martes, 31 de diciembre de 2019

31/12 - Santa Columba, Virgen y Mártir


Columba era una joven hispana nacida en Caesaraugusta (actual Zaragoza), originaria de una familia noble y pagana, que emigró a las Galias por huir de la persecución de Valeriano. Ya era cristiana y temía verse obligada a sacrificar a los dioses. En Vienne fue bautizada y de allí marchó a Sens, donde sería martirizada con sólo 16 años de edad. Habiéndose presentado voluntariamente ante Valeriano, que estaba en Sens con motivo de un viaje a las Galias, éste le ofreció a un hijo suyo en matrimonio a cambio de apostatar. Como se negase tanto a aceptar el matrimonio como a sacrificar a los dioses, fue condenada a ser encerrada en una celda meretricia del anfiteatro (calabozo para prostitutas, donde también se violaba a las mujeres antes de llevarlas a la arena, pues la ley prohibía ajusticiar a una virgen).

Pero una osa escapó de su jaula y la protegió contra cualquier violencia. Así, un joven que entró para abusar de ella, se vio atacado por la osa y cuando Columba le ordenó dejarlo en paz y el animal la obedeció, él inmediatamente se convirtió y salió de allí. Entonces se dio orden de prender fuego a la celda para quemar a la joven y a la osa, pero una lluvia milagrosa extinguió las llamas. Sacada de allí, fue arrojada a una hoguera, pero de nuevo otra lluvia prodigiosa acabó con el peligro (entretanto, la osa había logrado huir al bosque). Finalmente, y tras un nuevo interrogatorio en que reafirmó su fe, Columba fue decapitada.

Existe una versión italiana que da a la mártir el nombre de Eporita, justificando que por su inocencia fuese luego llamada Columba. Los hagiógrafos que han estudiado el caso de esta Santa han sido unánimes al desechar este relato como fuente histórica, pero sí que la han identificado con una virgen de Sens que fue martirizada en el siglo III, por lo que es una persona real.

Su culto siempre ha sido muy importante: fue una de las mártires más célebres durante la Edad Media, aunque luego haya sido un tanto olvidada. Su culto estaba ya muy extendido por Francia y París en el siglo VII y hasta se menciona en la Vita Sancti Eligii que este Santo orfebre había hecho una urna de plata para ella.

El rey Clotario III mandó construir sobre su sepulcro en Sens la abadía Sainte-Colombe-lès-Sens, y San Lupo, que fue obispo de esta ciudad en el siglo VII, pidió ser sepultado junto a ella cuando falleció en 623. Otro obispo, Wessilone, en el año 853 consagró una nueva iglesia sobre este sepulcro y mandó envolver las reliquias de la Santa en un sudario de origen oriental. Éste, redescubierto en el siglo XIX, se venera en la catedral y es una tela preciosa. Aún se levantó una tercera iglesia sobre el sepulcro, por mandato del papa Alejandro II en 1164.

Hasta el año 1620 el cuerpo de la Santa fue venerado ininterrumpidamente en su sepulcro, pero los hugonotes lo profanaron y dispersaron, aunque se dice que algunas reliquias pudieron ser sustraídas y trasladadas a Roma. En 1792, la iglesia es destruida durante la Revolución Francesa. En 1803, lo que quedaba de las reliquias de la Santa, fue trasladado a la catedral, y fueron reconocidas canónicamente en 1853. Además de Francia, su culto está muy extendido también en España (en Cataluña, especialmente, como decía), Alemania e Italia, especialmente en Rímini, cuya catedral está intitulada a su nombre y posee la cabeza de la Santa, que llegó según la tradición traída por mar en manos de unos mercaderes de Sens, además de dos costillas y dos dientes que el obispo Castelli trajo desde Francia en 1581.

En la iconografía, aparece con una osa, sentada sobre una hoguera o portando una paloma, animal que alude a su nombre. Sin embargo, existen muchas otras Santas Columbas, muchas de ellas mártires de las catacumbas, por lo que el nombre podría ser añadido en muchas ocasiones por aquello de veni columba mea, aunque no es inverosímil que fuese un nombre de mujer frecuente en la Antigüedad. Es fácil confundirlas entre sí porque las que no son mártires de las catacumbas acaban llevando la paloma, aunque sólo la de Sens lleva la osa.

Medelen


Fuente: www.preguntasantoral.es

lunes, 30 de diciembre de 2019

30/12 - Anisia la Partenomártir de Tesalónica


Esta Santa, originaria de Tesalónica, era hija de padres piadosos y ricos; tras la muerte de estos, Anisia pasó su vida en virginidad, sirviendo a Dios mediante buenas obras.

Un día, mientras se dirigía a la iglesia, un soldado pagano se acercó a Anisia y le pidió que lo acompañara al templo de los ídolos, pero ella rehusó. Cuando el soldado empezó a empujarla para lograr su propósito, Anisia le escupió en la cara y confesó a Cristo. Lleno de ira, el soldado le clavó su espada en un costado y la mató. Todo esto ocurrió en el año 299, durante el reinado de Maximiano.

Nota: Dado que la Apódosis de la fiesta de la Natividad es el 31 de diciembre, los himnos de Santa Melania la Joven se transfieren a este día.

domingo, 29 de diciembre de 2019

29/12 - Los 14.000 niños (Santos Inocentes) asesinados por Herodes en Belén


El Herodes al que se hace referencia aquí es el mismo que reinaba en la época de la Natividad de Cristo.

En aquellos días, ciertos Magos, hombres sabios y nobles -quizás incluso reyes-, partieron del Oriente y llegaron a Jerusalén buscando al Rey de los Judíos que había nacido, y aseguraron que en la tierra de la que procedían había aparecido doce días antes una inusual y extraña estrella que, según un antiguo oráculo (Núm 24,17), significaba el nacimiento de un gran rey de los judíos. «Hemos visto la estrella -dijeron- y venimos a adorarlo» (Mt 2,2). Al oír esto, Herodes se turbó, y con él la ciudad entera.

Inquiriendo y siendo informado por los sumos sacerdotes y los escribas del pueblo de que, según las profecías, Cristo había de nacer en Belén, Herodes envió a los Magos a esa población y les ordenó que, cuando hubieran encontrado al Niño, se lo indicaran para que también él pudiera ir a adorarlo. Pero estos, después de su adoración, se marcharon por otro camino por mandamiento divino. Herodes se enfureció por ello y envió a hombres a que mataran a todos los niños de Belén y las zonas circundantes de dos años para abajo, pensando que así se desharía ciertamente del Rey que había nacido. Sin embargo, este hombre vano que luchaba contra Dios se vio burlado, puesto que el Niño Jesús, con María su Madre, bajo la protección de José el Desposado huyó a Egipto por mandato de un Ángel.

En cuanto a los niños inocentes, se convirtieron en los primeros Mártires asesinados por Cristo. Pero su sangriento ejecutor, el perseguidor de Cristo, contrajo hidropesía poco tiempo después y sus miembros se pudrieron y fueron devorados por los gusanos, acabando su vida de una manera misérrima.

sábado, 28 de diciembre de 2019

Domingo después de Navidad. Evangelio de la Divina Liturgia


Mt 2,13-23: En aquel tiempo, cuando los magos se retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y quédate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes (para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo). Entonces Herodes, al ver que había sido burlado, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto, lamento y gemido: Raquel llora a sus hijos y no quiere consolarse, porque ya no existen… Muerto Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: “Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño”. Él se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró de Galilea y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese el oráculo de los profetas: Será llamado Nazareno.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

26/12 - Sinaxis de la Santa Deípara


Esta Sinaxis -es decir, reunión- para glorificar a la Deípara se celebra especialmente en su honor por haber dado a luz sobrenaturalmente al Hijo y Verbo de Dios, convirtiéndose en el instrumento para la salvación de la humanidad.

25/12 - Natividad de nuestro Señor Jesucristo (Navidad). Lecturas de la Divina Liturgia


Gal 4,4-7: Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a Su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la condición de hijos. Y, como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero por voluntad de Dios.

Mt 2,1-12: Cuando nació Jesús en Belén de Judea en tiempo del rey Herodes, unos Magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: “¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente, y hemos venido a adorarle.” Al oírlo el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocando a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, les preguntaba dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: “En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.” Entonces Herodes, llamó aparte a los magos, y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: “Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño, y cuando le encontréis comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.” Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí la estrella que habían visto en el Oriente, iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María Su madre y, postrándose, Le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Domingo antes de Navidad. Lecturas de la Divina Liturgia


Heb 11,9-10;32-40: Por la fe, vivió como extranjero en la Tierra prometida, habitando en carpas, lo mismo que Isaac y Jacob, herederos con él de la misma promesa. Porque Abraham esperaba aquella ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. ¿Y qué más puedo decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, de Samuel y de los Profetas. Ellos, gracias a la fe, conquistaron reinos, administraron justicia, alcanzaron el cumplimiento de las promesas, cerraron las fauces de los leones, extinguieron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada. Su debilidad se convirtió en vigor: fueron fuertes en la lucha y rechazaron los ataques de los extranjeros. Hubo mujeres que recobraron con vida a sus muertos. Unos se dejaron torturar, renunciando a ser liberados, para obtener una mejor resurrección. Otros sufrieron injurias y golpes, cadenas y cárceles. Fueron apedreados, destrozados, muertos por la espada. Anduvieron errantes, cubiertos con pieles de ovejas y de cabras, des provistos de todo, oprimidos y maltratados. Ya que el mundo no era digno de ellos, tuvieron que vagar por desiertos y montañas, refugiándose en cuevas y cavernas. Pero, aunque su fe los hizo merecedores de un testimonio tan valioso, ninguno de ellos entró en posesión de la promesa. Porque Dios nos tenía reservado algo mejor, y no quiso que ellos llegaran a la perfección sin nosotros.

