domingo, 15 de noviembre de 2015

15/11 (28/11) - San Paísio de Neamț


Además de los factores históricos evidentes, los textos literarios o los descubrimientos arqueológicos, un testimonio de la verdad, de la puridad y de la verdadera fe apostólica del cristianismo rumano lo constituye la tendencia a la unidad que envuelve a todo el pueblo y la fuerza de atracción espiritual que sigue hasta hoy en día. Bajo la influencia de la misión ortodoxa de la Escitia Menor, la gran semilla evangélica llegó hasta el este de la provincia de Muntenia, en el sur de Moldavia, y a otros puntos más. Ejemplos vivos de fe como el del Santo Mártir Sabas (+ 12 de abril de 372) se pueden encontrar en otros muchos sitios hasta hoy en día.

Desde los siglos IV-VI empezó a guardarse en las Montañas de Buzau y, en general, en la Tierra Rumana, una tradición continua de confesión y devoción de la fe ortodoxa rumana. La profunda vida eremítica de esta zona de las Montañas de Buzau está confirmada por los más de 40 ermitaños, ermitas y monasterios que había allí en el siglo XVIII. "[...] En las primeras décadas del siglo XVII había muchos ermitaños en Buzau que llevaban una vida espiritual ascética. Algunas de las eremitas que habían son las de Fundătura, Agaton, Alunişul, Ciolanu, Barbu, Cârnu, Găvanul, Trestieni y, sobre todo, Dălhăuţi”.

Con estos remarcables ascetas y con una tradición espiritual milenaria, los ermitaños y las ermitas de las cuevas rumanas se hicieron conocidos allende las fronteras, de esta manera abriendo sus puertas a los que desde fuera anhelaban la "Santa Montaña, pero la de Rumanía". El anciano Onofre de la Ermita de Cornu, el Piadoso Basilio del Bosque y el Abad Paísio del Monasterio de Neamtu son 3 ejemplos muy destacados de la transfiguración de la vida monacal llevada a cabo en los Cárpatos. 

El celo de San Paísio por obtener la perfección del espiritu y la protección de la fe ortodoxa tenía, por supuesto, una base muy lejana. Al nacer recibió el nombre de Pedro, en memoria del gran Pedro Movila, rumano que llegó a ser Metropolitano de Kiev.

Nació el 21 de diciembre de 1722, siendo el undécimo de los doce hijos del arcipreste Juan y de la presbítera Irene de Poltava. El joven Juan queda huérfano a los 4 años. Callado y apacible en sus gestos, empieza a pensar en abrazar la vida monacal. Pero de momento solo sigue el seminario como alumno y suele visitar la Laura de las Cuevas. Un peso importante lo tuvo el encuentro con el metropolitano Antonio de Moldavia, que oficiaba los servicios en rumano.

Ingresó en la vida monacal, donde fue tonsurado con el nombre de Platón.

Se sabe a partir de sus relatos que al principio de su camino monacal no se encontraban en los monasterios manuscritos espirituales, ni libros especiales. Por lo cual, junto con 3 monjes, se va a la ermita de Dalhauti (Vrancea), donde vivían muchos amantes del ascetismo. El hieromonje Rafael transcribía los libros patrísticos, el esquemamonje Timoteo destacaba por su buen análisis de los textos litúrgicos, el esquemamonje Dositeo hablaba sobre el cumplimiento de los cánones.

Cambiando de ermita,llegó a la de Traisteni. Aquí por primera vez Platón oyó hablar de la "pravila" de oraciones según el tipicón del Monte Athos. En este monasterio, Platón tenía como obediencia la cocina, y se dedicó en profundizar el estudio de la lengua rumana.  

A la ermita de Traisteni llegó el abad Basilio, que llevó a Platón a la ermita del Bosque. Allí le encargó la transcripción de los manuscritos eslavos y rumanos. De la ermita del Bosque se fue a la de Cornu, bajo la obediencia del esquemamonje Onofre. Allí, en su celda, descubrió y comprendió los misterios del monacato verdadero y del ascetismo, sintiendo más profundamente el efecto beneficioso de la oración. 

