jueves, 30 de abril de 2020

30/04 - Santiago Apóstol (el Mayor), hijo de Zebedeo, Patrón de España


El apóstol Santiago, primer apóstol martir, viajó desde Jerusalén hasta Cádiz (España). Sus predicaciones no fueron bien recibidas, por lo que se trasladó posteriormente a Zaragoza. Aquí se convirtieron muchos habitantes de la zona. Estuvo predicando también en Granada, ciudad en la que fue hecho prisionero junto con todos sus discípulos y convertidos. Santiago llamó en su ayuda a la Virgen María, que entonces vivía aún en Jerusalén, rogándole lo ayudase. La Virgen le concedió el favor de liberarlo y le pidió que se trasladara a Galicia a predicar la fe, y que luego volviese a Zaragoza.



Santiago cumplió su misión en Galicia y regresó a Zaragoza, donde corrió muchos peligros. Una noche, el apóstol estuvo rezando intensamente con algunos discípulos junto al río Ebro, cerca de los muros de la ciudad, pidiendo luz para saber si debía quedarse o huir. Él pensaba en María Santísima y le pedía que rogara con él para pedir consejo y ayuda a su divino Hijo Jesús, que nada podía entonces negarle. De pronto, se vio venir un resplandor del cielo sobre el apóstol y aparecieron sobre él los ángeles que entonaban un canto muy armonioso mientras traían una columna de luz, cuyo pie, en medio de un rayo luminoso, señalaba un lugar, a pocos pasos del apóstol, como indicando un sitio determinado.



Sobre la columna, se le apareció la Virgen María. Santiago se levantó del lugar donde estaba rezando de rodillas, y recibió internamente el aviso de María de que debía erigir de inmediato una iglesia allí; que la intercesión de María debía crecer como una raíz y expandirse. María le indicó que, una vez terminada la iglesia, debía volver a Jerusalén. Santiago se levantó, llamó a los discípulos que lo acompañaban, que habían oído la música y visto el resplandor; les narró lo demás, y presenciaron luego todos cómo se iba desvaneciendo el resplandor de la aparición. En el lugar de la aparición, se levantó lo que hoy es la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, un lugar de peregrinación famoso en el mundo entero que no fue destruido en la guerra civil española (1936-1939), puesto que las bombas que se lanzaron no explotaron, pudiéndose hoy en día verse expuestas en el interior de la Basílica.



Santiago partió de España, para trasladarse a Jerusalén, como María le había ordenado. María le predijo la proximidad de su muerte en Jerusalén, y lo consoló y lo confortó en gran manera. Santiago se despidió de María y de su hermano Juan, y se dirigió a Jerusalén, donde al poco tiempo fue hecho prisionero.



Fue llevado al monte Calvario, fuera de la ciudad. Durante el recorrido, estuvo predicando y aún fue capaz de convertir a algunas personas. Cuando le ataron las manos, dijo: "Vosotros podéis atar mis manos, pero no mi bendición y mi lengua". Un tullido que se encontraba a la vera del camino, clamó al apóstol que le diera la mano y lo sanase. El apóstol le contestó: "Ven tú hacia mí y dame tu mano". El tullido fue hacia Santiago, tocó las manos atadas del apóstol e inmediatamente sanó.



Josías, la persona que había entregado a Santiago, fue corriendo hacia él para implorar su perdón. Este hombre se convirtió a Cristo. Santiago le preguntó si deseaba ser bautizado. Él dijo que sí, por lo que el apóstol lo abrazó y le dijo: "Tú serás bautizado en tu propia sangre". Y así se cumplió más adelante, siendo Josías asesinado posteriormente por su fe.

En otro tramo del recorrido, una mujer se acercó a Santiago con su hijo ciego para alcanzar de él la curación para su hijo, obteniéndola de inmediato.


Una vez llegado al Monte Calvario, el mismo lugar donde años antes fue crucificado nuestro Señor, Santiago fue atado a unas piedras. Le vendaron los ojos y le decapitaron.

El cuerpo de Santiago estuvo un tiempo en las cercanías de Jerusalén. Cuando se desencadenó una nueva persecución, lo llevaron a Galicia (España) algunos discípulos.

En siglos posteriores y hasta el momento actual, numerosos fieles, principalmente de Europa, recorren parcialmente el "Camino de Santiago" que les conduce a la tumba del Santo, con el fin de pedir perdón por sus pecados.

30/04 - Santos Amador, presbítero, Pedro, monje y Luis, laico, mártires de Córdoba


Según recoge Manuel Nieto Cumplido en su obra “Córdoba: patrimonio de santidad”, Amador había llegado a Córdoba desde su Martos (Jaén) natal con su padre y hermanos para estudiar, y aquí se hizo sacerdote. Junto con el monje Pedro y el diácono Luis acordaron no renunciar a su fe católica y condenaron el Islam.

Debido a su testimonio ante las autoridades del Emirato de Córdoba, los degollaron a las puertas del palacio el 30 de abril del 855, siendo Emir Mohamed I (852-886). “Sus cuerpos fueron arrojados al Guadalquivir, pero aparecieron algunos días después a orillas del río”.

No se conoce el lugar de sepultura de San Amador, pero Pedro fue sepultado en el monasterio de San Salvador de Peñamelaria y Luis en Palma del Río.


Fuente: Diócesis de Córdoba

miércoles, 29 de abril de 2020

29/04 - Jasón y Sosípatro los Apóstoles de los 70 y sus Compañeros


Estos dos Santos eran discípulos del Apóstol Pablo, que los menciona en su Epístola a los Romanos cuando dice: «Jasón y Sosípatro, mis parientes» (16,21).

