agripa I, después del año 42, d. C., restableció las persecuciones contra los cristianos. Él asesinó al Apóstol Santiago (Jacobo), Hijo de Zebedeo, y encerró al apóstol Pedro en una prisión. Los cristianos rezaban fervientemente por el Apóstol Pedro al advertir el castigo. Durante la noche ocurrió un milagro: a la celda de Pedro descendió el Angel del Señor, las esposas de San Pedro cayeron, y él salió de su celda sin ser advertido.

Luego de esta milagrosa liberación, el libro de los Hechos lo recuerda sólo una vez más al narrar el concilio de los Apóstoles. Otros testimonios sobre él fueron conservados por la tradición de la Iglesia. Se sabe que él difundía el Evangelio por las orillas del Mar Mediterráneo, en Antioquía, (donde ordenó al obispo Evodio). El Apóstol Pedro evangelizaba en el Asia Menor a los judíos y prosélitos (paganos convertidos al judaísmo), luego en Egipto, donde ordenó a Marcos en el primer obispo de la Iglesia de Alejandría. De aquí él fue a evangelizar a Grecia, Corinto, luego a Roma, España, Cartagena y Bretaña. De acuerdo a la Tradición, el Apóstol Marcos escribió su Evangelio para los cristianos romanos de las palabras del Apóstol Pedro. Entre los libros del Nuevo Testamento hay dos epístolas católicas (universales) del Apóstol Pedro.

La primer Epístola católica del Apóstol Pedro está dedicada a los advenedizos de la diáspora en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, provincias de Asia Menor. El motivo del escrito de San Pedro fue el deseo de fortalecer a sus hermanos ante la aparición de diferencias en éstas comunidades y persecuciones, por parte de los enemigos de la Cruz de Cristo. Entre los cristianos también surgieron enemigos internos, los falsos maestros. En ausencia del Apóstol Pablo comenzaron a deformar su enseñanza sobre la libertad cristiana y a amparar todo desenfreno moral.

La segunda epístola Católica fue escrita para los cristianos del Asia Menor. En esta segunda carta el Apóstol Pedro puso especial énfasis en advertir a los fieles sobre los falsos maestros libertinos.

Estas falsas enseñanzas coinciden con aquellas que fueron refutadas por el Apóstol Pablo en sus cartas a Timoteo y Tito, y también al Apóstol San Judas en su Epístola Católica. Las falsas enseñanzas de los herejes amenazaban la moral y la fe cristiana. En aquel tiempo se difundió rápidamente la herejía gnóstica que absorbió elementos del judaísmo, del cristianismo y diversas enseñanzas paganas. Esta epístola fue escrita poco tiempo antes de ser martirizado el Apóstol Pedro: “Sé que pronto deberé dejar mi templo (cuerpo), según nuestro Señor Jesucristo me lo ha revelado.”

Hacia el final de sus días el Apóstol Pedro estuvo nuevamente en Roma, donde fue martirizado en el año 67 mediante la crucifixión cabeza abajo.

El Santo Apóstol Pablo

Inicialmente era llamado por su nombre hebreo Saulo, pertenecía a la estirpe de Benjamín y nació en la ciudad de Tarso, Cilicia, (Asia Menor), que era conocida por su academia y por la instrucción de sus habitantes. Pablo tenía los derechos de la ciudadanía romana, pues era nativo de ésta ciudad, descendiente de judíos, liberados de la esclavitud por ciudadanos romanos. Pablo recibió su educación primaria en Tarso, y evidentemente allí conoció la cultura pagana, ya que en su carta y discursos se advierte claramente las huellas del conocimiento de los escritores paganos.

Su educación posterior la recibió en Jerusalén; en la entonces prestigiosa academia rabínica con el conocido maestro Gamaliel, quien era considerado un conocedor de la Ley, y a pesar de pertenecer al partido fariseo, era un libre pensador y amante de la sabiduría griega. Aquí según la costumbre adoptada por los hebreos, el joven Saulo aprendió el arte de construir tiendas, lo que posteriormente le ayudó a ganar el alimento con su propio esfuerzo.

Saulo, por lo visto se preparaba para el deber de rabino (instrucción religiosa), después de completar su educación, él se reveló como un fuerte defensor de la tradición farisea y perseguidor de la fe de Cristo. Puede ser que por la designación del Sanedrín, él fue testigo del martirio de San Esteban, luego recibió el poder de perseguir oficialmente a los cristianos aun fuera de las fronteras de Palestina, en Damasco.

El Señor al ver en Saulo un “instrumento elegido” para Él, camino hacia Damasco milagrosamente lo llamó al servicio apostólico. Saulo yendo por el camino fue iluminado por una luz resplandeciente; a causa de la que cayó sobre la tierra.

De la luz surgió una vos: “Saulo, Saulo porqué me persigues?” A la pregunta de Saulo “¿Quién eres?” — El Señor contestó “ Yo soy Jesús a quien tu persigues.” El Señor encomendó a Saulo ir a Damasco; donde se le indicará qué hacer después. Los acompañantes de Saulo escucharon la voz de Cristo, pero no vieron la luz, conducido de la mano hacia Damasco, Saulo, privado de la vista, fue instruido en la fe, y al tercer día bautizado por Ananias. Cuando fue sumergido en el agua recuperó la vista. Desde este momento se hizo un confesor celoso de la enseñanza, que antes perseguía. Por un tiempo se fue a Arabia, luego retornó a Damasco para enseñar acerca de Cristo. La ferocidad de los judíos, indignados por su conversión a Cristo, lo obligaron a huir a Jerusalén, donde él se unió a la comunidad de los fieles y conoció a los apóstoles. A causa del atentado contra su vida por parte de los judíos helenistas, debió regresar a su Tarso natal. En el año 47 él fue llamado a Antioquía por Bernabé para enseñar, y luego se encaminó junto a él a Jerusalén donde trajo ayuda a los necesitados.