Mt 1,1-25: Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos. Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Aram; Aram, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón. Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé; Jesé, padre del rey David. David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías. Salomón fue padre de Roboam; Roboam, padre de Abías; Abías, padre de Asá; Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Joram; Joram, padre de Ozías. Ozías fue padre de Joatam; Joatam, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías; Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Josías; Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia. Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel; Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacim; Eliacim, padre de Azor. Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquim; Aquim, padre de Eliud; Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob. Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo. El total de las generaciones es, por lo tanto: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta el destierro en Babilonia, catorce generaciones; desde el destierro en Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones. Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no han vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: "La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel", que traducido significa: «Dios con nosotros». Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa, y sin que hubieran hecho vida en común, ella dio a luz un hijo, y él le puso el nombre de Jesús.

viernes, 20 de diciembre de 2019

20/12 - Ignacio el Teóforo, Obispo de Antioquía


San Ignacio el Teóforo tiene una significación especial para nosotros porque tenía un estrecho contacto con los apóstoles. Ellos le transmitieron directamente la fe cristiana, y fue testigo del desarrollo de las primeras comunidades cristianas. En sus siete cartas reproduce para nosotros la época de los apóstoles.

San Ignacio nació en Siria en los últimos años de la vida del Salvador. La tradición cuenta que fue el niño a quien el Señor alzó en sus brazos y dijo: "Os aseguro que, si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (Mt.18:3).

Es llamado Teóforo ("portador de Dios") porque amaba tanto al Señor como si lo llevabra en su corazón. Fue discípulo del apóstol y evangelista Juan el Teólogo. De la misiva del San Ignacio a los pobladores de Esmirna se ve que fue muy allegado al apóstol Pedro y que lo acompañaba en algunos de sus viajes apostólicos.

Poco antes de la destrucción de Jerusalén, en el año 72, falleció Evodio, uno de los primeros discípulos de Cristo, y como sucesor suyo en la cátedra de Antioquía (capital de Siria) fue nombrado San Ignacio.

San Ignacio condujo a la Iglesia de Antioquía durante 40 años (67-107).

En una visión especial le fue concedido ver la Liturgia Celestial y escuchar el canto de los ángeles; en consinancia con el mundo angélico, él introdujo en los oficios religiosos las antífonas, dos coros que se alternan como llamándose entre sí. Este canto desde Siria se divulgó rápidamente por toda la Iglesia en sus comienzos.

En el año 107, durante la expedición contra los armenios, el emperador Trajano pasaba por Antioquía. Le comunicaron que San Ignacio profesaba la fe cristiana, enseñaba desdeñar la riqueza, era célibe y no hacía ofrendas a los dioses romanos. El emperador llamó al Santo y exigió que dejara de hablar de Cristo. El anciano se negó y lo enviaron a Roma encadenado. En Roma lo echaron a los leones en el Coliseo para diversión del pueblo. Durante el viaje a Roma escribió siete misivas, que se conservan hasta nuestros días. En sus misivas San Ignacio pide que los cristianos no traten de salvarlo de la muerte: "No queráis amarme fuera de tiempo. Dejadme ser pasto de las fieras, por las que me es dado alcanzar al Señor. Soy trigo de Dios y por los dientes de las fieras he de ser molido a fin de ser presentado como limpio pan de Cristo." Oyendo hablar del coraje del Santo, Trajano terminó las persecuciones contra los cristianos.

Sus reliquias fueron trasladadas a Antioquía y más tarde las llevaron a Roma y sepultaron en la Iglesia de San Clemente, Papa de Roma.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

18/12 - Sebastián el Mártir y sus Compañeros


Este Santo, natural de la ciudad de Milán, era miembro del Senado y celoso defensor de la Fe de Cristo, por lo que convirtió a muchos al conocimiento de Dios.

Cuando Diocleciano y Maximiano empezaron a perseguir a los cristianos, San Sebastián fue arrestado y asaeteado con flechas afiladas, y sus huesos fueron destrozados con porras; después de que lo despedazaran, entregó su espíritu a Dios en el año 288.

Junto con él estaban otros que también murieron tras sufrir varias torturas. Sus nombres son Marcelino y Marcos, hermanos; Tranquilino, su padre; Nicóstrato y su esposa Zoe; Tiburcio, Claudio, Cástulo y Cástor.

lunes, 16 de diciembre de 2019

16/12 - El Santo Profeta Ageo


El Profeta Ageo, cuyo nombre significa «festivo», nació en Babilonia en la época de la cautividad de los judíos.

Empezó a profetizar en Jerusalén tras su regreso y a exhortar al pueblo a que reconstruyera el Templo en los días de Zorobabel, en el segundo año del reinado de Darío I, rey de Persia, hacia el año 520 a.C.

Su profecía, dividida en dos capítulos, se sitúa en décimo lugar entre los Profetas menores.

sábado, 14 de diciembre de 2019

XI Domingo de Lucas. Evangelio de la Divina Liturgia


Lc 14,16-24: Jesús le respondió: «Un hombre preparó un gran banquete y convidó a mucha gente. A la hora de cenar, mandó a su sirviente que dijera a los invitados: «Vengan, todo está preparado». Pero todos, sin excepción, empezaron a excusarse. El primero le dijo: "Acabo de comprar un campo y tengo que ir a verlo. Te ruego me disculpes". El segundo dijo: "He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos. Te ruego me disculpes". Y un tercero respondió: "Acabo de casarme y por esa razón no puedo ir". A su regreso, el sirviente contó todo esto al dueño de casa, este, irritado, le dijo: "Recorre en seguida las plazas y las calles de la ciudad, y trae aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los paralíticos". Volvió el sirviente y dijo: "Señor, tus órdenes se han cumplido y aún sobra lugar". El señor le respondió: "Ve a los caminos y a lo largo de los cercos, e insiste a la gente para que entre, de manera que se llene mi casa. Porque les aseguro que ninguno de los que antes fueron invitados ha de probar mi cena"».

viernes, 13 de diciembre de 2019

13/12 - Lucía la Partenomártir


Santa Lucía era de Siracusa en Sicilia, virgen casada con cierto pagano.

Como su madre sufría de hemorragias, fue con ella al santuario de Santa Ágata en Catania para impetrar la curación (ver el 5 de febrero). Allí Santa Ágata se le apareció a Lucía en un sueño asegurándole la curación de su madre y prediciendo el martirio de Lucía. Una vez que su madre estuvo curada, Lucía repartió de buena gana sus bienes entre los pobres, preparándose para su venidera confesión de Cristo.

Acusada de cristiana por su esposo ante Pascasio el Gobernador, Lucía fue llevada a un burdel para humillarla, pero fue preservada en su pureza por la gracia de Dios.

Santa Lucía fue decapitada en el año 304, durante el reinado de Diocleciano.

jueves, 12 de diciembre de 2019

12/12 - Espiridión el Taumaturgo de Tremitunte


La isla de Chipre fue tanto el lugar de nacimiento de este famoso santo como el lugar donde pasó su vida en servicio a la Iglesia.

Venía de una simple familia de agricultores, y permaneció simple y humilde hasta el final de su vida. Se casó joven y tuvo hijos, pero al morir su esposa, se dedicó completamente al servicio de Dios.

A causa de su fervor, fue escogido como obispo de Tremitunte, y, aun siendo obispo, no cambió su simple estilo de vida, sino que continuó cuidando su ganado y arando la tierra él mismo. Consumía muy pocos de sus productos y daba la mayor parte de estos a los pobres.

Obró grandes milagros por el poder de Dios, haciendo que lloviera durante una sequía, levantando a muchos muertos, sanando al emperador Constancio de una grave enfermedad, viendo y oyendo ángeles, previendo eventos futuros, y escrutando los secretos del corazón humano. Convirtió a muchos a la verdadera Fe e hizo muchas otras cosas.

Estuvo presente en el Primer Concilio Ecuménico, celebrado en Nicea en el 325 d. C., y, mediante sus claras y sencillas, además de sus convincentes milagros, trajo a muchos herejes de regreso a la Ortodoxia.

Vestía tan simplemente que cierta vez, habiendo sido invitado por el Emperador a su corte, un soldado le confundió con un mendigo y le pegó un golpe. El manso y sencillo Espiridión volvió la otra mejilla. 

Glorificó a Dios con muchos milagros, y fue de gran ayuda tanto a individuos como a toda la Iglesia de Dios.

Entro a su descanso en el Señor en el 348 d. C., y sus reliquias, que obran maravillas, reposan en la isla de Corfú, donde continúan glorificando a Dios con muchos milagros.

Fuente: www.crkvenikalendar.com / Pravoslavie.cl

miércoles, 11 de diciembre de 2019

11/12 - Daniel el Estilita de Constantinopla


Este Santo era del pueblo de Maruta en la región de Samosata en Mesopotamia. Entro en el monacato a la edad de doce años.

Tras visitar a San Simeón el Estilita (ver el 1 de septiembre) y recibir su bendición, lleno de celo decidió seguir su maravilloso modo de vida. A la edad de cuarenta y dos años, guiado por la providencia, llegó a Anaplo, en los alrededores de Constantinopla, en tiempos del santo Patriarca Anatolio (ver el 3 de julio), que también fue curado por San Daniel de una muy grave dolencia y quería que viviera cerca de él.

A su llegada a Anaplo, San Daniel vivió al principio en la iglesia del Arcángel Miguel, pero, tras unos nueve años, San Simeón el Estilita se le apareció en una visión y le ordenó que imitara su lucha ascética sobre un pilar. Los restantes treinta y tres años de su vida los pasó en diferentes temporadas sobre tres pilares, uno detrás de otro. Permanecía inamovible en cualquier circunstancia meteorológica, y una vez uno de sus discípulos lo encontró cubierto de hielo después de una tormenta de invierno.

Fue consejero de emperadores. El piadoso emperador León el Grande lo amaba fervorosamente y llevaba a sus invitados reales a que lo visitaran. A instancias de San Daniel, las reliquias de San Simeón el Estilita fueron llevadas a Constantinopla desde Antioquía, y en sus días el Emperador León hizo trasladar las reliquias de los Tres Santos Niños desde Babilonia.