Jasón era de Tarso de Cilicia, y se convirtió en obispo de esa ciudad. Sosípatro era de Patras de Acaya, y se convirtió en obispo de Iconio. 

Cuando ambos llevaban mucho tiempo pastoreando sus respectivas iglesias, se marcharon al Occidente para hacer el bien también a otros, y recalaron en la isla de Corfú, donde fueron los primeros en predicar el Evangelio al pueblo. Sufrieron mucho por el Nombre de Cristo, atrajeron a muchas almas a la salvación y acabaron su vida allí.

En la antigua ciudad de Corfú, una iglesia de los primeros siglos, construida en su honor y con inscripciones que mencionan a estos santos por su nombre, da cuenta de la veracidad histórica del relato.

martes, 28 de abril de 2020

28/04 - Los Santos Nueve Mártires de Cízico


Estos Santos Mártires, que procedían de diversas regiones, sufrieron el martirio juntos cuando fueron decapitados en Cízico, ciudad de Asia Menor en la costa del Mar de Mármara.

28/04 - San Prudencio, Patrón de Álava (País Vasco)


Nació y vivió en Armentia, aldea alavesa hoy absorbida por el municipio de Vitoria, hasta que a sus 15 años se retiró como anacoreta en las cercanías de la actual ciudad de Soria, en la margen derecha del río Duero, teniendo como maestro a Saturio (actual patrón de dicha ciudad). Allí permaneció durante siete años, tras los cuales se dirigió a Calahorra, sede de una gran diócesis y donde se dice que había muchos idólatras. Allí estuvo durante un tiempo. Se afirma que evangelizó a muchas personas y realizó varias curaciones milagrosas, por lo que viendo el número de enfermos que a él acudían, huyó a Tarazona para alejarse de la fama. Se cree que las conversiones y evangelizaciones podrían haberse realizado en la zona del los Cameros, dado que los idólatras eran expulsados de las ciudades, refugiándose en las aldeas.

Tras un tiempo fue admitido como clérigo de la catedral de Tarazona, encargándose inicialmente del mantenimiento del templo, llegando a ser nombrado arcediano. Tras el fallecimiento del obispo de la diócesis de Tarazona, Prudencio fue propuesto para sustituirle, consiguiendo el cargo.

Al existir desavenencias entre el Obispado y el clero de Burgo de Osma, fue elegido como intermediario para dirimir la cuestión. Tras llevarles a un entendimiento, le sobrevino una enfermedad mortal.

Al haber fallecido en Burgo de Osma, fuera de su diócesis, y siendo ilustre por sus milagros, se originaron disputas entre el clero sobre el lugar donde debería ser enterrado. La tradición dice que la cuestión se resolvió poniendo el cadáver sobre la cabalgadura que usaba en vida, dejándola marchar libremente. Esta se detuvo a seis leguas de Logroño y allí se le dio sepultura. Este lugar sería una cueva en las faldas de monte Laturce, en el actual municipio de Clavijo (La Rioja).

En ese lugar se edificó una iglesia dedicada a San Vicente Mártir. Según fray Gaspar Coronel, pasó a denominarse monasterio de San Prudencio de Monte Laturce a partir de 1025, como se desprende de un privilegio de Sancho III el Mayor. Aunque Francisco Javier García Turza localiza la primera mención al monasterio entre 1011-1021, en una interpolación de un documento del año 880.

Desde el siglo XII surgieron disputas entre los monjes de Monte Laturce y Nájera por la ubicación de las reliquias del Santo. Aunque existe confusión debido a la existencia de muchos documentos falsos, lo más probable es que García Sánchez III, al crear el monasterio de Santa María la Real de Nájera, decidiese trasladar hacia 1040 las reliquias de San Prudencio desde Monte Laturce al nuevo monasterio, para honrar su fundación, dejando en Monte Laturce la cabeza y algún hueso menor.

También se baraja que pudiera trasladarlas García Sánchez I en el año 954. Aunque algunos han insistido en demostrar que las reliquias no salieron de Monte Laturce, parece que el monasterio a finales del siglo X quedaba en situación de cierto abandono, ya que según cuenta Yepes, en el año 950 el número de monjes de Monte Laturce era tan escaso, que el abad Adica y otros seis monjes se sometieron al abad Dulquito del monasterio de Albelda, ofreciéndole su monasterio, personas y bienes. Por esto se considera muy razonable que, para que no quedasen las reliquias abandonadas, se trasladasen a otro lugar.

A mediados del siglo VIII ya se le consideraba santo, apareciendo documentado por primera vez de esta manera en un cartulario del monasterio de San Millán de la Cogolla, fechado el 24 de abril de 759.

En la junta general de la provincia de Álava de 18 de noviembre de 1643 se trató de tomar a Prudencio como patrón. Se acordó que el procurador de cada hermandad llevase a la junta del año siguiente los poderes suficientes. El 5 de noviembre de 1644 se votó uniformemente a su favor, siendo ratificado en la junta del 4 de mayo de 1645.


Fuente: Wikipedia

lunes, 27 de abril de 2020

27/04 - El Santo Hieromártir Simón el Adelfoteo (Hermano de Dios)


Simón era primo hermano de nuestro Señor Jesucristo. Era hijo de Cleofás (también llamado Alfeo), el hermano de José el Desposado.

Se convirtió en el segundo Obispo de Jerusalén, sucesor de Santiago el Adelfoteo (Hermano de Dios).