Pronto, al regresar de Jerusalén, por mandato del “Espíritu Santo,” Saulo junto a Bernabé se dirigió en su primer viaje apostólico, que duró entre los años 45 y 51. Los apóstoles atravesaron toda la isla de Chipre. Saulo es llamado Pablo luego que convierte a la Fe al procónsul Sergio Pablo.

Durante el transcurso del viaje misionero de Pablo y Bernabé fueron fundadas las comunidades cristianas del Asia Menor: Antioquía de Psidia, Iconio, Listra y Derbé. En el año 51 el Apóstol San Pablo participó en el Concilio Apostólico en Jerusalén, en el que fervientemente se opuso a que los paganos convertidos al cristianismo observen las costumbres de la Ley de Moisés.

Al volver a Antioquía, al Apóstol Pablo acompañado por Silas inició su segundo viaje apostólico. Primero, él visitó las Iglesias del Asia Menor fundadas anteriormente y luego se trasladó a Macedonia, donde estableció Filipos, Tesalónica, y Berea. En Listra San Pablo sumó a Timoteo, su amado discípulo, entre sus acompañantes, y desde Troade continuó su viaje junto al Evangelista Lucas. Desde Macedonia San Pablo pasó a Atenas y a Corinto, permaneciendo en ésta última ciudad un año y medio. Desde aquí envió dos apóstoles a los Corintios.

El segundo viaje se extendió entre el año 51 y 54. Después San Pablo fue a Jerusalén visitando en el camino a Efeso y Cesarea, y desde Jerusalén llegó a Antioquía. Luego de una corta estadía en Antioquía, el Apóstol Pablo inició su tercer viaje apostólico (56-58), visitando primero como era su costumbre a las Iglesias del Asia Menor establecidos en primer término; luego se detuvo en Efeso, donde en el transcurso de dos años se ocupó diariamente de la enseñanza en la escuela de Tirano. Aquí él escribió su epístola a los gàlatas (debido al recrudecimiento de la doctrina judaica) y la primer epístola a los Corintios (como consecuencia de los desórdenes y respuesta a la carta, que los Corintios le enviaron). El alzamiento popular instigado por el platero Demetrio contra Pablo, obligó al Apóstol a dejar Efeso y dirigirse a Macedonia, y finalmente a Jerusalén.

En Jerusalén a causa del tumulto iniciado contra él, el Apóstol Pablo fue tomado prisionero por las autoridades romanos y fue recluido (preso) primero por el procónsul Felix y luego por su sucesor Festo. Esto ocurrió en el año 59 y dos años después, el Apóstol Pablo, como ciudadano romano, por su propio deseo fue enviado a Roma para ser enjuiciado por el Cesar. Al sufrir un naufragio en la Isla de Malta el Apóstol arribó a Roma recién en el verano 62, allí se benefició de la gran condescendencia de las autoridades romanas y enseñó libremente.

En Roma el Apóstol Pablo escribió sus epístolas a los Filipenses (en agradecimiento por el envío de dinero junto a Epafrodito), a los Colocences, a los Efesios y a Filemón habitante de Colosas (a causa de la huida de su esclavo Onesimo). Estas tres cartas fueron escritas en el año 63 y enviadas con Tiquico. Enseguida desde Roma escribió su carta a los hebreos de Palestina. El siguiente destino del Apóstol Pablo no se conoce con exactitud. Algunos consideran que él se quedó en Roma y por mandato de Nerón fue martirizado en el año 64. Pero existen fundamentos para suponer, que luego de su reclusión de dos años, y la defensa de su obra ante el senado y el emperador, el Apóstol Pablo fue liberado, y que nuevamente viajó al Oriente.

Sobre ello se pueden encontrar señales en sus epístolas Pastorales a Timoteo y Tito. Habiendo pasado mucho tiempo en la isla Creta, él dejó allí a su discípulo Tito para la ordenación de por todas las ciudades como atestigua la ordenación de Tito como obispo de Creta por él realizada. Posteriormente en su carta a Tito el apóstol Pablo lo instruye en como debe cumplir sus obligaciones de obispo. A través de ésta epístola se advierte que él proponía pasar aquel invierno en Nicopolis, cerca su Tarso natal.

En la primavera del año 65 visitó el resto de las Iglesias del Asia Menor y en Mileto dejó al enfermo Trafimov a causa de que ocurrió un tumulto contra el apóstol en Jerusalén, lo que le trajo en consecuencia la reclusión. Se ignora si el Apóstol pasó por Efeso, ya que él decía que los presbíteros de Efeso no verán más su rostro. Pero por lo visto, en aquél tiempo él ordenó a Timoteo como obispo para Efeso. Más adelante el Apóstol pasó por Troada y llegó a Macedonia. Allí él escuchó sobre el recrudecimiento de las falsas doctrinas en Efeso, y escribió su primer carta a Timoteo. Luego de estar un tiempo en Corinto se encontró en el camino con el Apóstol Pedro. Ambos continuaron su viaje a través de Dalmacia e Italia. Llegando a Roma, deja al Apóstol Pedro, y continúa solo en el año 66 hacia el occidente llegando a España.