San Daniel también defendió a la Iglesia frente al error de los eutiquianos.

Habiendo vivido durante los reinados de los emperadores León, Zenón y Basilisco, Daniel reposó en 490, a la edad de ochenta y cuatro años.

martes, 10 de diciembre de 2019

10/12 - Los Santos Mártires Menas, Hermógenes y Eugrafo


San Menas, según el Sinaxarista, era originario de Atenas. Militar de profesión, era un hombre educado y versado en oratoria, por lo que recibía el sobrenombre de ‘Kalikelados’ («Elocuentísimo»). Eugrafo era su escriba. Ambos era de padres cristianos.

El emperador Maximiano (sucesor de Alejandro Severo), que reinó del 235 al 238, envió a San Menas a Alejandría para emplear su elocuencia con el fin de acabar con cierta disputa que se había ocasionado entre los ciudadanos. San Menas lo consiguió, pero también aprovechó su elocuencia para fortalecer a los cristianos en su fe, lo que, al llegar a oídos de Maximiano, hizo que enviara a Hermógenes, eparca hijo de paganos, para que apartara a Menas de Cristo; sin embargo, ocurrió lo contrario: Hermógenes abrazó la Fe a causa de los milagros obrados por San Menas.

Los Santos Menas, Eugrafo y Hermógenes recibieron la corona del martirio en el año 235.

10/12 - Santa Eulalia de Mérida, Virgen y Mártir


Eulalia nació en Emerita Augusta (Mérida) aproximadamente en el año 292. Algunas fuentes datan su vida vida más tarde, y ponen su martirio en el tiempo del emperador Traiano Decio (249-251). Era hija del senador romano Liberio y tanto ella como toda su familia eran cristianos.

Cuando Eulalia cumplió los doce años apareció el decreto del emperador Diocleciano prohibiendo a los cristianos dar culto a Jesucristo y mandándoles que debían adorar a los ídolos paganos. La niña sintió un gran disgusto por estas leyes tan injustas y se propuso protestar entre los delegados del gobierno.

Viendo su madre y su padre que la joven podía correr algún peligro de muerte si se atrevía a protestar contra la persecución de los gobernantes, se la llevaron a vivir al campo, en una casa situada en las orillas del arroyo Albarregas, pero ella se vino de allá y llegó a la ciudad de Mérida, según la tradición, el 10 de diciembre del año 304, tras una travesía que, según sus biógrafos, estuvo llena de intercesiones milagrosas.

Eulalia se presentó ante el gobernador Daciano y le protestó valientemente diciéndole que esas leyes que mandaban adorar ídolos y prohibían a Dios eran totalmente injustas y no podían ser obedecidas por los cristianos.

Daciano intentó al principio ofrecer regalos y hacer promesas de ayudas a la niña para que cambiara de opinión, pero al ver que ella seguía fuertemente convencida de sus ideas cristianas, le mostró todos los instrumentos de tortura con los cuales le podían hacer padecer horriblemente si no obedecía a la ley del emperador que mandaba adorar ídolos y prohibía adorar a Jesucristo. Y le dijo: "De todos estos sufrimientos te vas a librar si le ofreces este pan a los dioses, y les quemas este poquito de incienso en los altares de ellos". La jovencita lanzó lejos el pan, echó por el suelo el incienso y le dijo valientemente: "Al sólo Dios del cielo adoro; a Él únicamente le ofreceré sacrificios y le quemaré incienso. Y a nadie más".

Entonces el juez pagano mandó que la destrozaran golpeándola con varillas de hierro y que sobre sus heridas colocaran antorchas encendidas. La hermosa cabellera de Eulalia se incendió y la jovencita murió quemada y ahogada por el humo.

Dice el poeta Prudencio que al morir la santa, la gente vio una blanquísima paloma que volaba hacia el cielo, y que los verdugos salieron huyendo, llenos de pavor y de remordimiento por haber matado a una criatura inocente. La nieve cubrió el cadáver y el suelo de los alrededores, hasta que varios días después llegaron unos cristianos y le dieron honrosa sepultura al cuerpo de la joven mártir. Allí en el sitio de su sepultura se levantó un templo de honor de Santa Eulalia, y dice el poeta que él mismo vio que a ese templo llegaban muchos peregrinos a orar ante los restos de tan valiente joven y a conseguir por medio de ella muy notables favores de Dios.

El culto de Santa Eulalia se hizo tan popular que san Agustín hizo sermones en honor de esta joven santa.

Martirios

De madrugada, antes de la salida del sol, llegó a la ciudad, y, valerosa, se presentó ante el tribunal, en medio de cuyos lectores vociferó a los magistrados: "Decidme, ¿qué furia es esa que os mueve a hacer perder las almas, a adorar a los ídolos y negar al Dios criador de todas las cosas? Si buscáis cristianos, aquí me tenéis a mí: soy enemiga de vuestros dioses y estoy dispuesta a pisotearlos; con la boca y el corazón confieso al Dios verdadero. Isis, Apolo, Venus y aun el mismo Maximiliano son nada: aquéllos porque son obra de la mano de los hombres, éste porque adora a cosas hechas con las manos. No te detengas, pues, sayón; quema, corta, divide estos mis miembros; es cosa fácil romper un vaso frágil, pero mi alma no morirá, por más acerbo que sea el dolor",

Airado sobremanera el pretor al oír tales requerimientos, ordenó furioso: "Lector, apresa esta temeraria y cúbrela de suplicios para que así sepa que hay dioses patrios y que no es cosa baladí la autoridad del que manda", Pero inmediatamente, como volviendo sobre sí, dijo el pretor a Eulalia: "Mas, antes de que mueras, atrevida rapazuela, quiero convencerte de tu locura en lo que me es posible. Mira cuántos goces puedes disfrutar, qué honor puedes recibir de un matrimonio digno. Tu casa, deshecha en lágrimas, te reclama: gimiendo estará la angustiada nobleza de tus padres, puesto que vas a caer, tan tiernecita, en vísperas de esponsales y de bodas. ¿O es que no te importan las pompas doradas de un lecho ni el venerable amor de tus ancianos padres, a quienes con tu obstinada temeridad vas a quitar la vida? Mira, ahí están preparados los instrumentos del suplicio: o te cortarán la cabeza con la espada, o te despedazarán las fieras, o se te echará al fuego, y los tuyos te llorarán con grandes lamentos, mientras tú te revolverás entre tus propias cenizas. ¿Qué te cuesta, di, evitar todo esto? Con que toques tan sólo con la punta de tus dedos un poco de sal y un poquito de incienso, quedarás perdonada".

Pero Eulalia nada respondió, sino que, arrebatada de indignación, escupió al rostro del pretor, arrojó al suelo los ídolos que tenía delante de sí, y de un puntapié echó a rodar la torta sacrifical puesta sobre los incensarios.

Inmediatamente dos verdugos se aprestaron a desgarrar sus tiernos pechos y los garfios abrieron sus virginales costados hasta llegar a los huesos, mientras Eulalia tranquilamente contaba sus heridas.

Al contemplar aquella carnicería, Eulalia decía al Señor sin lágrimas ni sollozos: "He aquí que escriben tu nombre en mi cuerpo. ¡Cuán agradable es leer estas letras, que señalan, oh Cristo, tus victorias! La misma púrpura de mi sangre exprimida habla de tu santo nombre".

Y tan abstraída estaba la mártir en su oración, que el dolor atroz que debían causarle aquellos tormentos pasaba totalmente desapercibido, a pesar de que sus miembros, regados con tierna sangre, bañaban de continuo la piel con nuevos borboteos calientes.

Ante aquella intrepidez, los esbirros se dispusieron a aplicarla el último tormento; mas no se contentaron con propinarla azotes que la desgarraran fieramente la piel, que sería poco, sino que la aplicaron por todas partes, al estómago, a los flancos, hachones encendidos. Pero, así que la perfumada cabellera que se deslizaba ondulante por el cuello y se desparramaba suelta por los hombros para cubrir la pudibunda castidad y la gracia virginal de la mártir tocó el chisporroteo de las teas, la llama crepitante voló sobre su rostro, nutriéndose con la abundante cabellera, y la envolvió por completo. Y la virgen, deseosa de morir, se inclinó hacia la llamarada y la sorbió con su boca.

Y, ¡oh maravilla!, he aquí que de su boca salió, rauda, una paloma más blanca que la nieve, que, hendiendo el espacio, tomó el camino de las estrellas: era el alma de Eulalia, blanca y dulce como la leche, ágil e incontaminada. Así lo vieron estupefactos y dieron de ello testimonio el verdugo y el mismo lictor al huir aterrorizados y arrepentidos. La Virgen torció delicadamente el cuello a la salida del alma; apagóse el fuego de la hoguera, y, por fin. quedaron en paz los restos exánimes de la mártir. Todo esto acaeció un día 10 de diciembre.

El cielo cuidó en seguida de velar por el tierno cuerpo de aquella virgen y rendirle las debidas honras fúnebres, porque al punto cayó una nevada que cubrió el foro, y en él el cuerpecito de Eulalia, que yacía abandonado en la helada intemperie como para protegerlo con una grácil mantilla blanca.

Tal es la primorosa descripción que nos dejó Prudencio del martirio de Eulalia de Mérida, en admirable coincidencia con las actas que sobre estas mismas hazañas escribiera un testimonio ocular.