Acabó su vida cuando fue crucificado durante el reinado de Trajano, en 107, a la edad de 120 años.

domingo, 26 de abril de 2020

Acerca del Domingo de Tomás


Todos los días durante la semana posterior a la Pascua, que la Iglesia llama la “Semana de las Luces” o “De la Renovación”, se celebran los oficios pascuales en todo su esplendor. Diariamente se repite la Liturgia pascual y las Puertas Reales del santuario permanecen abiertas. Abunda el regocijo de la Resurrección y el don del Reino de la Vida Eterna. Luego, al final de la semana, en la tarde del sábado, se comienza la celebración del Segundo Domingo de la Pascua de Resurrección en memoria de la aparición de Cristo al Apóstol Tomás “después de ocho días” (Jn 20:26).

Es importante recordar que el número ocho tiene un significado simbólico tanto en la tradición espiritual judía como en la cristiana. Significa más que cumplimiento y plenitud: significa el Reino de Dios y la vida del mundo venidero, ya que siete es el número del tiempo terrenal. El sábado, el séptimo día, es el bendito día de descanso en este mundo, el último día de la semana. El “primer día de la semana”, el día “después del sábado”, que en todos los Evangelios es recalcado como el día de la Resurrección de Cristo (Mc 16:1; Mt 28:1; Lc 24:1; Jn 20:1, 19), es por lo tanto también el “octavo día”, el día más allá de los confines de la tierra, el día que simboliza la vida del mundo venidero, el día del eterno descanso del Reino de Dios.

El Domingo después de la Pascua de Resurrección, llamado el Segundo Domingo, es entonces el octavo día de la celebración pascual, el último día de la Semana de las Luces. Por lo tanto recibe el nombre de “Domingo Nuevo”. Era solamente en este día en la Iglesia primitiva que los cristianos recién bautizados se quitaban sus túnicas bautismales y volvían a entrar nuevamente a la vida de este mundo.

En los oficios de la Iglesia, se da énfasis a la visión del Apóstol Tomás de Cristo, y en el significado del día llega a nosotros mediante las palabras del Evangelio: “Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo, Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron”(Jn 20:27-29).

No hemos visto a Cristo con nuestros ojos físicos ni tampoco hemos tocado su cuerpo resucitado con nuestras manos, mas en el Espíritu Santo hemos visto, tocado y gustado de la Palabra de la Vida (I Jn 1:1-4), y así es que creemos.

En cada uno de los oficios de oración diarios hasta la Fiesta de la Ascensión, cantamos el Tropario de la Resurrección. En cada uno de los oficios dominicales a partir del domingo de Santo Tomás, cantamos el Canon de la Resurrección  y sus himnos, y repetimos la celebración del “primer día de la semana” en que Cristo resucitó de entre los muertos. En cada Divina Liturgia, la lectura de la epístola es tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles, contándonos acerca de los primeros cristianos que vivían en comunión con el Señor Resucitado. Todas las lecturas del Evangelio son tomadas del Evangelio según San Juan, considerado por muchos como un evangelio escrito especialmente para los nuevos bautizados en la vida nueva del Reino de Dios, mediante la muerte y la nueva vida en Cristo, en nombre de la Santísima Trinidad. Se piensa esto porque todos los “signos”, como se refieren a los milagros en el Evangelio de San Juan, tratan de temas sacramentales que involucran agua, vino y pan. Así, cada uno de los domingos después del Domingo de Santo Tomás, con la excepción del Tercero, es dedicado a la memoria de uno de estos “signos”.


Fuente: Arquidiócesis de Buenos Aires y toda la Argentina (Patriarcado de Antioquía y todo el Oriente)

sábado, 25 de abril de 2020

Domingo de Tomás. Lecturas de la Divina Liturgia


Hech 5,12-20: Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en el pueblo. Todos solían congregarse unidos en un mismo espíritu, bajo el pórtico de Salomón, pero ningún otro se atrevía a unirse al grupo de los Apóstoles, aunque el pueblo hablaba muy bien de ellos. Aumentaba cada vez más el número de los que creían en el Señor, tanto hombres como mujeres. Y hasta sacaban a los enfermos a las calles, poniéndolos en catres y camillas, para que cuando Pedro pasara, por lo menos su sombra cubriera a alguno de ellos. La multitud acudía también de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo enfermos o poseídos por espíritus impuros, y todos quedaban curados. Intervino entonces el Sumo Sacerdote con todos sus partidarios, los de la secta de los saduceos. Llenos de envidia, hicieron arrestar a los Apóstoles y los enviaron a la prisión pública. Pero durante la noche, el Angel del Señor abrió las puertas de la prisión y los hizo salir. Luego les dijo: «Vayan al Templo y anuncien al pueblo todo lo que se refiere a esta nueva Vida».

Jn 20,19-31: Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan». Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!». El les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré». Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe». Tomas respondió: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!». Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

25/04 - Marcos el Apóstol y Evangelista


Marcos era un idólatra de Cirene de Pentápolis, cerca de Libia. Habiendo llegado a la fe en Cristo a través del Apóstol Pedro, siguió a este a Roma. Mientras estaba allí, a instancias del mismo Pedro y a petición de los cristianos locales, escribió su Evangelio en griego, el segundo en orden después de Mateo.

Después viajó a Egipto y predicó allí el Evangelio, siendo el primero en establecer la Iglesia en Alejandría. Los idólatras, no pudiendo soportar su predicación, lo apresaron, lo ataron con cuerdas y lo arrastraron por las calles hasta que, despedazado sobre rocas, entregó su alma. Se dice que sufrió el martirio en el año 68.