Después de su regreso a Roma fue nuevamente encarcelado hasta su muerte. Según la tradición, al volver a Roma, él enseñó en la corte del Emperador Nerón y convirtió a su amada concubina a la Fe de Cristo. Por ello él fue enjuiciado, y si bien por la misericordia de Dios fue liberado, como él mismo expresó, de la garra de los leones, (es decir de ser comido por los leones en el circo) fue recluido en la prisión.

Luego de nueve meses de prisión él fue decapitado, como ciudadano romano cerca de Roma en el año 67, después de Cristo, en el doceavo año del reinado de Nerón. Desde una visión general de la vida del Apóstol Pablo se aprecia que ella se divide tajantemente en dos mitades. Hasta su conversión en Cristo, San Pablo, todavía Savlo, fue un severo fariseo, observante de la ley moicea y de las tradiciones patriarcales, que pensaba justificarse por las obras de la Ley y su celo en la Fe de los patriarcas, aproximándose al fanatismo.

Luego de su conversión, él se hizo Apóstol de Cristo, totalmente entregado a la obra del anuncio evangélico, feliz de su llamado, pero consiente de sus debilidades para la realización de este gran servicio, y adjudicando todas las obras y merecimiento a la Gracia de Dios. Toda la vida del Apóstol hasta su conversión, según su profundo convencimiento fue un error, un pecado que lo condujo hacia la condenación.

Sólo la todopoderosa Gracia Divina pudo ponerlo en el camino de la salvación. Desde aquél momento el Apóstol Pablo trata de ser digno del llamado Divino. Él es consiente que no hay y no puede haber discurso u otro merecimiento ante Dios: todo es obra de su misericordia. El Apóstol Pablo escribió catorce epístolas que constituyen la enseñanza sistemática del cristianismo.

Éstas epístolas, gracias a su amplio conocimiento y agudeza, sobresalen por su originalidad. El Apóstol Pablo se esforzó mucho, como el Apóstol Pedro, en difundir la fe de Cristo y con justicia es venerado como “columna” de la Iglesia.¡Que el Señor salve nuestras almas por las oraciones de los Apóstoles San Pedro y San Pablo.


Fuente: Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Buenos Aires y Sudamérica (Patriarcado Ecuménico)

domingo, 28 de junio de 2020

“La Iglesia ortodoxa ayer y hoy”. John Meyendorff


La búsqueda de la unidad constituye uno de los aspectos más característicos y positivos de la historia cristiana contemporánea.

«Como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que también ellos sean una sola cosa en Nosotros para que el mundo crea que Tú me enviaste» (Juan, 17, 21). Esta oración de la Cabeza de la Iglesia establece uva relación de causa a efecto entre los cristianos y su testimonio en el mundo. Para que el mundo crea, es menester que los fieles de Jesucristo den testimonio Imprimatur: de su unidad en Dios e inviten a sus hermanos no cristianos a compartir esta unidad. Pero la realidad histórica podría dar la impresión de que el Padre no ha escuchado la oración de su Hijo, que la obra redentora de Cristo no nos ha traído la paz, sino la discordia, que el Evangelio no es más que una doctrina entre tantas otras, incapaces hasta ahora de conquistar a toda la humanidad.

Ahí radica el escándalo, del que los primeros en darse cuenta han sido los misioneros. Estos han fomentado un modo de pensar llamado «ecuménico», que plantea ante la conciencia cristiana el problema de la unidad. Han comprobado en la práctica que este problema no atañe solamente a algunos especialistas, sino que se trata de la naturaleza misma del Evangelio, de su eficiencia en el mundo de hoy y, en último término, de una respuesta que hay que dar a la voluntad de Dios.

En este libro pretendemos presentar la Iglesia ortodoxa dentro del marco de este movimiento hacia la unidad y dentro del espíritu que anima a sus mismos promotores.

28/06 - Sinaxis del Icono de la Santísima Madre de Dios Triquerusa («de las Tres Manos»)


El gran defensor de la Fe Ortodoxa contra los iconoclastas, nuestro justo Padre Juan de Damasco (ver el 4 de diciembre), fue denunciado ante el Califa de Damasco por el Emperador León el Isáurico (r. 717-741). San Juan fue acusado de sedición y se le cortó la mano derecha.

Habiendo pedido que se le entregara la mano cortada, San Juan pasó la noche en medio de grandes dolores, impetrando la ayuda de la Santísima Madre de Dios. Despertándose, se dio cuenta de que la mano le había sido restituida milagrosamente, quedando solo una cicatriz roja en la muñeca, en la zona donde se había producido el corte, como testimonio de la curación milagrosa. En señal de agradecimiento, hizo que se pegara una mano de plata al icono para conmemorar este gran prodigio.

Al hacerse monje en la laura de San Sabas el Santificado de Tierra Santa, Juan llevó consigo el icono, que permaneció allí hasta el siglo XIII, cuando se le entregó a San Sabas de Serbia (ver el 14 de enero), que lo llevó a su país, y allí estuvo un tiempo. Posteriormente fue transportado milagrosamente por un burro suelto al monasterio serbio de Hilandar, en el Monte Ato, donde se encuentra aún hoy.