Sigilosamente se aprestarían los cristianos de Mérida a rescatar las preciosas reliquias de aquella intrépida niña que con su muerte acababa de dar tan espléndido testimonio de la fe. Embalsamarían delicadamente su cuerpo y le darían sepultura precisamente en aquel mismo lugar donde pasada la tremenda borrasca de la persecución, se levantó una espléndida basílica, cuyo mármol bruñido -según testimonio de Prudencio, que la vio- iluminaba con cegadores resplandores sus atrios, donde los resplandecientes techos brillaban, con áureos artesonados y los pavimentos de mármol jaspeados daban al peregrino la sensación de pasear en un prado en que se entremezclaban y combinaban las rosas con las demás flores. Y con un lirismo exultante termina el poeta su descripción: "Fuera las lágrimas dulzonas y melindrosas... Cortad, vírgenes y donceles, purpúreas amapolas, segad los encendidos azafranes: no carece de ellos el invierno fecundo, pues el aura tépida despierta los campos para llenar de flores los canastillos. Ofreced, ¡oh jóvenes!, estos presentes, que yo, en medio del corro también quiero llevar una corona en estrofas de poesía, vil y ajada, pero alegre y festiva. Así conviene venerar los huesos que yacen bajo el altar; ella mientras tanto, a los pies de Dios, ve todo esto e intercede, benévola, por nosotros".


Fuente: Wikipedia

lunes, 9 de diciembre de 2019

09/12 - Concepción por Santa Ana de la Santísima Madre de Dios


De la madre de la Santísima Virgen María no hay referencias algunas en los Evangelios ni en los restantes escritos del Nuevo Testamento. Lo que conocemos es por la Santa Tradición. Según estas narraciones, el sacerdote Matán, residente de Belén, tuvo tres hijas: Maria, Sobi y Ana. Maria, luego de casarse en Belén, dio a luz a Isabel, madre de Juan el Bautista; Ana se caso con Joaquín de Galilea, y luego de muchos años tuvieron a la Santísima Virgen María. La tradición nos relata que los padres la consagraron al servicio del templo de Jerusalén a la edad de tres años, y ellos después de pocos años murieron.

Santa Ana era honrada desde la antigüedad; esto lo concluimos por escritos de varios Padres de la Iglesia y también de himnos eclesiásticos antiguos en honor a la madre de la Virgen Maria. También existen referencias del año 550 en el sentido de que emperador Justiniano consagró un templo en Constantinopla en su honor. Pidamos las intercesiones de Santa Ana para la salvación de nuestras almas.

Sumado a los himnos de los oficios, existen íconos y frescos de esta fiesta que los fieles veneran y besan, y que muestran a la santa pareja en un abrazo de amor dentro de su cámara nupcial. María es concebida por sus padres de la misma manera que todos nosotros somos concebidos. Pero en su caso es un acto puro de fe y de amor, en obediencia a la voluntad de Dios y como una respuesta a la oración. En este sentido su concepción es realmente “inmaculada”. Y su fruto es la mujer que por siempre es la purísima Virgen y Madre de Dios. 


Fuente: Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Buenos Aires y Sudamérica (Patriarcado Ecuménico) / Arquidiócesis de Buenos Aires y Toda la Argentina (Patriarcado de Antioquía y Todo el Oriente)
Adaptación propia

09/12 - Santa Leocadia, Virgen y Confesora


Según la tradición, Leocadia nació en Toletum (actual Toledo, España) en torno al siglo IV de nuestra era, y era hija de padre griego y madre hispana. Siendo joven, decidió consagrar su virginidad a Dios, y a partir de ese momento sólo llevó vestiduras negras como símbolo de austeridad y rechazo a los placeres del mundo.

Al parecer, era bien conocida por su fervor y piedad en la ciudad, porque a la llegada del pretor Daciano, quien supuestamente había sido enviado a la Península por el emperador Diocleciano para hacer cumplir el edicto de sacrificio a los dioses, fue inmediatamente delatada. Llevada ante el pretorio, se le exigió que ofreciera sacrificio a los dioses tal y como ordenaba el edicto, a lo cual se negó. Por eso, fue desnudada y azotada con 'plumbea' (látigos reforzados en los extremos con bolas de plomo) hasta que aceptase sacrificar, y, como tal cosa no ocurrió, fue arrojada al calabozo.

Parece que, después de ello, Daciano perdió interés en ella, porque partió a Mérida, dejándola allí sin dar nuevas órdenes al respecto. En la prisión, se mortificó con penitencia y trazó una cruz en la pared para orar ante ella y besarla. Algunas versiones dicen que tocó con los dedos la piedra y ésta se hundió milagrosamente bajo éstos; otras, que lo hizo rascando la pared con sus cadenas, y otras, que la dibujó usando la sangre que le manaba de las heridas como tinta.

Falleció en aquella celda a consecuencia de sus heridas, poco después de saber que una niña de Mérida, Eulalia, había sido también torturada y ejecutada (nótese que, mientras la fiesta de Santa Leocadia es el 9 de diciembre, la de Santa Eulalia de Mérida es el 10, lo que supondría que Leocadia no sobrevivió más de un día a las lesiones producidas por la tortura). Su cuerpo fue arrojado a un vertedero para que las alimañas dieran cuenta de él, pero fue enseguida rescatado por la comunidad cristiana de Toledo, que lo llevó a enterrar.

Uno de los eventos más destacables fue el prodigio conocido como “El Milagro de Santa Leocadia”, que ocurrió en tiempos de San Ildefonso. Se dice que los reyes habían solicitado un trozo del velo de la Santa para venerarlo como reliquia, y para allá se fueron con gran pompa, en la catedral de Toledo, para conseguir lo solicitado. Mandó Ildefonso abrir la tumba y, cuando se inclinaba para tocar el cuerpo de la mártir, este de repente se animó, y ante la vista de él, de los reyes y del resto de los presentes, Leocadia abrió los ojos, se levantó y entregó ella misma el trozo de velo al arzobispo, para luego volver a yacer exánime en su sepulcro.

Y finalmente, por lo que respecta a las reliquias, he de decir que éstas se guardan en algunos relicarios muy ricos en la catedral de Toledo. El que contiene la mayor parte del cuerpo de la mártir está en la catedral y algunos huesos están en relicarios menores en el tesoro de la misma.

Meldelen



domingo, 8 de diciembre de 2019

X Domingo de Lucas. Evangelio de la Divina Liturgia


Lc 13,10-17: Enseñaba Jesús en una sinagoga en sábado, y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: —Mujer, eres libre de tu enfermedad. Puso las manos sobre ella, y ella se enderezó al momento y glorificaba a Dios.  Pero el alto dignatario de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiera sanado en sábado, dijo a la gente: — Seis días hay en que se debe trabajar; en estos, pues, venid y sed sanados, y no en sábado. Entonces el Señor le respondió y dijo: — ¡Hipócrita!, ¿no desatáis vosotros vuestro buey o vuestro asno del pesebre y lo lleváis a beber en sábado?  Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en sábado?  Al decir él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; pero todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él.

sábado, 7 de diciembre de 2019

07/12 - Ambrosio, Obispo de Milán


Este Santo nació en las Galias en el año 340, y era miembro del Senado Romano.

Tras la muerte de Aujencio, el obispo arriano de Milán, surgió una violenta disputa entre los ortodoxos y los arrianos por su sucesión. Ambrosio, deseando como gobernador de la provincia restaurar la paz, intentó mediar entre ellos. Mientras hablaba al pueblo, persuadiéndoles elocuentemente a elegir a un nuevo obispo sin tumultos ni desórdenes, un niño pequeño, divinamente inspirado, exclamó de repente: «¡Ambrosio obispo!». Para su gran sorpresa y consternación, el pueblo hizo suyo inmediatamente este grito y, a pesar de sus muchas protestas, nuestro héroe fue elevado al trono episcopal de Milán el 7 de diciembre de 374.

Gran Padre de la Iglesia, Ambrosio escribió muchas obras en latín, y destacó tanto como incansable opositor del arrianismo como como audaz acusador de los emperadores cuando transgredían la ley de Dios.

Habiendo vivido cincuenta y siete años, reposó el 4 de abril de 397, víspera de Pascua.

viernes, 6 de diciembre de 2019

06/12 - Santo Jerarca Nicolás el Taumaturgo


Este santo, tan conocido en el mundo entero, era el único hijo de sus padres, los ricos y eminentes Teófanes y Nona, ciudadanos de Pátara en Licia. Dedicaron a Dios el único hijo que Él les dio.

San Nicolás fue instruido en la vida espiritual por su tío Nicolás, obispo de Pátara, y se hizo monje en “Nueva Sión”, un monasterio fundado por su tío.

Tras la muerte de sus padres, Nicolás distribuyó toda su herencia a los pobres, no guardando nada para sí. Como sacerdote en Pátara, fue conocido por sus obras caritativas, cumpliendo las palabras del Señor: “No sepa tu izquierda lo que hace tu derecha” (Mt 6:3).

Cuando abrazó una vida de soledad y silencio, pensando vivir de esa manera hasta su muerte, una voz en del cielo le dijo: “Nicolás, dedícate a tu trabajo entre el pueblo si deseas recibir una corona de mí”. Inmediatamente después de esto, en la providencia maravillosa de Dios, fue elegido como arzobispo de la ciudad de Mira en Licia.

Misericordioso, sabio y audaz, Nicolás fue un verdadero pastor de su rebaño. Fue encarcelado durante las persecuciones de Diocleciano y de Maximiano, pero aún allí continuaba instruyendo al pueblo en la Ley de Dios.

Estuvo presente en el Primer Concilio Ecuménico en Nicea en el 325 d. C., y en su celo le dio una bofetada a Arrio. Por esto, fue removido del Concilio y de sus deberes episcopales, hasta que algunos de los principales jerarcas tuvieron una visión de Nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre que demostraban su acuerdo con Nicolás.

Este maravilloso santo fue un defensor de la verdad de Dios, y fue siempre un vigoroso paladín de la justicia entre el pueblo. En dos ocasiones, salvó a tres hombres de sentencias injustas de muerte.

Compasivo, digno de confianza y amante de lo justo, caminaba entre el pueblo como un ángel de Dios. La gente lo consideraba un santo aún durante su vida, e invocaban su ayuda en tormentos o aflicciones. Él aparecía en sueños y en persona a los que invocaban su ayuda, respondiéndoles rápidamente, aunque estuvieran cerca o lejos. Su rostro resplandecía como el de Moisés en la antigüedad, y su mera presencia entre la gente traía consuelo, paz y buena voluntad.