Se le representa en los santos iconos con un león a su lado al ser este uno de los seres vivientes mencionados por Ezequiel (1,10) y símbolo del oficio real de Cristo, como escribe San Ireneo de Lyón.

Si el 25 de abril cae en el día de la Santa Pascua -o antes-, la fiesta de San Marcos se traslada al Martes Luminoso.

viernes, 24 de abril de 2020

Viernes de la Renovación. La Madre de Dios de la Fuente Vivificante


En las afueras de Constantinopla, hacia el distrito de las Siete Torres, había en la antigüedad una iglesia muy grande y bellísima dedicada a la Santa Madre de Dios; había sido construida hacia mediados del siglo V por el emperador León el Grande (también conocido como “León el Tracio”, conmemorado el 20 de enero).

Antes de convertirse en emperador, León se había encontrado allí con un ciego que, atormentado por la sed, le pidió que le ayudara a encontrar agua. León se compadeció de él y fue a buscar una fuente, pero no encontró ninguna. Cuando ya estaba desanimado, oyó una voz que le decía que había agua cerca, pero él miró de nuevo y no la encontró. Luego oyó la voz otra vez, esta vez llamándolo “Emperador” y diciéndole que encontraría agua fangosa en el tupido bosque cercano y que tenía que coger un poco y ungir con ella los ojos del ciego. Cuando lo hizo, el ciego recibió la vista.

Después de que León se convirtiera en emperador tal y como la Santísima Theotokos había profetizado, levantó una iglesia sobre el manantial, cuyas aguas obraron muchas sanaciones y curaron enfermedades por la gracia de esta; por eso vino a ser llamada la “Fuente Vivificante”. La Iglesia de Cristo celebra hoy la consagración de dicha iglesia.

Tras la caída de la ciudad imperial, la iglesia fue arrasada y se usaron materiales de ella para construir la mezquita del Sultán Bayaceto. Nada quedó de la antigua belleza de esa iglesia excepto una pequeña y pobre capilla casi completamente sepultada entre las ruinas. Esta capilla tenía veinticinco escalones que bajaban hasta el interior y un ventanuco en el tejado por el que recibía un poco de luz. Hacia el lado oeste de la capilla se encontraba la santa fuente, rodeada por una barandilla y llena de peces que allí nadaban. Así permaneció hasta 1821, cuando incluso ese pequeño resto fue destruido a causa del levantamiento de la nación griega contra el Imperio Otomano; la santa fuente fue enterrada junto a ella y desapareció totalmente.

Sin embargo, en tiempos del Sultán Mahmut, cuando sus súbditos empezaron a gozar de libertad religiosa, se solicitó permiso por parte de la comunidad cristiana ortodoxa para reconstruir al menos parte de la capilla. Las obras empezaron el 26 de julio de 1833. Cuando se efectuó la excavación y se encontraron los cimientos de la antigua iglesia, se reconstruyó, con otro permiso del Sultán, no solo la capilla de la santa fuente, sino una nueva iglesia sobre la antigua. El edificio de este nuevo templo, espacioso, bello y majestuoso, se comenzó el 14 de septiembre de 1833 y se completó en 30 de diciembre de 1834. El 2 de febrero de 1835 el Patriarca Ecuménico Constantino II, celebrando la Liturgia junto a doce jerarcas y una sinaxis de clérigos, así como una multitud de fieles cristianos, consagró esta sagrada iglesia y la dedicó a la gloria de la Madre de Dios.

El 6 de septiembre de 1955 esta nueva iglesia fue desecrada y destruida de nuevo por los turcos musulmanes; actualmente está restaurada, pero ya sin su anterior magnificencia.

24/04 - Isabel la Taumaturga


Santa Isabel nació en Heraclea de Tracia.

Vivió en virginidad y se esforzó en trabajos ascéticos y todo tipo de durezas desde su juventud, y fue considerada digna por parte de Dios de la gracia de obrar milagros.

Reposó en paz en Constantinopla a mediados del siglo V.

jueves, 23 de abril de 2020

23/04 - San Jorge el Megalomártir y Victorioso


La Iglesia ha enfatizado siempre que el reconocimiento de un santo, antes de ser confirmado como tal por las Autoridades Eclesiásticas, surge de la conciencia del pueblo de Dios que venera, aún en vida, a una persona por su santidad, y aun más después de su muerte.

En este sentido el pueblo ortodoxo, a lo largo de la historia, ha venerado a San Jorge y agradecido su eficaz intercesión, a tal grado que es impresionante el número de iglesias construidas, desde el siglo IV hasta la fecha, dedicadas a este Gran Mártir de Cristo y puestas bajo su patrocino; y todavía más, que casi no haya familia en la que alguno de sus miembros no lleve su nombre.

Jorge nació en la ciudad de Al-Led, Palestina, de una familia distinguida por su posición social, en el año 280. Al cumplir los 17 años, se incorporó al ejército; su notable entrega y valor impresionó de tal manera al emperador Diocleciano que rápidamente lo ingresó a su guardia real.

Poco después, Diocleciano emprendió su encarnizada persecución en contra de los cristianos, y los ríos de sangre desbordaron como nunca antes. Sin embargo, la fe de Jorge, antes que nada, soldado de Cristo, ni siquiera se tambaleó, sino que fortalecida, se enfrentó con toda valentía al emperador, proclamó su cristianismo y defendió su fe, la fe en Jesucristo, Dios verdadero.