28/06 - Justos Padres Sergio y Germán, Fundadores del Monasterio de Valaam


Por su vida y enseñanzas, nuestros justos Padres Sergio y Germán hicieron mucho por extender y confirmar la Ortodoxia entre los finlandeses de Carelia, que habían sufrido mucho a manos de los suecos de credo latino.

Fundaron en el Lago Ládoga el renombrado Monasterio de Valaán, que se convirtió luego en uno de los principales centros de la vida monástica.

Ambos Santos reposaron hacia el año 1353.

28/06 - Invención de las Reliquias de Ciro y Juan los Anárgiros


Estos Santos vivieron durante la época de Diocleciano.

San Ciro era de Alejandría, y San Juan de Edesa de Mesopotamia. Debido a la persecución existente, Ciro huyó al Golfo de Arabia, donde había una pequeña comunidad de monjes. Juan, que era soldado, oyó hablar de la fama de Ciro y se le unió, a partir de lo cual pasaron su vida trabajando toda virtud y curando toda enfermedad gratuitamente por la gracia de Cristo; de ahí el nombre de «anárgiros».

Una vez supieron que cierta mujer, llamada Anastasia, había sido aprehendida junto a sus tres hijas Teodora, Teoctista y Eudoxia y conducida al tribunal por su confesión de la Fe. Temiendo que las jóvenes se sintieran aterrorizadas por los tormentos y renunciaran a Cristo, fueron a fortalecerlas en su lucha en el martirio, por lo que también ellos fueron apresados.

Después de que Ciro y Juan y las santas mujeres hubieran sido grandemente torturados, todos fueron decapitados en el año 292. Su tumba se convirtió en un renombrado santuario en Egipto y lugar de universal peregrinación; se encontraba en la zona del actual suburbio cercano a Alejandría llamado Abu Qir.

sábado, 27 de junio de 2020

III Domingo de Mateo. Lecturas de la Divina Liturgia


Rm 5,1-10: Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido también, mediante la fe, el acceso a esta gracia en la cual nos hallamos, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Más aún; nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza, y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado. En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; - en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir -; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos de la cólera! Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida!

Mt 6,22-33: La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá! Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.

“Homilías a los Hechos de los Apóstoles/1”. San Juan Crisóstomo


Primera edición en castellano del único comentario completo al libro de los Hechos. 

Las cincuenta y cinco Homilías a los Hechos de los Apóstoles predicadas por san Juan Crisóstomo (345-407) en su sede de Constantinopla constituyen el único comentario completo a los Hechos que se ha salvado de los diez primeros siglos de predicación cristiana. 

San Juan Crisóstomo pronunció dos series de homilías sobre los Hechos de los Apóstoles. Una primera, compuesta de cuatro homilías, sobre el comienzo de los Hechos, y otra segunda, integrada por cincuenta y cinco homilías, sobre la totalidad de las páginas de los Hechos.

La primera serie fue predicada durante su estancia en Antioquía, mientras que la segunda lo fue en Constantinopla. 
Esta última serie es la que ocupa las presentes páginas. 

El lector habituado a leer los comentarios bíblicos del Crisóstomo observará en estas homilías las mismas excelentes cualidades que distinguen sus otras obras exegéticas, en particular la exposición clara del sentido histórico. También se encontrará con desarrollos temáticos sobre la oración, la importancia de leer las Escrituras y otros aspectos muy cercanos a las inquietudes morales de quien entonces ocupaba la sede episcopal de Constantinopla, como son sus observaciones sobre la castidad, la justicia, la pobreza, la condena del juramento, etc. 
Pero no es menos cierto que el lector se sentirá un tanto extraño al leer estas homilías, ya que su estructura interna difiere notablemente de lo que nos tiene acostumbrados el Crisóstomo. 

La presente traducción es la primera edición íntegra en lengua castellana, y se publica en dos volúmenes debido a su extensión. En éste aparecen las primeras 30 Homilías, y en el segundo las 25 restantes. Los índices –bíblico y de nombres y materias– se encuentran en el segundo volumen y hacen referencia a la obra completa.

FICHA TÉCNICA
Preparado por: Marcelo Merino Rodríguez 
Publicado por: Editorial Ciudad Nueva
Primera edición: 23/04/2010
ISBN: 978-84-9715-195-5
Páginas: 544
Formato: 13.5x20.5
Peso: 620 gr.

27/06 - San Zoilo, Mártir


San Zoilo de Córdoba fue el primero de una veintena de mártires cordobeses que perecieron en los albores del siglo IV bajo la persecución de Diocleciano.

Historia

Constituido el Imperio romano como una tetrarquía, Hispania quedó dentro de la región gobernada por el césar Constancio I, quien atenuó en las zonas de su mando las persecuciones a los cristianos, que tuvieron como instigador en el resto del Imperio al césar Galerio. Dada esta circunstancia, es de suponer que el martirio colectivo de Zoilo y sus compañeros no sucediese antes del año 303, en el que aparecieron los tres primeros edictos, y que tuviera lugar en el 304, en el que un nuevo edicto imperial condenaba a los cristianos indiscriminadamente.