En edad avanzada enfermó brevemente, yendo a su descanso en el Señor tras una vida repleta de trabajos y frutos. Ahora goza de felicidad eterna en el Reino de los Cielos, y continúa ayudando a los fieles en la tierra con sus milagros, y propagando la gloria de Dios. Entró en su descanso el 6 de diciembre del 343 d. C.


Fuente: Arquidiócesis de Buenos Aires y Toda la Argentina (Patriarcado de Antioquía y Todo el Oriente)

jueves, 5 de diciembre de 2019

05/12 - Sabas el Santificado


Este Santo nació en el año 439 en Mutalasca, pueblecito de Capadocia. 

Emprendió la vida monástica desde la infancia y fue discípulo de Eutimio el Grande, maestro de novicios y doctor del desierto. Sabas se convirtió en Padre Espiritual de muchos monjes e instructor de los monasterios de Palestina, y fue nombrado archimandrita de los moradores del desierto de Palestina por el Patriarca de Jerusalén.

En su vejez fue a Constantinopla, a los Emperadores Anastasio y San Justiniano el Grande, en nombre de la Fe Ortodoxa y de los dogmas del Concilio de Calcedonia.

Habiendo vivido noventa y cuatro años, reposó en el 533. El Tipicón de los oficios eclesiásticos tuvo su origen en el monasterio establecido por este Justo.

domingo, 1 de diciembre de 2019

XIV Domingo de Lucas. Evangelio de la Divina Liturgia



Lc 18,35-43: Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía. Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. El ciego se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!». Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó: ¿Qué quieres que haga por ti?». «Señor, que yo vea otra vez». Y Jesús le dijo: «Recupera la vista, tu fe te ha salvado». En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios.

sábado, 30 de noviembre de 2019

30/11 - Santo Apóstol Andrés el Protóclito (Primer Llamado)



El santo Andrés, el primer apóstol llamado por Cristo, fue hijo de un hebreo de nombre Jonás y hermano del preeminente santo apóstol Pedro; y nació en el pueblo galileo de Betsaida. Desdeñando la vanidad de este mundo y prefiriendo la castidad al matrimonio, renunció a casarse; y habiendo oído que el santo Precursor Juan predicaba el arrepentimiento por el Jordán, abandonó todo y se fue con él para convertirse en su discípulo. Cuando el santo Precursor, señalando a Jesús que estaba ahí pasando, le dijo: "He ahí el Cordero de Dios" (Juan 1:36), San Andrés, junto a otro discípulo del Precursor (de quien muchos piensan que se trata del evangelista Juan), abandonó al Bautista para seguir a Cristo. Buscó a su hermano Simón Pedro y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías" (que traducido, es el Cristo, verso 41), y lo llevó donde Jesús. Después, cuando estaba pescando con Pedro a lo largo de la costa del mar de Galilea, y Jesús los llamó, diciendo: "Seguidme, y os haré pescadores de hombres" (Mateo 4:19), Andrés dejo inmediatamente sus redes y siguió a Cristo junto con su hermano Pedro (verso 20). A Andrés se lo conoce como el Primer Llamado porque fue el primer seguidor y discípulo de Jesús antes que cualquiera de los apóstoles.

Cuando, después de la pasión voluntaria del Señor y su resurrección, el santo Andrés, con los demás apóstoles, recibió el Espíritu Santo, quien descendió en él en forma de una lengua de fuego, y cuando entre ellos se dividieron los países, a Andrés le tocó difundir el Evangelio en Bitinia, Propontis, Calcedón, Bizancio, Tracia, Macedonia, en toda la región del Mar Negro y el río Danubio, así como en Tesalia, Helas, Acaya, Amiso, Trapezo, Heracles y Amastris. El santo apóstol pasó por todas estas tierras y ciudades, predicando la fe cristiana, debiendo en cada lugar pasar por muchas aflicciones y dolor; pero, fortalecido por la omnipotente ayuda de Dios, soportó alegremente todas estas tribulaciones por Cristo.

En Amiso, ciudad al oriente del Mar Negro y a unas 76 millas de Sinope, el apóstol encontró a muchos judíos que estaban sumidos en la ignorancia espiritual y la impiedad. No obstante esto, la gente de ese lugar se sentía complacida en ofrecer su hospitalidad, recibiendo a todos los viajeros foráneos en su ciudad y sus hogares y dándoles lo necesario mientras podían. Así, cuando el santo Andrés llegó a Amiso, lo acogió cierto judío en su casa. Entonces el santo le hizo saber sobre cómo convertiría allí a una gran cantidad de personas.

A la mañana siguiente, el apóstol fue a la sinagoga de los judíos, donde le preguntaron directamente quién era, por qué había venido donde ellos, y qué era lo que predicaba. El santo Andrés, les habló sobre las enseñanzas de Jesús, y de Moisés y los profetas, y les demostró que Jesús era el Mesías predicho por los profetas y les señaló que Él venía a salvar a la humanidad. Entonces, ¡Oh milagro! Se cumplió la palabra de Cristo, quien dijo: "Os haré pescadores de hombres" (Mateo 4:19). Los judíos escucharon con atención las palabras y la enseñanza del apóstol de Cristo e inmediatamente se arrepintieron, creyeron y se bautizaron, convirtiéndose en siervos de nuestro Señor. Después, llevaron donde el apóstol a todos sus enfermos, a quienes él sanó de todas las enfermedades que los afligían. Así, el santo apóstol no solamente era médico de cuerpos, sino que también de almas. En ese lugar edificó una iglesia y ordenó a uno de ellos al sacerdocio.

De Amiso, se trasladó a Trapezo, donde enseñó y bautizó a muchos conversos, así como ordenó a sacerdotes. Lo mismo hizo también en Laziki, en donde innumerables griegos y judíos se convirtieron a Cristo. Luego se decidió ir a Jerusalén, no sólo por la fiesta de Pascua que se acercaba, sino porque deseaba ver a su hermano Pedro. También tenía gran deseo de ver al apóstol Pablo, de quien sabía que iba a ser el apóstol ante los gentiles. Así, regresó a Efeso con San Juan el Teólogo, a quien le había tocado trabajar en esa ciudad; pero cuando llegó a dicho Jugar, recibió una revelación de Dios instruyéndole ir y predicar el Evangelio en Bitinia. Inmediatamente partió a la ciudad de Nicea, en donde enseñó a muchos griegos y judíos y realizó milagros, llegando estos a convertirse a Cristo. Allí también, sanó al instante a muchos enfermos y con su bastón de hierro, el cual llevaba el emblema de la cruz, expulsó a algunas de las bestias salvajes que agobiaban a las personas y mató a otras bestias de esa clase. Por otra parte, destruyó los cimientos de los templos paganos dedicados a las falsas deidades Afrodita y Artemisa.

Entre tanto, los griegos que se habían resistido a las enseñanzas del apóstol fueron poseídos por malos espíritus, los cuales entraron en ellos y los atormentaron como justo pago por su obstinación y descreimiento; estos quedaron tan vejados que comenzaron a morderse su propio cuerpo. No obstante, Andrés, como discípulo de Quien había llegado para salvar a los pecadores, se apiadó de ellos y expulsó a los demonios de ellos; entonces, oh milagro, ellos comenzaron a creer y se bautizaron. El apóstol se quedó dos años en Nicea, ciudad para la cual ordenó a un sacerdote. Después se trasladó a Nicomedia, que era una ciudad populosa, donde bautizó a griegos; antes de trasladarse a Calcedón, cercano a Proponto; a Escutari, cerca de Bizancio; y, finalmente, a Neocastra, en donde convirtió y bautizó a muchos. También viajó a Pontoheráclea; y de allí, a Amastrida, ciudad de la provincia de Bitinia, y sus alrededores. Luego de ordenar allí a sacerdotes, viajó a Sinope, ciudad de Ponto, a donde se dice que su hermano Pedro fue a verlo. Hasta hoy, los cristianos de Sinope muestran dos tronos de mármol en donde, según afirman ellos, — se sentaron estos apóstoles. Ellos muestran también un antiguo Icono del santo apóstol Andrés que hace milagros.

Pero antes que llegara Andrés, ya había ido a Sinope el apóstol Matías, uno de los doce, quien fue escogido para tomar el lugar de Judas. Pero apenas hubo comenzado a predicar en esa ciudad, fue encarcelado. Cuando el apóstol Andrés llegó y oyó que su condiscípulo estaba en la prisión, rezó por su bien, entonces los grilletes con que Matías estaba atado se soltaron al instante y se abrió el portón de la prisión, de donde salió libre. Sin embargo, por ese tiempo Sinope estaba poblado por gente feroz y descreyente. Cuando vieron que Andrés había vulnerado la firmeza de su prisión, lo rodearon; algunos pedían quemar la casa donde permanecía, otros planeaban cómo lo tomarían. Finalmente, lo agarraron de las manos y pies y, empujándolo, lo condujeron por el camino, golpeándolo entre tanto sin piedad. Al salir de la ciudad, lo arrojaron a un lugar lleno de estiércol, confiando en que hubiese muerto a causa del maltrato. Sin embargo, el apóstol soportó pacientemente todos estos abusos, emulando a su maestro, Cristo. Entonces, el Señor no permitió que su discípulo continuara en mal estado y padeciendo de esta manera, por lo cual se le apareció para sanarlo y exhortarle a tener buen ánimo. A pesar que esta gente bárbara le habían roto al apóstol los dientes y cortado los dedos, éste recuperó completamente su salud. Después de bendecirlo y pedirle que no cesara en sus esfuerzos para enseñar y convertir a los impíos, el Salvador ascendió a los cielos.