Diocleciano, encolerizado, ordenó torturar a Jorge, pero todos los dolores no pudieron vencer la Gracia de Dios que apoyó al Mártir en su testimonio. Entonces, el emperador, frustrado por su impotencia de hacer vacilar la sólida fe de Jorge, mandó decapitarlo. El soldado de Cristo lleno de alegría, con esa valentía que lo caracterizaba y con la luz de la Gracia Divina resplandeciendo en su rostro, inclinó la cabeza ante el verdugo. Su cabeza cayó, su alma se elevó al Cielo, su fama se difundió por todo el imperio, y su amor conquistó los corazones de los fieles que han gozado y gozan de su intercesión, manifestada en milagros, curaciones, consuelos y fortalecimiento de su fe hasta el día de hoy.

Este cariño del pueblo de Dios hacia San Jorge le hizo aplicar al Soldado de Cristo, un antiguo mito referente a un guerrero que, defendiendo a su pueblo, mata al dragón que quiere devorar a la bellísima princesa. La Iglesia aceptó esta asimilación y pintó a San Jorge como el soldado que con la lanza de su intercesión ha vencido al demonio y rescatado a la Iglesia, la Novia Inmaculada de Cristo, de cuantiosos peligros que la han rodeado. Que sus intercesiones sean para con todos nosotros. Amén.

Tropario

Cual liberador de los cautivos
y protector de los necesitados,
sanador de los enfermos
y defensor de los creyentes:
oh victorioso y gran mártir Jorge,
intercede a Cristo Dios
por la salvación de nuestras almas.

domingo, 19 de abril de 2020

Domingo de Pascua. Lecturas de la Divina Liturgia


Hechos 1,1-8: En el primer relato escribí, oh Teófilo, acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido. A éstos también se presentó vivo, después de haber padecido, con muchas pruebas convincentes. Durante cuarenta días se hacía visible a ellos y les hablaba acerca del reino de Dios. Y estando juntos, les mandó que no se fuesen de Jerusalén, sino que esperasen el cumplimiento de la promesa del Padre, “de la cual me oísteis hablar; porque Juan, a la verdad, bautizó en agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo después de no muchos días.” Por tanto, los que estaban reunidos le preguntaban diciendo: --Señor, ¿restituirás el reino a Israel en este tiempo? Él les respondió: --A vosotros no os toca saber ni los tiempos ni las ocasiones que el Padre dispuso por su propia autoridad. Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo haya venido sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra.

Juan 1,1-17: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Él era en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de él, y sin él no fue hecho nada de lo que ha sido hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan. Él vino como testimonio, a fin de dar testimonio de la luz, para que todos creyesen por medio de él. No era él la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz. Aquél era la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene al mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de él, pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, pero los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio derecho de ser hechos hijos de Dios, los cuales nacieron no de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad de varón, sino de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y contemplamos su gloria, como la gloria del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan dio testimonio de él y proclamó diciendo: "Éste es aquel de quien dije: El que viene después de mí ha llegado a ser antes de mí, porque era primero que yo." Porque de su plenitud todos nosotros recibimos, y gracia sobre gracia. La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.

Tropario de Resurrección

sábado, 18 de abril de 2020

18/04 - San Perfecto, Presbítero


Fue el primero de los mártires cristianos que ocasionó la persecución de Abd al-Rahman II, el emir de Al-Andalus, hijo y sucesor de Al-Hakam I, en el año 850. San Eulogio, contemporáneo suyo, comienza con el relato de su martirio el Memorial de los mártires.

Hijo de padres cristianos y nacido en Córdoba, conocedor del idioma árabe, aparece vinculado a la Iglesia de san Acisclo donde se formó y se ordenó de sacerdote, cuando es pleno el dominio musulmán.

En el año 850 se abre una etapa de mayor rigor e intransigencia musulmana que rompe la convivencia hasta el momento equilibrada entre las poblaciones monoteístas de la ciudad. El presbítero Perfecto encabeza la lista de los mártires cordobeses del siglo IX.

En los comienzos del 850 le rodea un malintencionado grupo de musulmanes; le preguntan su parecer acerca de Cristo y de Mahoma. Perfecto expresó con claridad su fe en Jesucristo: Jesucristo es el Señor, sus seguidores están en la verdad, y llegarán a la salvación; la Ley de Cristo es del Cielo y dada por el mismo Dios. «En cuanto a lo que los católicos piensan de vuestro profeta, no me atrevo a exponerlo, ya que no dudo que con ello os molestaréis y descargaréis sobre mí vuestro furor». Pero, ante su insistencia y con la promesa de impunidad, con la misma claridad expone lo que pensaba sobre quien ellos tenían como profeta: Mahoma es el hombre del demonio, hechicero, adúltero, engañador, maldito de Dios, instrumento de Satanás, venido del infierno para ruina y condenación de las gentes. Han quedado sus interlocutores atónitos, perplejos y enfurecidos. ¿Cómo podrán soportar que se llame al profeta Mahoma mentiroso y a su doctrina abominación? ¿Aceptarán oír que quienes le siguen van a la perdición, tienen ciego el entendimiento y su modo de vivir es una vergüenza?

Le llaman traidor, le llevan al cadí y entra en la cárcel.

Allá, junto al Guadalquivir, el 18 de abril del 850, en el sitio que se llamó «Campo de la Verdad» por los muchos mártires que se coronaron, fue degollado por odio a la fe que profesaba.

Luego se enterró su cadáver en la iglesia de san Acisclo y sus restos se trasladaron más tarde –en el 1124– a la iglesia de San Pedro.

Su muerte ejemplar alentó a los acorralados y miedosos cristianos. Desde este martirio, habrá quienes se acerquen voluntariamente a los jueces.