La noticia más antigua que tenemos de Zoilo es de la segunda mitad del siglo IV y nos la da el español Prudencio en el Himno IV del Peristephanon, en el que hace una relación de cerca de 30 mártires poco anteriores a él y en su mayor parte españoles; aparte de los nombres, poca materia histórica podemos extraer de este elenco (casi una letanía), en el que se dice «Corduba Acisclum dabit, et Zoellum», pues es indistinta la nomenclatura Zoelo, Zoilo o Zoyl. En el Martyrologio jeronimiano se incluye a Zoilo y compañeros mártires en el 27 de junio, lo que coincide con la mayoría de los martirologios históricos, excepto algunos de los más antiguos que citan a Crescente en primer lugar, pero ello se debe, según cree Hensquenio, a que fue anterior la invención del cuerpo de éste. Wadelberto usó la voz antistes para significar que Zoilo fue el primero entre sus compañeros (no para conferirle la dignidad de obispo, de la que no hay vestigio alguno), lo que, unido a la cita exclusiva de Prudencio, a que sólo existe acta martirial de Zoilo y a la ratificación operada por el culto en España, autoriza a considerar a Zoilo como el principal de los martirizados con él.

Encuentro de sus restos

En el año 613, reinando Sisebuto, el obispo de Córdoba Agapito II tuvo la revelación del nombre del mártir y del sitio donde yacía su cuerpo. Acompañado de clérigos y fieles descubre los restos que hace trasladar a la iglesia de San Justo, la cual, para dignificar la memoria del mártir, es ampliada, conmutando desde entonces su título por el de San Zoilo. De esta iglesia de San Zoilo fue clérigo, ya en el siglo IX, San Eulogio, quien sitúa el templo en el centro de la ciudad.

Acta del martirio

El monje Usuardo, que estuvo en Córdoba el año 858, incluye a Zoilo en su Martirologio haciendo expresa memoria de la aparición a Agapito II, y de este dato Hensquenio deduce que el Acta del martirio fue también revelada al obispo Agapito o Agapio. Posteriormente el Cerratense recoge este relato en el siglo XIII y el P. Flórez lo incluye en España Sagrada, pero impugna la teoría de que el acta de Zoilo sea tardía.

De la mencionada Acta, al menos literariamente posterior, resulta la legendaria caracterización de Zoilo y su martirio siguiente: Zoilo era un joven de familia ilustre que manifestaba públicamente su celo cristiano. Denunciado ante el juez, éste le consideró como el más cualificado entre otros detenidos, por lo que trató de hacerle apostatar para que su ejemplo arrastrase a los demás. Entre juez y juzgado se establece un diálogo (que a nuestros días llega plagado de piadosas ingenuidades) en el que Zoilo rehúsa sobornos, afirma su fe y pretende evangelizar a su juzgador. El juez le manda azotar sin que la tortura surta efectos y entonces a un verdugo se le ocurre sacarle a Zoilo los riñones por la espalda, sin que tampoco éste muera por el nuevo suplicio. Desesperado el juez, desenvaina su propia espada y le corta la cabeza. Seguidamente manda degollar a los restantes arrestados y ordena que todos sean sepultados entre los paganos para que los demás cristianos no encontrasen sus cuerpos. Sobre el número y la identidad de estos otros mártires se han suscitado dudas, pues compulsados los martirologios históricos resultan ser 20 ó 21, y entre los nombres citados existen coincidencias con los atribuidos a los hijos de Santa Sinforosa. El P. Flórez recoge 20 nombres, que son: Crescente, Julián, Nemesio, Fratria, Primitivo, Justino, Statheo, Novaciano, Clemente, Marcelino, Zedino, Félix, Venusto, Marcelo, Itálica, Lello, Capitón, Tinno, Timarco o Tusco y Silvano.

Traslado de sus restos

En el siglo XI, el conde de Carrión, Gómez Díaz, trasladó los restos del mártir desde Córdoba hasta el monasterio benedictino de San Juan Bautista en Carrión de los Condes, que ya se llamó de San Zoilo. El Cerratense enumera los prodigios de la traslación y los milagros conocidos de Zoilo, lo que ha sido transcrito por Flórez. El Breviario Mozárabe conserva un himno gótico que, glorificando a Zoilo, dice:

«Martyrum nulli remanente vita,
Contigit terris habitare nostris;
Solus tu morti propriae superstes
Vivis in Orbe».


Fuente: Wikipedia

27/06 - Sansón el Hospitalario


San Sansón era de Roma y floreció durante el reinado de San Justiniano el Grande.

Siendo médico, viajó a Constantinopla, donde se distinguió tanto por su virtud y su amor por los enfermos y pobres que el Patriarca Menas lo ordenó sacerdote.

El Emperador Justiniano fue curado por él y, en señal de gratitud, le construyó un gran hospital conocido después como «El Hospicio de Sansón».

San Sansón es uno de los Santos Anárgiros.

viernes, 26 de junio de 2020

26/06 - San Pelagio (Pelayo), Mártir



Pelayo, Pelagio o Paio (Albeos, Creciente, Galicia, 911 – Córdoba, 26 de junio de 925) fue un cristiano martirizado durante el califato de Abderramán III y canonizado posteriormente por la Iglesia como ejemplo de la virtud de la castidad juvenil. Su día en el santoral es el 26 de junio.

Martirio y muerte

Fue educado en Tuy por su tío Hermoigio, obispo de Tuy. En 920 acompañaba al obispo y la corte del rey de León en apoyo del reino de Pamplona, que estaba siendo atacado por el califa Abd al-Rahmán III. Tras la derrota en la batalla de Valdejunquera, tío y sobrino fueron apresados. Después de tres años de cautiverio el obispo fue liberado, pero Pelayo quedó como rehén.