A la mañana siguiente, el apóstol regresó muy temprano a Sincope; lleno de salud, sin ningún rastro de heridas o golpes en su cuerpo y con un semblante lleno de gozo y alegría. Los habitantes del lugar se maravillaron enormemente por la resistencia sobrehumana y por el gran milagro que había obrado Cristo; porque estaban convencidos de la muerte del apóstol. Pero ahora, todos vieron que sus heridas desaparecieron durante la noche, por lo cual se arrepintieron y se postraron ante Andrés, pidiéndole perdón. Entonces él les enseñó la palabra de la verdad y los bautizó en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, porque ellos aceptaron la fe cristiana y creyeron en el salvador y redentor de su cuerpo y su alma. En esa ocasión, el santo apóstol realizó un maravilloso milagro. Cierta mujer, cuyo único hijo había sido asesinado por un enemigo, se postró ante el apóstol, confesando su creencia en Cristo con todo su corazón y toda su alma. Apiadado, el santo resucitó a su hijo de entre los muertos, a fin que el recién convertido pudiera conocer al verdadero Dios. Al ver esto, todos los demás también se convirtieron.

Después de ordenar sacerdotes, el divino apóstol visitó por segunda vez Amiso y Trapezo, para bautizar a las pocas personas restantes que habían renunciado a su falsa concepción. De paso a Samosata, fue a Neocesárea, en donde muchos griegos se consideraban a sí mismos como los hombres más sabios de la tierra. No obstante ello, la sabia predicación del apóstol cortó el razonamiento helénico de sus rétores como si fuera una tela de araña, mostrándoles su engaño; entonces ellos se convencieron tanto por las palabras como de los milagros del santo y todos se arrepintieron y recibieron el bautismo. Después, se trasladó a Jerusalén para reunirse con los demás apóstoles y celebrar la Pascua cristiana. Allí convocaron a un sínodo, el cual es mencionado en el libro de los Hechos de los Apóstoles, según señala el divino evangelista Lucas: "Entonces se reunieron los apóstoles y los ancianos para considerar este asunto (sobre si era necesario circuncidar a los conversos)" (Hechos 15:6).

Después de la fiesta de Pascua, el santo Andrés, acompañado por los apóstoles Matías y Tadeo, partió hacia la ciudad de Corasán, en la región colindante con Mesopotamia. Andrés, sin embargo, se quedó con ellos sólo por unos días, dejándolos para que predicasen en esa región; en tanto que él continuó hacia el oriente del Mar Negro, a Alani y los Abasgianos. En las ciudades de estos lugares, convirtió a muchos a la fe cristiana. Después visitó los pueblos de Cigi, Bósforo y los estrechos de Kafa; en donde se quedó por mucho tiempo predicando y enseñando a todos, por lo cual muchos comenzaron a creer en Cristo y se bautizaron. Su siguiente centro de actividad fue la ciudad de Bizancio, en donde realizó muchos milagros e instruyó a muchos en el conocimiento de Dios. En realidad, el pueblo de Bizancio no solamente abrazó la luz de la verdad, sino que edificó incluso una imponente iglesia en honor a la santísima Madre de Dios. El apóstol consagró como obispo de ese lugar a Estaquio, uno de los setenta apóstoles, a quien San Pablo menciona en su Epístola a los Romanos (ver Romanos 16:9). Posteriormente viajó a la cercana Heráclea de Tracia, que está situado al oeste de Bizancio, convirtiendo allí a muchos hacia la fe ortodoxa y ordenando como obispo a Apeles.

Posteriormente, realizando labores apostólicas y pasando penurias al difundir el evangelio de Cristo, Andrés viajó por Ponto, a orillas del Mar Negro, y luego por Sitia y Quersones. Gracias a la Divina Providencia, llegó al río Dnieper en la tierra de Rusia; deteniéndose en la orilla del mismo, bajo las colinas de Kiev, se quedó a descansar allí. Cuando despertó en la mañana, les dijo a sus discípulos que lo habían acompañado: "Creedme, en estas colinas brillará la gracia de Dios. Aquí habrá una gran ciudad y el Señor edificará muchas iglesias e iluminará toda la tierra rusa con el sagrado bautismo." Después subió a la cima de las colinas, en donde, después de bendecirlas, plantó una cruz, profetizando que los habitantes de ese lugar recibirían la fe de la sede apostólica que él había establecido en Bizancio.

Luego de visitar por las ciudades rusas que quedaban hacia el norte, en donde ahora se encuentra Novgórod el Grande, viajó a Roma. Después se trasladó a la región griega de Epiro y a Tracia, lugares en donde reafirmó a los cristianos en su fe y ordenó obispos y guías para ellos. Habiendo pasado por muchos países, llegó hasta el Peloponeso y en la ciudad acayana de Patras se hospedó donde cierto respetable hombre llamado Sosio. Lo levantó de su lecho de enfermo y luego convirtió a toda la ciudad de Patras a Cristo.

Por esa ocasión, Maximilia, quien era mujer del procónsul Egeates, cayó presa de una dolorosa aflicción a los ojos. A pesar de visitar a todos los médicos, no se mejoró en nada con las recetas de éstos y lo único que consiguió fue gastar casi todo su caudal en honorarios y medicamentos. Egeates, viendo el manifiesto empeoramiento de su esposa, cayó en la desesperación, porque ni con su gran riqueza podía comprar la salud de ella. Cuando Maximilia ya estaba cerca de morir, él quedó tan abatido que comenzó a pensar en suicidarse.

Uno de sus parientes, sin embargo, se acordó del apóstol, porque éste le había curado las manos antes; entonces fue apresuradamente en busca de su ayuda para la mujer de su amo. Cuando el santo llegó, éste le colocó la mano sobre ella y le devolvió la salud de inmediato, pudiendo ella levantarse de su lecho.

Viendo Egeates este milagro, trajo una gran suma de dinero y se la colocó a los pies del santo. El se arrodilló para rogarle que aceptara el ofrecimiento en gratitud por la curación; pero el apóstol, deseando sólo el arrepentimiento de la gente de Acaya y Patras, rechazó el dinero y cualquier otra recompensa. Le dijo a Egeates: "Nuestro Maestro ha dicho: de gracia recibisteis, dad de gracia" (Mateo 10:8), y después le enseñó muchas cosas más antes de partir.

Cuando pasaba por la ciudad, encontró en su camino a un paralítico que había sido privado de sus miembros. Su infortunio era realmente grande, porque nadie se preocupaba de él ni se apiadaba de su estado. Pero el apóstol se conmovió y le colocó su mano derecha encima del desdichado; éste se levantó y comenzó a caminar. a causa de esto, el nombre del santo se hizo conocido por toda la ciudad. Muchos de los enfermos acudían donde él y se postraban ante sus pies; y él los sanaba a todos. A los ciegos los sanaba mediante la imposición de manos; otros sufrían de lepra o de otras horribles enfermedades, pero él los purificaba y sanaba. Por otra parte, a todos los conversos los bautizaba en el mar, en el nombre de la santísima Trinidad. Por esos tiempos, en las afueras de la ciudad había leprosos que vivían en las arenas; cuando éstos supieron del santo Andrés, comenzaron a creer y se sanaron de su mal. Uno de ellos, que se llamaba Job, fue bautizado y después siguió al apóstol por todas partes, proclamando a viva voz el poder del santo y de la fe cristiana, como si fuese un heraldo. Gracias a la enseñanza de Andrés y a sus numerosos milagros, los habitantes de Patras llegaron a conocer al Dios verdadero. El santo se regocijó por esto y se puso extremadamente contento por la salvación de estas almas y siguió glorificando a Dios, el dador de todas las cosas buenas.

Los mismos cristianos demolieron los templos de los ídolos y destruyeron las imágenes que había en estos. Algunos de ellos juntaron un gran tesoro y lo pusieron a los pies de Andrés. El apóstol de Cristo rechazó su ofrecimiento, pero reconoció su atención y buena voluntad. A los que reunieron los caudales, les ordenó distribuirlos entre los pobres y los mendigos, pero dejando una parte para la construcción de la iglesia a donde los cristianos pudiesen entrar para glorificar a Dios. Con el tiempo se edificó una magnífica iglesia, a donde todos acudían para escuchar las dulces enseñanzas del santo, cuando éste les hablaba del significado de las escrituras y las sagradas profecías, demostrando que Cristo era el único Dios, el cual descendió de los cielos y se encarnó a través de la santísima Madre de Dios y la siempre Virgen María, para la salvación de la humanidad.

Poco después, el mencionado procónsul Egeates viajó a Roma para informarle al César sobre su administración y recibir de éste más instrucciones. En su ausencia, dejó como regente a su hermano Estrátocles, quien era un hombre sabio y se dedicaba a las matemáticas. Como éste vivía en Atenas, durante su viaje a Patras, uno de sus fieles siervos, a quien él quería como a un hermano por ser sensible y sincero, sufrió un violento ataque epiléptico, ocasionado por la acción de los demonios. El muy angustiado Estrátocles comenzó a llorar, porque ningún médico era capaz de ayudar al infortunado. Al saber esto su cuñada Maximilia, lo invitó a su casa, donde le dijo: "Cuñado, es imposible que tu siervo se sane, ni siquiera con todas las ayudas de los médicos y todas las medicinas de este mundo. En realidad, estás perdiendo tu dinero en vano. Sin embargo, en la ciudad tenemos a un médico de fuera, llamado Andrés, quien cura todas las enfermedades y no cobra nada. Si quieres, ve donde él. Confío en que curará de inmediato a tu siervo de esta penosa enfermedad. Yo misma estuve gravemente mal, pero no pudieron salvarme ni siquiera una miríada de sacrificios a los dioses ni ningún médico o medicina; sin embargo, este médico me sanó inmediatamente solamente mediante su palabra." Entonces el sabio y erudito Estrátocles de Atenas mandó a llamar al santo, y cuando éste apenas entró en la casa, oh milagro, los demonios se alejaron y el siervo recuperó su salud. Cuando Estrátocles y Maximilia vieron el milagro, repudiaron sin demora su antigua impiedad y comenzaron a glorificar al Dios verdadero, convirtiéndose en cristianos. Ellos fueron bautizados por el apóstol y se unieron a él para siempre, deseando escuchar cada palabra y enseñanza de la fe cristiana.

