martes, 28 de julio de 2020

28/07 - Irene la Justa de Crisobalanto


Santa Irene, que era de Capadocia, floreció en el siglo IX.

Debido a su gran belleza y virtud, fue llevada a Constantinopla como posible esposa para el joven Emperador Miguel (842-867); sin embargo, como predijo San Joanicio el Grande, la voluntad de Dios era que asumiera el hábito monástico.

Irene brilló en grandes trabajos ascéticos y sufrió muchos ataques de los demonios; cuando era novicia, adoptó la práctica de San Arsenio el Grande de rezar toda la noche con los brazos extendidos hacia el Cielo (ver el 8 de mayo). 

Dios obró grandes signos y maravillas en ella, y se convirtió en Abadesa del Convento de Crisobalanto. Se le concedió el don de la clarividencia y conocía los pensamientos de todos los que acudían a ella. Una vez se le apareció en una visión al Rey y lo reprendió por encarcelar injustamente a un noble que había sido acusado falsamente. En otra ocasión, a través de un marinero a quien se le había aparecido, San Juan el Evangelista le envió fragantes y maravillosas manzanas del Paraíso.

Irene reposó a la edad de 103 años, conservando aún la belleza juvenil de su rostro. Tras su reposo, se han obrado a través de ella hasta nuestros días innumerables curaciones maravillosas.