Se dice que Abd al-Rahmán III le requirió contactos sexuales (le prometía riquezas y honores si renunciaba a la fe cristiana y accedía a las proposiciones del califa), a los que se negó, lo que provocó su tortura y muerte.

Por sus reiteradas negativas sufrió martirio, descrito lúgubremente en el santoral fue por desmembramiento mediante tenazas de hierro. Después fue despedazado y sus restos echados al Guadalquivir el 26 de junio del año 925.

Sus restos fueron recogidos piadosamente por los cristianos de Córdoba y enterrados en el cementerio de San Ginés, y su cabeza en el de San Cipriano, siendo considerado mártir por la fe y la pureza. En el año 967, bajo el reinado de Ramiro III, los restos mortales de San Pelayo fueron depositados en el monasterio dedicado al santo en León, fundado por su antecesor el rey Sancho I. Entre 984 y 999 su cuerpo se trasladó a Oviedo, siendo finalmente depositado en el monasterio de las monjas benedictinas de San Pelayo de aquella ciudad. Un hueso de uno de sus brazos se venera desde antiguo en el monasterio de monjas benedictinas de San Pelayo de Antealtares de Santiago de Compostela.

Su hagiografía refleja que durante los cuatro años que pasó en Córdoba en calidad de rehén, sin que el rescate fuera pagado por su tío, el obispo, el muchacho destacó por su inteligencia y su fe, haciendo proselitismo de Cristo e insistiendo en que esta actividad fue la que provocó que fuera tentado por Abderramán III para convertirse al islamismo, lo que él rechazó con vehemencia: "Si, oh rey, soy cristiano. Lo he sido y lo seré por la gracia de Dios. Todas tus riquezas no valen nada. No pienses que por cosas tan pasajeras voy a renegar de Cristo, que es mi Señor y tuyo aunque no lo quieras".

Veneración

El martirio en defensa de su fe justificó su canonización. En seguida pasó a recibir culto. A partir del siglo XI, en que los reinos cristianos intervenían en la política interior de los reinos de taifas, muchos restos de santos cristianos fueron trasladados al norte en su condición de apreciadas reliquias, y esto fue lo que ocurrió con los de San Pelayo: primero a León y luego al monasterio benedictino de Oviedo que lleva su nombre.


Fuente: Wikipedia

26/06 - Aparición del Icono de la Santísima Madre de Dios de Tijvin


Según una tradición, este icono fue pintado por San Lucas el Evangelista.

Inicialmente se custodiaba en la famosa Iglesia de las Blanquernas en Constantinopla. En 1383 apareció sobre las aguas del Lago Ládoga, desde donde viajó milagrosamente por aire a la ciudad de Tijvin; allí permaneció cabe el río Tíjvinka, y se construyó un monasterio para custodiarlo. En 1613-14 este monasterio soportó milagrosamente los muchos ataques de los invasores suecos. A principios del siglo XX el icono fue llevado a América, y devuelto a Rusia en 2004.

Es conocido por los muchos milagros obrados a través de él por la Santa Madre de Dios, especialmente la curación de niños.

26/06 - David el Justo de Tesalónica


San David, que era de Tesalónica, vivió una vida santísima y ascética.

Durante unos años vivió en las ramas de un almendro, expuesto a todos los elementos e inclemencias del tiempo.

Reposó en paz durante el reinado de San Justiniano el Grande, en el siglo VI.

jueves, 25 de junio de 2020

“Homilías sobre el Evangelio de San Mateo”. San Juan Crisóstomo


Como obra de elocuencia cristiana, las “Homilías sobre el Evangelio de San Mateo” son un monumento único y ejemplar en el que la voz de San Juan Crisóstomo tiene la resonancia eterna del evangelio que comenta. De ellas, cualquier alabanza resulta corta. Santo Tomás de Aquino las estimaba más que ser dueño de la ciudad de París; el célebre maurino Bernardo de Monfauçon se refería a ellas como la obra de más rico contenido moral de todo el orbe cristiano, y un patrólogo tan eminente como Altaner rinde homenaje a la exactitud exegética que en ellas campea, superior a la del mismo San Agustín.

25/06 - La Justa Mártir Febronia


Esta Mártir practicó la disciplina ascética en Nísibis de Mesopotamia.

Tenía tan gran belleza que llegó a oídos del perseguidor Seleno, que hizo innumerables intentos para que renunciara a Cristo.

Tras muchos y horribles tormentos, fue cruelmente desmembrada por sus verdugos y posteriormente decapitada en el año 310 (según otros, en 302, durante el reinado de Diocleciano).

miércoles, 24 de junio de 2020

24/06 - Natividad del Santo Profeta y Precursor Juan el Bautista


El Profeta San Juan el Bautista es considerado después de la Virgen María el santo más honrado. El Profeta San Juan el Bautista era hijo del sacerdote Zacarías, casado con Santa Isabel (descendiente de Aarón). Sus padres vivían cerca de Hebrón (en una región montañosa) al sur de Jerusalén. Por parte de su madre él era pariente de Nuestro Señor Jesucristo y nació seis meses antes que el Señor. 

Como lo narra el Evangelista San Lucas, el Arcángel Gabriel, se apareció a su padre Zacarías en el Templo y le anunció el nacimiento de su hijo. Y así estos devotos esposos, de edad avanzada, privados del consuelo de tener descendencia, tuvieron por fin un hijo, el cual ellos pidieron en sus oraciones. 