No mucho después, Egeates regresó de Roma. Maximilia quería evitar toda relación con su esposo descreyente, pero era imposible guardar para siempre su secreto. Ciertos eunucos y otras personas entonces le dijeron a aquél: "Desde el día de tu partida a Roma hasta ahora, ella no ha tomado sus alimentos, y ha seguido más bien un estricto ayuno. Ella blasfema contra nuestras deidades, prefiriendo adorar al Cristo que el extranjero Andrés anuncia. La verdad que su pensamiento y su corazón están fijos en ese Dios y sólo en Él." Egeates se quedó perplejo y atónito al oír esto; de inmediato los demonios se apoderaron de él y comenzó éste a actuar como si hubiera perdido la razón, profiriendo insultos y amenazas contra el apóstol del Señor. Luego ordenó a su guardia arrestar al santo, en tanto que urdía la manera cómo le daría muerte.

Pero a la medianoche, Estrátocles fue a buscar a Maximilia y ambos fueron apresuradamente a la prisión donde se encontraba el santo, bajo la vigilancia de los centinelas de Egeates. El santo los hizo entrar cuando escuchó el suave toque de la puerta; adentro, los dos se postraron a sus pies, implorando al apóstol que los fortaleciera y los apoyara en la fe verdadera de Cristo. El santo Andrés le aconsejó extensamente y después procedió a ordenar a Estrátocles como obispo de la Antigua Patras. Luego de bendecirlos y enviarlos en paz, él cerró la puerta de la celda mediante el poder de su oración, quedando tan firme como si estuviese con llave. Después se sentó, esperando pacientemente el juicio del perverso Egeates. Entretanto, el procónsul se convenció que era imposible compartir la alcoba con Maximilia, a pesar de sus ruegos y amenazas; por eso, Satanás se apoderó de su corazón y lo cegó de rabia, y al apóstol lo hizo atar a una cruz. Este acontecimiento lo describen los sacerdotes y los diáconos de la tierra acayana de la manera siguiente:

"Todos nosotros, sacerdotes y diáconos de la iglesia de Acaya, estamos escribiendo sobre el sufrimiento del santo apóstol Andrés, el cual vimos con nuestros propios ojos, a todas las iglesias de los cuatro vientos. La paz sea contigo y con todos los que creen en Dios, perfecto en la Trinidad: el verdadero Dios Padre, el verdadero Hijo engendrado, el verdadero Espíritu Santo que proviene del Padre y descansa en el Hijo. Esta fe la aprendimos del santo Andrés, el apóstol de Jesucristo, cuyo sufrimiento, del cual fuimos testigos presénciales, estamos describiendo.

"El antipatro Egeates, cuando llegó a la ciudad de Patras, intentó obligar a los creyentes de Cristo a ofrecer sacrificios a los ídolos. Pero el santo Andrés, apareciendo ante él en el camino, le dijo: "A ti, que erez juez de hombres, te conviene reconocer a tu Juez que está en los cielos y, reconociéndolo, adorarlo; y adorando al verdadero Dios, alejarte de las falsas deidades."Egeates le contestó: "¿Eres tú ese Andrés que destruye los templos de los dioses y seduce a la gente hacia esa mágica religión que sólo recién apareció y que los emperadores de Roma han ordenado extirpar?"

"El santo Andrés le replicó: "En realidad, los emperadores de Roma no reconocen lo que el Hijo de Dios, que bajó a la tierra para la salvación del hombre, dijo a nosotros: Estos ídolos no sólo no son dioses, sino que son demonios inmundos, llenos de maldad con la raza humana, que enseñan a los hombres a odiar a Dios y hacerlo alejar de ellos para que no los escuche. Y cuando Dios se aparta de ellos de ira, los demonios los retienen para hacerlos sus esclavos y engañarlos, hasta que sus almas emerjan desnudas de su cuerpo, poseídas de la nada excepto sus propios pecados."

"Egeates le dijo entonces: "Cuando Jesús predicó estas fábulas y vacías palabras, los judíos lo clavaron a la Cruz." Pero Andrés le replicó: "Oh, si pudieras sólo comprender el misterio de la Cruz, cómo el Creador de la raza humana, en su amor por nosotros, voluntariamente soportó los sufrimientos en la cruz; porque El sabía ya que iba a padecer; profetisó su resurrección al tercer día; en la cena mística anunció que iba a ser traicionado, hablando tanto del futuro como del pasado; y fue por voluntad propia al lugar donde seria entregadoa manos de los judios."

Me asombra, exclamó Egeates — que una persona inteligente como tú sigas a alguien que fue crucificado; lo mismo es si fue voluntaria o involuntariamente. El apóstol le contesto: ‘Grande es el misterio de la cruz; y si te dignaras en escuchar, te lo contaría. Egeate le replicó: "Eso no es ningún misterio, sino sólo la ejecución de un malefactor." Pero el santo Andrés le respondió: "Este misterio es la ejecución de la renovación del hombre; sólo dígnate en escucharme pacientemente. "Lo haré, — le contestó; pero si no haces lo que te ordeno, te haré aplicar el mismo misterio de la cruz." El apóstol le contestó: "Si temiera a la crucifixión, nunca glorificaría la cruz." Egeates le dijo: "Si en tu insanidad alabas a la cruz, en tu audacia no temes a la muerte." El apóstol le replicó: "No temo a la muerte, no por audacia, sino por mi fe; porque preciosa es la Muerte de los santos y funesta es la muerte de los pescadores. Quiero que escuches lo que tengo que decir sobre el misterio de la cruz, para que, reconociendo la verdad, creas; y al creer puedas ganar tu alma." Pero Egeates le dijo: "Tú buscas un alma perdida. ¿Está realmente mi alma perdida como para que ordenes encontrarla mediante la fe? ¿No sé cómo?"

"El santo Andrés le respondió: "Esto es lo que puedes aprender de mí: Te mostraré dónde se pierde el alma de los hombres, para que puedas reconocer la salvación de ella, la cual se ha hecho a través de la cruz. El primer hombre trajo la muerte al mundo a través del árbol de la desobediencia; y fue necesario para la raza humana que esa muerte sea abolida mediante el árbol del sufrimiento. Y como el primer hombre, que trajo la muerte al mundo mediante el árbol de la desobediencia, fue moldeado de tierra pura e inmaculada, entonces era digno que Cristo, el hombre perfecto que al mismo tiempo es el Hijo de Dios que formó al primer hombre, naciera de la Virgen pura, a fin que pudiera restituir la vida eterna que perdieron todos los hombres; y como el priiner hombre pecó, extendiendo sus manos hacia el árbol del conocimiento del bien y del mal, fue digno para la salvación del hombre que el Hijo de Dios extendiera también sus manos hacia la cruz, debido a la incontinencia de las manos de los hombres, y que para la dulce fruta del árbol prohibido tomara la amarga hiel."

"Egeates le respondió: "Di esas cosas a quienes te escuchen. Pero si no me obedeces y si te niegas a ofrecer sacrificios a los dioses, ordenaré que te claven a la cruz que glorificas, luego de haberte hecho azotar con garrote." Andrés le respondió: "Todos los días ofrezco al único, Verdadero y Omnipotente Dios no el humo del incienso, ni la carne de bueyes, ni la sangre de cabras, sino el Inmaculado Cordero que fue ofrecido como sacrificio en el altar de la cruz. Todos los creyentes fieles comulgan de su purísimo Cuerpo y participan de su Sangre, aunque este cordero permanezca entero y vivo, aun cuando sea verdaderamente sacrificado; todos ellos comen realmente su Carne y beben su Sangre, aun cuando, como digo, él siempre permanezca entero, inmaculado y vivo."

Entonces Egeates le dijo: "¿Cómo puede ser una cosa así?" Andrés le respondió: "Si deseas aprender, hazte discípulo a fin que puedas saber lo que preguntes." Egeates le replicó: "Te sacaré esa enseñanza con la tortura." el apóstol le respondió: "Me asombra que un hombre educado como tú, hable irreflexivamente. ¿Podrías aprender de mí los misterios de Dios torturándome? Ya has escuchado hablar sobre el misterio de la cruz y también sobre el misterio del sacrificio. Si llegaras a creer que Cristo, el Hijo de Dios que fue crucificado por los judíos, es el verdadero Dios, te revelaré cómo él vive después de haber muerto y cómo permanece entero en su reino después de haber sido ofrecido como sacrificio y comido."

"Entonces Egeates se enfureció y mandó echar al apóstol a la cárcel. Cuando fue enviado a una mazmorra, de todas partes vino mucha gente en su defensa e intentó matar a Egeates y liberar a Andrés de su reclusión. Pero el santo Andrés se los prohibió, y les dijo reprendiéndolos: "No convirtáis la paz de nuestro Señor Jesucristo en un tumulto diabólico; porque cuando nuestro Señor Jesucristo fue entregado a la muerte, Él mostró una gran paciencia. Él no contradijo, ni clamó, ni su voz fue oída en las calles. Entonces, vosotros debéis también guardar silencio y permanecer tranquilos. Os prohibo ofrecer ninguna oposición a mi martirio, pero sí preparaos como buenos atletas y guerreros de Cristo, a soportar pacientemente toda clase de heridas y torturas en vuestro cuerpo. Si vais a tener que temer tormentos, temed sólo a los que son eternos y sabed que los terrores y amenazas de los hombres son únicamente como el humo: apenas se aparecen, se esfuman. Si vais a tener que temer los sufrimientos, temed sólo a los que comienzan pero que nunca terminan. Los sufrimientos pasajeros, cuando son insignificantes, se soportan fácilmente; y cuando son grandes, terminan rápidamente, liberando el alma del cuerpo. Pero terribles son los sufrimientos eternos. por eso, estad preparados para pasar, mediante los sufrimientos pasajeros, al gozo eterno, donde os regocijaréis, floreceréis y reinaréis con Cristo."