Fuente: Alfa y Omega

viernes, 17 de abril de 2020

17/04 - Simeón el Santo Mártir y Obispo de Persia


Este Mártir era Obispo de las ciudades reales de Seleucia y Ctesifonte en Persia.

Como el número de cristianos aumentaba en Persia, construyéndose iglesias y ordenándose clérigos, los Magos, guardianes de la religión persa, y los judíos, que también los envidiaban, acusaron a Simeón ante Sapor II, Rey de Persia, diciendo que era amigo del Emperador romano y espía suyo. Esto desató la persecución de los cristianos del país por parte del Rey alrededor del año 343. Los Magos, junto a los judíos, empezaron a destruir las iglesias.

San Simeón fue conducido ante Sapor y, al negarse a adorar al sol, fue encarcelado. El Santo y Gran Viernes de ese año, San Simeón y un centenar de obispos, presbíteros y diáconos fueron sacados de la prisión. Cuando los llevaban al suplicio, San Simeón les exhortó a que tuvieran valor, y él fue el último en ser asesinado.

Se dice que 1.150 Mártires fueron asesinados; una multitud innumerable de cristianos perdieron la vida en toda Persia durante esta persecución, entre ellos los Santos Acépsimas, José y Etalas (conmemorados el 3 de noviembre).

17/04 - Santos Elías, Pablo e Isidoro de Córdoba


Elías, natural de la Lusitania, era un presbítero que alcanzó muchos años de edad. Estuvo con sus compañeros Isidoro y Pablo publicando su fe en Cristo. El 17 de abril de 856 los tres fueron apresados y decapitados. “Sus cuerpos fueron alzados en patíbulos y hundidos muchos días después en el seno del Guadalquivir”, según recoge Manuel Nieto Cumplido en su libro “Córdoba: patrimonio de santidad”.


Fuente: Diócesis de Córdoba

jueves, 16 de abril de 2020

Tropario de Jueves Santo

16/04 - Santa Engracia y los dieciocho Mártires de Zaragoza


Diocleciano había subido al trono imperial (285-305), alfombrando su camino con la sangre de Aper. Bravo militar de origen dálmata, Diocleciano se hizo proclamar emperador en Calcedonia. La muerte de Carino en el campo de batalla de Margus le dejó como único jefe del Imperio. Soldado favorito de la fortuna, manifestó siempre tener un espíritu lleno de recursos, una voluntad fría e implacable y un plan de reformas concreto y lógicamente ordenado.

Adepto ferviente del paganismo, a la vez por convicción personal y por razón de Estado, el emperador se afrontó muy pronto con el problema acuciante del cristianismo.

El cristianismo, gracias al decreto de tolerancia de Galieno en 260, había realizado grandes progresos no sólo entre la población civil, sino también en las legiones y en los castros. Diocleciano vio en ello una dualidad moral en el Imperio, y, una vez conseguida la unidad territorial, política y administrativa, se propuso conseguir la uniformidad religiosa. Dadas sus convicciones paganas, la religión de Cristo debía sucumbir ante la religión del Estado. Cuatro decretos sucesivos emanados del poder imperial, en 303 y 304, ordenaron una persecución general en todo el mundo romano. El intento de descristianización empezó por el ejército. En cuanto al elemento civil, el emperador eligió los prefectos más sanguinarios para que persiguieran y acosaran a los cristianos en cualquier rincón del mundo en que se encontraran. Y los ángeles en el cielo entrelazaron con flores purpúreas infinitas coronas que cayeron sobre las cabezas resplandecientes de los atletas de Cristo, lo mismo en el Oriente que en el Occidente, igual en Egipto que en Roma y que en las dos Españas.

A España vino como prefecto Daciano. El regó con torrentes de sangre todas las vegas de la Iglesia española. Conforme iba pasando por las ciudades de la España tarraconense, las vidas más puras y delicadas iban cayendo a sus pies. Empezó por Gerona. Siguió por Barcelona, en donde fue recogida entre la gavilla de las espigas cristianas el alma purísima de Eulalia; continuó por Tarragona, y llegó a Zaragoza. En esta ciudad el tajo era inmenso. En sus enormes brazadas cortó Daciano la vida del diácono Vicente y del obispo Valerio. Por entonces cayeron también los innumerables Mártires de Zaragoza, cuyos restos calcinados formaron las santas masas, la nívea pella de predestinados que esperan en el templo de Engracia el día de la reivindicación final.

Por aquellos días agostadores llegó Engracia a Zaragoza. Venía de Brácara, la noble ciudad de Gallaecia. Hija florida de un noble hispanorromano, iba hacia el Rosellón en cortejo nupcial al encuentro de su prometido, que en aquellas tierras vivía, Antes de emprender el viaje, en el que le servían de cortejo dieciocho caballeros de su familia, recibió entre sueños un aviso de que sería Zaragoza la ciudad de su abrazo feliz.

Cuando llegó a esta ciudad y se enteró de la encarnizada persecución que en ella sufrían sus hermanos, los adoradores de Cristo, comprendió el misterio. Ella era la novia destinada para las bodas eternas con el Cordero. Se presentó delante de Daciano y le reprochó su impiedad.

—Juez inicuo —le dijo—, ¿tú desprecias a tu Dios y Señor que está en los cielos y exterminas con tanta crueldad a sus adoradores? ¿Por qué os empeñáis tú y otros malvados emperadores en perseguir a los cristianos porque no adoran vuestros ídolos, templos de los demonios?