Por misericordia de Dios él se liberó de la muerte entre miles de niños que fueron matados en Belén y sus alrededores. San Juan creció en un desierto salvaje, y se preparaba para la gran labor, llevando una forma de vida severa —ayunando, rezando y meditando en su destino preparado por Dios. Llevaba una vestimenta tosca, sujeta con un cinto de cuero, se alimentaba con miel silvestre y langostas. Él siguió una vida de ermitaño hasta el momento en el que el Señor lo llamó a los 30 años de edad para profetizar al pueblo hebreo. 

Obedeciendo a este llamado, el Profeta san Juan, llegó a las orillas del río Jordán para preparar a la gente a recibir al esperado Mesías (Cristo). Ante la festividad de la Purificación mucha gente concurría al río para el lavado religioso. Aquí San Juan se dirigía a ellos, proclamando que se confiesen y se bauticen para el perdón de los pecados. La esencia, de su prédica se refería a que, antes de recibir la purificación externa, la gente debía purificarse moralmente, y de esta manera prepararse para la recepción del Evangelio. Claro es, que el bautismo de Juan no era todavía un sacramento bendito, como el bautismo cristiano. Su sentido era el de preparar (convertir) espiritualmente hacia el próximo bautismo con agua y Espíritu Santo. Según la expresión de una oración de la Iglesia, el Profeta San Juan, era la luminosa estrella matutina, la cual desprendía un brillo que era superior a la luminosidad de todas las estrellas y anunciaba la mañana del bendito día, iluminado por Cristo el Sol espiritual (Malaquias 4:2) Cuando la espera del Mesías llegó a su culminación, el Mismo Salvador del mundo, Nuestro Señor Jesucristo llegó al Jordán a bautizarse con San Juan. El bautismo de Cristo fue acompañado de anuncios milagrosos — el descenso del Espíritu Santo que bajó en forma de paloma sobre Él y la voz de Dios Padre que provenía de los cielos, diciendo: “Este es Mi Hijo amado...” Al recibir esta revelación, el Profeta San Juan le decía a la gente sobre El “Aquí esta el Cordero de Dios, que toma sobre Sí los pecados del mundo.” Al escuchar esto, dos de los discípulos de Juan siguieron a Jesús. Ellos eran los Apóstoles Juan el Teólogo y Andrés, hermano de Simón, llamado Pedro. Con el bautismo del Salvador el Profeta San Juan concluyó como rubricando su servicio de profeta. Con severidad y sin temor acusaba los vicios tanto de las personas comunes, como la de los poderosos de este mundo. Por ello pronto él padeció. 

El rey Herodes Antipas (hijo del rey Herodes el Grande) ordenó encarcelar al Profeta San Juan por acusarlo del abandono de su legítima esposa (hija del rey Aretas de Arabia), y por su unión ilegitima con Herodia, la mujer de su hermano Felipe. 

El día de su cumpleaños Herodes hizo un banquete, al cual fueron invitadas personas muy conocidas. Salomé, hija de la pecadora Herodia, con su baile impúdico complació de tal manera al rey Herodes y sus invitados en el banquete, que el rey le prometió bajo juramento darle todo lo que ella le pidiese, aun hasta la mitad de su reino. La bailarina por instigación de su madre, pidió que se le entregue la cabeza de San Juan el Bautista sobre una bandeja. Herodes respetaba a Juan como profeta, por ello, él se disgustó ante ese pedido. Pero le dio vergüenza quebrantar la promesa por el dada, envió entonces al guardia a la prisión, el cual decapitó a san Juan el Bautista y entregó su cabeza a Salomé, quien se la llevó a su madre. Después de insultar Herodia sobre la santa cabeza del profeta, la tiró en un sucio lugar. Los discípulos de San Juan el Bautista le dieron santa sepultura a su cuerpo en Sebastia, una ciudad de Samaria. 

Por su crueldad Herodes recibió su castigo en el año 38 después de Cristo. Sus tropas fueron derrotadas por Aretas, que fue contra él, por el deshonor causado a su hija, a la cual él abandonó para convivir con Herodia, y al año siguiente el emperador Calígula lo envió al exilio. 

Según las narraciones de la tradición, el Evangelista San Lucas, al visitar distintas ciudades y pueblos con las prédicas de Jesús, desde Sebastia llevó a Antioquía una parte de los santos restos del gran Profeta — la mano derecha. En el año 959, cuando los musulmanes se apoderaron de Antioquía (durante el imperio de Constantino Porfirocente), el diácono Job, de Antioquía se llevó la mano del profeta a Calcedonia, desde allí fue trasladada a Constantinopla, donde se conservó hasta que los turcos tomaron la ciudad. Después la mano derecha del Profeta se encontraba en la Iglesia “De La Imagen Del Salvador” en el Palacio de Invierno de San Petersburgo. 

La santa cabeza de San Juan el Bautista fue hallada por la piadosa Juana y sepultada adentro de una vasija en el monte de Olivos. Un asceta devoto, al realizar una zanja para hacer el fundamento de un templo, encontró este tesoro y lo guardó consigo, pero ante su muerte, temiendo que la reliquia fuese profanada por los no creyentes, la escondió en la tierra en el mismo lugar que la encontró. Durante el reinado de Constantino el Grande, dos monjes fueron a Jerusalén para venerar el Santo Sepulcro, y a uno de ellos se le presentó el Profeta San Juan el Bautista y le indicó, en donde estaba enterrada su cabeza. Desde ese momento los cristianos comenzaron a celebrar el Primer hallazgo de la santa cabeza de San Juan el Bautista. 