El santo se pasó así la noche entera enseñando a la gente. A la mañana siguiente, Egeatas mandó a llevar a Andrés al tribunal, donde aquél se encontraba y le dijo: "¿Te has resuelto abandonar esta necedad y a dejar de anunciar a Cristo para que puedas compartir nuestra felicidad en esta vida? Porque sería Una gran locura ser torturado y quemado voluntariamente." Pero el santo le replicó: "Preferiría compartir tu felicidad si creyeras en Cristo y rechazaras los ídolos; porque El me ha enviado a esta tierra, donde he ganado para El a no poca gente."

"Entonces Egeates le señaló: "Te haré sacrificar, para que los que han sido engañados por ti puedan abandonar la vanidad de tu enseñanza y ofrezcan sacrificios que agraden a los dioses; porque no hay ciudad en Acaya donde ellos no hayan abandonado los templos de los dioses. Por eso, resulta necesario que se les devuelva, a través tuyo, el honor concedido a ellos, para que las deidades a quienes tú enfureciste, se apacigüen y tú puedas permanecer con nosotros en amor fraterno. Y si no, por deshonrarlos, serás sometido entonces a diversas torturas y serás colgado en una cruz, igual como el que tu glorificas."

El santo replicó a esto: "¡Escucha, oh fruto de la muerte, condenado al tormento eterno! ¡Escucha a este siervo del Señor, apóstol de Jesucristo! Hasta ahora he conversado contigo humildemente, queriendo enseñarte la santa fe, para que tú, como persona inteligente, puedas reconocer la verdad y, rechazando los ídolos, adorar al Dios que vive en los cielos. Pero como sigues obstinado y te imaginas que voy a tener miedo a tus torturas, sométeme a las más terribles torturas que conozcas; porque cuanto más agrade a mi Rey, más penosos serán los tormentos que soportaré por El."

Entonces Egeates ordenó hacer extender al santo y luego azotarlo. Y después de alternarse siete veces quienes lo azotaban, tres por vez, lo hicieron poner de pie al santo y lo llevaron ante el juez. Entonces este le dijo: "Escúchame, oh Andrés, no derrames en vano tu sangre; porque si no me obedeces, te haré crucificar en una cruz."

A este el santo respondió: "Yo soy esclavo de la cruz de Cristo y deseo morir en una cruz. Tú puedes escapar del tormento eterno si, luego de haber probado mi resistencia, creyeras en Cristo; porque tu condenación me duele más que mis propios sufrimientos. Mis padecimientos se acabarán en un día, o a lo mucho en dos; pero los tuyos no se terminarán ni después de mil años. Por eso, no aumentes tus tormentos; ni enciendas en ti el fuego eterno."

Furioso, Egeates ordenó entonces crucificar al santo, con sus manos y pies atados. No quiso hacerlo clavar para que no muriera pronto; porque pensaba que colgándolo atado, podría someterlo a mayores torturas.

Cuando los siervos del tirano lo llevaron al lugar de crucifixión, la gente se agolpó, gritando: Como ha pecado este justo hombre y amigo de Dios? ¿Por qué lo quieren crucificar? Pero Andrés instó a la muchedumbre a no estorbar su sufrimiento; y se fue caminando alegremente hacia su tormento, sin detener un momento su enseñanza. Cuando llegó al lugar de crucifixión, divisó a cierta distancia la cruz que le habían preparado, y exclamó en voz alta: "¡Regocíjate, oh cruz, santificada por la carne de Cristo y adornada con sus miembros como perlas! Hasta que el Señor fue crucificado sobre ti, fuiste algo abominable para los hombres; pero ahora ellos te aman y te abrazan con anhelo: porque los fieles saben del gozo que contienes y de la recompensa que es ofrecida por soportarte. Con valor y alegría voy hacia ti. Acéptame con júbilo, porque soy discípulo del que fue suspendido sobre ti. Recíbeme, porque siempre he querido y deseado abrazarte; oh preciosa cruz, que resibiste de los miembros del Señor el bello y glorioso adorno, belleza largamente deseada y ardientemente querida, que yo busqué sin cesar. Tómame de entre los hombres y entrégame a mi Maestro, para que el que me redimió a través de ti, pueda recibirme.’

Diciendo esto, se quitó su vestimenta y se la dio a sus torturadores. Estos lo subieron a la cruz y le ataron los pies y las manos con cuerdas; así lo crucificaron con la cabeza hacia abajo y lo suspendieron. a su alrededor se agolpó toda una muchedumbre de alrededor de veinte mil personas, entre los que se encontraba Estrátocle, hermano de Egeates, que exclamaba junto con la demás gente, diciendo: Injustamente sufre así este santo. Pero Andrés fortalecía a los que creían en Cristo y les exhortaba a soportar los sufrimientos pasajeros, enseñando que ningún tormento puede compararse con la recompensa ganada mediante éste.

Después la gente fue a casa de Egeates, donde le exclamó: "Este honorable santo y sabio maestro, bondadoso, bueno y humilde, no debe sufrir y debe ser bajado de la cruz; porque, a pesar que ya es el segundo día que está allí, sigue enseñando la verdad."

Entonces Egeates sintió temor e inmediatamente fue junto con ellos donde estaba Andrés para sacarlo de la cruz. Al verlo el santo, le dijo: "¿Por qué razón vienes aquí, Egeates? Si deseas creer en Cristo, el portal de la gracia te será abierto como te lo prometí. Pero si vienes solamente a bajarme de la cruz, no quiero salir de ésta vivo; porque ya estoy viendo a mi Rey, ya lo estoy adorando, ya estoy ante El. Pero estoy sufriendo por ti, porque la eterna perdición preparada para ti te está esperando. Cuídate mientras puedas, a menos que desees comenzar citando ya no puedas hacerlo así ***

Cuando los siervos fueron a desatarlo de la cruz, no pudieron tocarlo; muchos otros trataron de hacerlo, uno tras otro, pero tampoco pudieron, porque sus manos se entumecieron. Entonces el santo Andrés gritó con fuerza: "Oh Señor Jesucristo, no permitas que me bajen de la cruz en la que he sido suspendido en Tu nombre; si no más bien recíbeme, oh Maestro, a Quien he amado, a Quien he conocido, a Quien confieso, a Quien deseo ver, por Quien me he vuelto como soy. Oh Señor Jesucristo, recibe mi espíritu en paz, porque me ha llegado el momento de ir donde Ti, y mirarte a Ti, a quien he deseado tan fervorosamente Recíbeme, oh buen Maestro, y no permitas que me bajen de la cruz antes que tú recibas mi espíritu."

Cuando dijo todo esto, del cielo vino una luz como de relámpago que lo iluminó ante la vista de todos y brilló a su alrededor, de modo que los ojos del impuro no lograron verlo. Esta luz celestial brilló a su alrededor por el espacio de medía hora y cuando desapareció, el santo apóstol entregó su espíritu y partió en medio de la brillante luz, para permanecer delante del Señor.

Cuando Andrés hubo partido donde el Señor, Maximilia, mujer de noble linaje y virtuosa y santa vida, con gran honor postró su cuerpo y, luego de embalsamarlo con costosos ungüentos, se echó en la tumba donde trató de enterrarse.

Egeates se enfureció con la gente, y se puso a planear cómo infligir venganza en ellos y castigar a quienes lo habían abiertamente desafiado. En cuanto a Maximilia, quería denunciarla ante el emperador. Pero en eso, un demonio repentinamente se posó en él y comenzó a atormentarlo; a causa de ello, Egeatos murió en el medio de la ciudad. Citando su hermano Estrátocles se enteró de esto, ordenó que lo enterraran; pero él no tocó nada de la propiedad de éste, diciendo: "Oh mi Señor Jesucristo haz que no toque nada de los tesoros de mi hermano para no mancharme con su pecado; porque él, por amar los vanos bienes se atrevió a matar al apóstol del Señor." Por eso, decidió distribuir todas las riquezas de su hermano a los pobres y los indigentes; y con el mismo dinero, hizo construir una casa diocesana en el lugar donde reposan las reliquias del santo. Con el tiempo, él también descansó como buen pastor del rebaño dotado de razón. Maximilia, asimismo, distribuyó su oro a los pobres; y en un lugar separado, fundó dos monasterios, uno para hombres y otro para mujeres. Después de haber vivido una vida buena y agradable a Dios, ella también partió a las mansiones del cielo.

"Esto ocurrió el último día del mes de noviembre, en la ciudad de Patras, en Acaya, donde desde entonces el pueblo es beneficiado con muchos favores, gracias a las oraciones del apóstol. El temor a Dios estaba en todos y no había nadie que no creyera en nuestro Dios y Salvador, aquel que quiere salvar a todos los hombres y llevarlos al conocimiento de la verdad, a Quien sea para siempre la gloria. Amén."

Después de muchos años, las reliquias del apóstol Andrés fueron trasladadas a Constantinopla por el mártir Artemio, por orden del santo emperador Constantino el Grande, donde fueron guardadas en un relicario junto con las de los santos evangelistas Lucas y Timoteo, discípulo del santo apóstol Pablo, en la más espléndida iglesia de los apóstoles, dentro del altar.

Mediante las oraciones de tu apóstol, oh Cristo Dios, afirma en la ortodoxia a tus fieles siervos y salvanos a todos nosotros. Amén.

Tropario, Tono 4: Como el primer llamado de los apóstoles y hermano del líder, tú. Andrés, suplica al maestro de todos que la paz sea conferida al mundo, y a nuestras almas la gran misericordia.

Contaquio, Tono 2: Alabemos al sinónimo de coraje, que nos habló de Dios, el seguidor de la iglesia, el hermano del líder Pedro, pues como antaño hoy nos dice también: «Venid, hemos encontrado el Deseado».

Megalinario: Del coro apostólico del Señor, oh bendito, tú fuiste el primero en ser llamado y en seguirlo. Con tu santo hermano, oh Andrés, dejaste a todos para predicar a Cristo a todas las naciones, para que todos pudiesen alabar Su Nombre.


Fuente: Arquidiócesis de Santiago y Todo Chile (Patriarcado de Antioquía y Todo el Oriente)