Engracia no iba sola; la acompañaban, como pajes de una reina, los dieciocho apuestos caballeros de su séquito: Luperco, Optato, Suceso, Marcial, Urbano, Julio, Quintiliano, Publio, Frontón, Félix, Ceciliano, Evencio, Primitivo, Apodemio, Maturino, Casiano, Fausto y Jenaro. En los rostros de los caballeros se reflejaban los mismos reproches emitidos por la boca de Engracia, y en su silencio condenaban también la crueldad de Daciano.

El presidente, hombre sanguinario y soez, no resistió las palabras de Engracia ni el silencio de sus compañeros y los mandó azotar duramente a todos ellos. Al compás del chasquido del látigo y el desgarrar de las carnes se alzó la más pura de las sinfonías, que penetró en los cielos e hizo sonreír de gozo a los ángeles de Dios. Engracia dirigía el coro de las alabanzas al Señor.

Pensó Daciano que, vencida la entereza de Engracia, flaquearían sus compañeros, y en su presencia ató el delicado cuerpo de la doncella a la cola de unos caballos y la arrastró por las calles de la ciudad. Cuanto más punzantes eran sus dolores y más se desgarraba su cuerpo en flor más cantaba a Jesucristo y más detestaba a los ídolos y dioses imperiales, y más se robustecía la fe de los caballeros a la vista de la entereza de la virgen.

El juez imperial no dejaba piedra sin remover para llevar a sus víctimas a una abjuración o a una apostasía. Viendo que por los tormentos no arredraba a la intrépida virgen propuso seducirla con promesas. "Ya que no podemos vencer con la dureza, venzamos con halagos", se dijo. Y puso delante de sí a la doncellita, a quien rodeaban sus compañeros corno al pistilo los pétalos de la flor.

—Oye, jovencita —le dijo—, ¿por qué unes la vanidad a tu nobleza? ¿No dejarás tu error si tu sangre real se une en matrimonio con uno de los gallardos príncipes que florecen en el Imperio? Lejos de ti el proseguir en tu desvío y en el desprecio de nuestros apuestos donceles. ¿Vas a despreciar una vida brillante y soñadora por cegarte en las fantasías de esa gentuza arrastrada?

—¡Pobre sacrílego! —replicó Engracia—. Haz a tus hijas esa proposición. En cuanto a mí, si no me venciste con los tormentos, no esperes atraerme con tus hechizos malvados. Mi causa es clara. Seré esposa de Cristo. Ni tus suplicios ni tus halagos conseguirán otra cosa que unirme y estrecharme más íntimamente al Esposo de mi alma. Yo soy enviada por Él para increparte por tus crímenes e indicarte que ceses en la persecución si no quieres sentir sobre tu cabeza la ira de Dios.

Al presidente se le encendieron los ojos y con voz quebrada y sarcástica agregó:

—Por tus consejos, ¡oh niña simpática!, debo darte las merecidas gracias.

Llamó a los verdugos, y en su presencia, y delante de los dieciocho caballeros bracarenses, la mandó desnudar y atormentar. Los garfios se agarraban en sus carnes ya desgarradas por los azotes anteriores y por el arrastre por las calles empedradas de la ciudad. Varios surcos abiertos por los ganchos dejaron al aire libre sus entrañas palpitantes. Ya no había cuerpo donde herir. Le cortan los pechos y a través de las heridas abiertas se veía latir dulcemente el corazón de la esposa de Cristo.

Luperco no se pudo contener ante aquella crueldad usada contra la mártir de Dios y exclamó en nombre dé los demás compañeros:

—Juez cobarde, ¿por qué persigues con esa saña al pueblo cristiano? ¿Por qué atormentas tan cruelmente a la virgen Engracia? ¿No podías probar en nuestros cuerpos varoniles la resistencia de tus garfios y dejar ya de deshilar la seda del cuerpo de la doncella? Si te han molestado sus palabras, su confesión es la nuestra. Si ella merece la muerte, también nosotros debemos morir; pero si nosotros seguimos con vida también ella debía continuar viviendo.

Daciano los mandó retirar de su presencia y ordenó que los degollaran fueran de la ciudad.
Cuando Engracia los vio salir hacia el martirio, desde la púrpura de su sangre en que estaba envuelta, les dijo:

—Hermanos amadísimos, volad gozosos al martirio, camino de la vida eterna. Vais no a la muerte, sino a la vida; no al tormento, sino al triunfo. La misma palma del martirio nos unirá a todos en la gloria.

La orden del presidente fue ejecutada al momento. Los mártires de Cristo recibieron sus coronas a las orillas del Ebro.

Cuando comunicaron a Daciano que su orden estaba cumplida, miró a Engracia y le dijo:

—¡Oh tierna virgen, ¿qué esperas si ya sientes sobre ti todos los tormentos y sabes que tus compañeros han sido decapitados? Blasfema de Cristo, adora a los dioses y cesará el tormento y te presentaré un esposo.

A lo cual respondió, intrépida, la mártir de Cristo:

—¿Piensas que voy a adorar las piedras y a renegar del Criador del cielo y de la tierra?

No sabiendo Daciano cómo atormentarla ya, mandó que le hincaran un clavo en la frente, y, envuelto su cuerpo en un vivo dolor, fue arrojada en un lóbrego calabozo para que se pudriera viva.

El poeta Prudencio le cantó un siglo después como si la estuviera contemplando en el lóbrego calabozo que él piadosamente visitó, sin duda: "A ninguno de los mártires aconteció que habitara en nuestras tierras quedando aún en vida; tú eres la única que permaneces en el mundo, sobreviviendo a tu propia muerte.