El Señor Jesucristo dijo sobre el Profeta San Juan el Bautista “De todos los nacidos de mujer ninguno (profeta) superó a Juan el Bautista.” 

San Juan el Bautista es glorificado por la Iglesia como un “Angel, Apóstol, Mártir, Profeta, Intercesor de la gracia antigua y nueva, de los nacidos honorabilísimo y ojo luminoso de la Palabra”.


Fuente: Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Buenos Aires y Sudamérica (Patriarcado Ecuménico)

martes, 23 de junio de 2020

“La Iglesia Ortodoxa”. Kallistos Ware


Desde su primera publicación hace cuarenta años, el libro del Obispo Kallistos Ware se ha establecido en el mundo angloparlante como referente básico de introducción a la Iglesia Ortodoxa.

La Ortodoxia sigue siendo un tema de enorme interés entre los cristianos de Occidente, y el autor cree que es necesaria una comprensión desde su punto de vista antes de que las Iglesias Católica Romana y Protestantes puedan reunificarse.

En esta nueva edición revisada y actualizada, el autor explica el enfoque ortodoxo sobre un amplio rango de temas, abarcando los Concilios Ecuménicos, los Sacramentos, el Libre Albedrío, el Purgatorio, el Papado y la relación de las diferentes Iglesias Ortodoxas entre sí.

En la primera parte, el autor describe la historia de la iglesia Ortodoxa durante los últimos dos mil años, haciendo referencia en particular a sus problemas en la Rusia del siglo XX.

En la segunda parte, explica las creencias y el culto de la Iglesia Ortodoxa en la actualidad. 

Finalmente, considera las posibilidades de reunificación entre Oriente y Occidente.

En esta última edición, el autor toma plena conciencia de la situación totalmente nueva a la que se enfrentan los cristianos ortodoxos desde el colapso del comunismo.

Editorial Angela
ISBN 987-22704-0-6
Páginas: 310
Dimensiones: 20x13 cm.

23/06 - Agripina la Mártir de Roma


Esta Mártir era de Roma y vivió en virginidad, teniendo a Cristo como único Esposo.

Por voluntad propia se presentó a los paganos como cristiana y fue torturada hasta la muerte, según algunos, en el reinado de Valeriano (253-260).

Sus santas reliquias fueron llevadas a Sicilia, donde inmediatamente se convirtieron en una fuente de grandes milagros.

lunes, 22 de junio de 2020

22/06 - Eusebio, Obispo de Samosata


Tras la expulsión de Eudoxio de la sede de Antioquía, los arrianos de esa ciudad, creyendo que Melecio de Armenia apoyaría sus doctrinas, le pidieron al Emperador Constancio que lo nombraran Obispo de Antioquía mientras firmaban un documento conjunto con los ortodoxos de la ciudad acordando unánimemente dicho nombramiento; este documento fue confiado a Eusebio, Obispo de Samosata. Sin embargo, cuando se hizo evidente la Ortodoxia de Melecio, este fue proscrito, y los arrianos persuadieron a Constancio para que le reclamara el documento a Eusebio, pues ponía de manifiesto su perfidia.

Fueron enviados oficiales imperiales, pero Eusebio se negó a entregarles el documento sin el consentimiento de todos los que lo habían firmado, por lo que regresaron donde el Emperador, que volvió a enviarlos a Eusebio con amenazas. Pero Eusebio era un hombre tan celoso de la verdadera Fe, tan acérrimo enemigo de los arrianos y tan valiente que, cuando llegaron los oficiales de Constancio amenazándolo con cortarle la mano derecha si no les entregaba el documento, les tendió ambas manos. Cuando Constancio supo de esto, se llenó de sorpresa y admiración.

Esto ocurrió en 361, el último año del reinado de Constancio, a quien le sucedió Julián el Apóstata, asesinado en Persia en 363. Joviano sucedió a Julián, y a él le sucedió en 364 Valentiniano, que nombró a su hermano Valente Emperador del Oriente. Valente, que apoyaba a los arrianos, exilió a Eusebio a la Tracia en 374. La persona que llevaba el edicto de proscripción de Eusebio llegó por la noche; Eusebio le pidió que guardara silencio pues, por el contrario, la gente, sabedora de su misión, lo ahogaría. Y Eusebio, aunque era ya anciano, se fue de su casa solo y a pie en medio de la noche.

Tras el asesinato de Valente en Adrianópolis en 378 (ver San Isacio, 3 de agosto), San Eusebio regresó del exilio bajo el Emperador Graciano, y ordenó para las iglesias de Siria a varones conocidos por su virtud y su Ortodoxia. Hacia el 380, cuando entraba a un pueblo para entronizar a su obispo, a quien había consagrado, una mujer arriana lanzó una teja de barro desde un tejado y le aplastó la cabeza; mientras se encontraba moribundo, hizo jurar a los que le rodeaban que no se vengarían en absoluto.

San Gregorio el Teólogo le dirigió varias cartas (PT 37:87, 91, 126-130); sentía tanta reverencia por él que en una de dichas cartas, encomendándose a las oraciones de San Eusebio, dijo: «El hecho de que un varón tal se digne ser mi patrono también en sus oraciones  me obtendrá -estoy convencido de ello- la misma fuerza que si la hubiera obtenido de uno de los santos mártires.