Durante 4 años se enriqueció como las abejas que cogen la mejor miel de las flores y, de esta manera, aprendió lo mejor de sus superiores, de gente muy espiritualizada y de los ermitaños. Platón decidió irse al Monte Athos para perfeccionar su monaquismo en Cristo. Tenía 24 años.

Acompañado por el hieromonje Tifón, arribó al Monte Athos el 4 de julio de 1746, y pasó al monasterio de Pantocrátor, donde, además de monjes griegos, había algunos eslavos. Su amigo Tifón murió después de 4 días. Platón se fue buscar un confesor pero no lo encontró. Decidió vivir solo. Estuvo solo 4 años, años que fueron muy difíciles y llenos de tentaciones pero que fueron una etapa de crecimiento espiritual.

Durante este tiempo recibe la visita del abad Basilio del Bosque, que le dijo el peligro que podía sobrevenirle viviendo solo. El padre Basilio quería ordenarlo sacerdote en Valaquia. Lo ordenó a los 28 años y le puso el nombre de Paísio.

Desde Moldavia vino el monje Besarión en busca de un confesor, y, al oír que en el monte Athos estaba el piadoso Paísio, que sabía rumano, lo buscó. Viendo su vida áspera, a Besarión le gustó y le pidió que lo hiciera su discípulo. Con el tiempo, alrededor de él se reunieron otros discípulos. Los primeros fueron rumanos, algunos moldavos; se llamaban Partenio y Cesáreo. Llegó a haber 12 monjes rumanos-moldavos y 5 eslavos, y de esta manera se celebraba la Divina Liturgia en rumano y eslavo. La comunidad necesitaba ahora un confesor y un sacerdote.

Paísio fue ordenado hieromonje a los 36 años por el obispo Gregorio del Monte Athos. Aumentando la comunidad del monasterio de Pantocrátor, el hieromonje Paísio pidió la bendición para construir una ermita, la de San Elías. Recibiendo una respuesta afirmativa del patriarca Serafín, que vivía junto con ellos en el Monte Athos, la comunidad del hieromonje Paísio, empezó a edificar la nueva capilla en 1757. Pronto, los hermanos levantaron una iglesia de piedra, un refectorio, una  cocina, el arcondriaco y 15 habitaciones, solo gracias a las donaciones de los creyentes. Llegaron a ser 60 habitantes. La regla seguida era la del Gran Basilio.

En la nueva esceta, el abad Paísio aprendió del monje Macario, que era un gran conocedor de la lengua griega. Durante las noches trabajaba los textos, y no solía dormir más de 3 horas. El abad se sentía honrado por la buena voluntad del Patriarca Serafín de oficiar juntos los oficios en eslavo, griego y rumano.

La actitud hostil de los turcos, por un lado, y, por otro lado, la rivalidad entre los griegos y los eslavos del Monte Athos de esa época, lo hicieron pensar en la posibilidad de volver a las tierras rumanas.

Dejando en San Elías una comunidad muy elevada de hermanos, Paísio marchó de Athos junto con 64 hermanos en dos barcos. Lo embargaba el deseo de volver a los lugares que le recordaban a su juventud. A esto se añadía su respeto por la lengua rumana y por la patria. Pasaron por Constantinopla y llegaron a la ciudad de Galati, donde pararon en una esceta.

Junto con los confesores Besarión y Jorge, se fueron a Bucarest para pedir un monasterio al metropolitano de entonces, que era griego, pero se lo negaron. No dejaron de intentarlo y se fueron a Iasi, donde fueron recibidos con afecto por el metropolitano Gabriel Calímaco. Este era de origen rumano, pero había sido arcediano del Patriarca Ecuménico y, a partir de 1745, durante 15 años fue metropolitano de Tesalónica. A partir de 1756 llegó a ser metropolitano de Moldavia. Al hieromonje lo conocía desde el Monte Athos. Con la aprobación del Consejo Real de la Tierra Rumana y del voivoda Gregorio Calímaco, la comunidad nueva que vino desde el Monte Athos recibió el monasterio de Dragomirna junto con sus terrenos, según documento redactado el 31 de agosto de 1763.