Hemos visto parte de tu hígado arrancado y apresado aún a lo lejos en las tenazas comprimidas, ya tiene la muerte pálida algo de tu cuerpo, aun cuando estás viva”.

El cuerpo de la Santa fue sepultado honrosamente por el obispo Prudencio en una urna de mármol, uniendo a él las cenizas de los dieciocho compañeros. "Póstrate conmigo, generosa ciudad, ante los sagrados túmulos", cantaba el poeta Prudencio. Y Zaragoza, llena de fervor, se postra todavía en la cripta de la parroquia de Santa Engracia, donde duermen el sueño de los justos los restos de la virgen Engracia, de sus dieciocho compañeros y las níveas masas de los innumerables Mártires.

JOSÉ GUILLÉIN


Fuente: www.mercaba.org

miércoles, 15 de abril de 2020

15/04 - Crescente el Mártir


Este Mártir era de Mira de Licia, nacido en una ilustre familia.

Por voluntad propia se fue donde los idólatras y los amonestó a abandonar su fútil religión y a adorar al único Dios verdadero (el de los cristianos), por lo que fue arrestado.

Cuando el gobernador le preguntó a Crescente cuál era su nombre y su linaje, el Santo solo respondió que era cristiano; aconsejado que ofreciera sacrificio a los ídolos, se negó. Por ello fue colgado y golpeado, arrastrado y luego arrojado al fuego, donde entregó su santa alma en las manos de Dios, aunque ni siquiera uno de sus cabellos fue quemado por las llamas.

martes, 14 de abril de 2020

14/04 - Aristarco, Pudente y Trófimo, Apóstoles de los Setenta


San Aristarco es mencionado en la Epístola a los Colosenses (4,10), y también en la Epístola a Filemón (v. 24). Por su estilo de vida ascético, este Santo se mostró como otro San Juan Bautista. Se convirtió en Obispo de Apamea en Siria y condujo a muchos a la Fe de Cristo.

Los Santos Pudente y Trófimo son mencionados en 2 Timoteo 4,20-21. Hechos 21,29 también menciona que Trófimo era de Éfeso.

Según fuentes que San Doroteo de Tiro (celebrado el 5 de junio) encontró escritas en latín en Roma, estos Apóstoles fueron decapitados en la Ciudad Imperial durante el reinado de Nerón (54-68).

lunes, 13 de abril de 2020

“Veo tu cámara nupcial”. Exapostilario de los Maitines del Santo y Gran Lunes, Martes y Miércoles

13/04 - Martín el Confesor, Papa de Roma


San Martín nació en la Toscana. Había sido delegado papal en Constantinopla. Al morir el Papa Teodoro, San Martín fue elegido sucesor suyo.

En esa época el emperador Constante II, también conocido como Constantino Pogonato (r. 641-668), buscaba apoyo para su confesión de fe llamada el ‘Tipo’, que abrazaba la herejía monoteleta (o sea, que solo hay una voluntad y energía en el Hijo de Dios Encarnado), pero el nuevo Papa no solo no lo aceptó, sino que convocó el Concilio de Letrán del 649 (al que asistieron 105 de sus obispos y también San Máximo el Confesor, que se encontraba a la sazón en Roma), que anatematizó tanto el Tipo como la herejía monoteleta.

Debido a esto, San Martín fue apresado por una fuerza imperial en el año 653 y conducido a Constantinopla, donde se le acusó de enviar dinero a los sarracenos y conspirar con ellos y de blasfemar contra la Santa Madre de Dios. A pesar de su inocencia, fue exiliado a Quersoneso, en el Mar Negro, donde, tras muchos sufrimientos y privaciones, recibió la corona de su valiente confesión en el año 655.

13/04 - San Hermenegildo, Mártir


San Hermenegildo (del gótico: Ermen Gild, «inmenso tributo»; Medina del Campo o Sevilla, 564-Tarragona, 13 de abril de 585) fue un príncipe y noble visigodo, hijo del rey Leovigildo y de su primera mujer, y hermano de Recaredo.

Fue educado en el arrianismo imperante entre los visigodos de la Península en ese entonces (a diferencia de los hispanorromanos, que eran mayoritariamente ortodoxos). Su conversión a la Ortodoxia lo enfrentó con su padre y provocó una contienda militar, que acabaría con su captura y muerte.

Fue canonizado en 1585 como mártir; es patrono de los conversos y de la monarquía española, y su festividad se celebra el aniversario de su muerte, el 13 de abril.

domingo, 12 de abril de 2020

Tropario del Novio

12/04 - São Victor de Braga


São Victor foi um santo português, nascido numa aldeia chamada Paços, perto de Braga.

Ele se preparava para o batismo, quando ainda jovem se encontrou com um grupo de pagãos que prestava culto a um ídolo, e que o convidou a participar no culto. O jovem Victor se recusou a isso, confessando a sua fé e preparação para o batismo, tendo então o grupo decidido levar o jovem à presença do governador.

O governador romano Sérgio perguntou a Victor a razão por não adorar o ídolo que o império ordenava e este respondeu que Jesus Cristo era o único digno de adoração, sendo Jesus uma pessoa real e não uma ideia, ao contrário dos ídolos romanos.

São Victor foi então preso numa árvore e martirizado, queimado e decapitado, por volta do ano 300. Ficou para a posterioridade como um exemplo de fé e de conquista sobre as tentações. Os testemunhos da sua vida encontram-se nos escritos de Dom Rodrigo da Cunha, arcebispo de Braga e Lisboa.