A partir del mes de setiembre del mismo año, los 64 hermanos vinieron al nuevo asentamiento, con una iglesia grandísima y con una hermosa decoración; había sido edificado por el metropolitano Atanasio Crimca en 1609. Esta comunidad destacaba por su unidad y obediencia, por su ritmo propio de oración y por su hospitalidad, pero lo más importante era su actividad cultural, que se desarrollaba bajo el abad Paisio. El asentamiento tenía las mismas reglas que el Monte Athos. La lectura y los cantos se hacían en eslavo y rumano. En todos los cargos se cumplía la regla de obediencia y oración continua. El mismo abad se juntaba a los hermanos a la hora de trabajar para no dejarlos solos.

Tras el conflicto ruso-turco de 1768-1774, la parte del norte de Moldavia pasó bajo la ocupación de Austria. Por el temor de que los uniatas convirtieran al pueblo y atacaran la iglesia y el monasterio, Paísio aceptó la invitación del monasterio de Secu para ir a vivir allí. La comunidad de Secu recibió un número de 350 padres y hermanos desplazados del monasterio de Dragomirna junto con el abad Paísio el 14 de octubre de 1775. Instalándose aquí, llevó él mismo el encargo de organizar la vida monacal como había hecho hasta entonces.

4 años más tarde, el voivoda Constantino Moruzi, queriendo ayudar a la comunidad monacal del abad Paísio en su gran labor espiritual, en vez de donar dinero, le entregó el monasterio de Neamtu, que lo pasó a formar parte de su fortuna. El monasterio de Neamtu era el más antiguo de Moldavia; desde el principio fue el punto más importante de la vida religiosa y cultural, y de aquí salieron obispos y metropolitanos. Tuvo escuelas de caligrafía y de manuscritos, protegió la fe del pueblo. Una gran preocupación del abad Paísio era la de cuidar y ayudar a los pobres, a los enfermos y a los refugiados.

Durante  la guerra ruso-turca, a ver al abad Paísio vino el arzobispo Ambrosio Serebrenikov como exarca de Moldavia. Lo elevó al rango de archimandrita en 1791.

Pero la salud del abad Paísio empezó a empeorar. El miércoles 15 de noviembre de 1794, después de haber comulgado con el Cuerpo de Jesucristo, y transmitiendo al pueblo la paz y la bendición a través de los confesores Silvestre para los rumanos y Sofronio para los eslavos, partió a la morada celestial. El enterramiento se ofició por su comunidad en la Iglesia de la Ascensión del Señor. Fue sepultado en la parte derecha del nártex de la iglesia.

La concepción del abad se vio premiada por el hecho de que la vida monacal en comunidad fue bendecida por el Señor. Las suyas no fueron solo sencillas ideas, sino que se transformaron en los principios fundamentales que lo guiaron en todos los monasterios donde estuvo, y luego fueron perpetuadas por sus discípulos. 

Las normas que el abad impuso en los monasterios fueron la pobreza voluntaria, la obediencia voluntaria de la Sta. Escritura y de los Santos Padres, la confesión, la convivencia con los hermanos durante toda la vida, tanto en los momentos buenos como en los malos, la lectura de la Santa Escritura y las enseñanzas de los Santos Padres, el ayuno y la participación en los oficios. Cada día los hermanos estaban obligados a participar juntos en la comida. En los monasterios donde había diversos talleres de trabajo manual, tenían que participar los hermanos, y a los no doctos les tenían que ayudar a aprender las labores manuales. Para acabar, mandó que se hiciera un edificio en el cual se cuidara a los enfermos y a los ancianos.

Como resultado de estas normas, en los monasterios de Dragomirna, Secu y, luego, Neamtu, nació una vida monacal igual que la del Monte Athos.

De sus obras destaca la llamada "Sobre la oración del corazón" (Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, el pecador), que está formada por 6 capítulos y una introducción. Gracias al Santo Paísio, en las tierras rumanas se enseñó esta costumbre de la oración.  Tradujo la Filocalía.

La labor del abad Paísio, desarrollada en las tierras rumanas, tuvo una gran influencia en la ortodoxia rusa. Su sistema se difundió y se empleó en más de 117 monasterios y 35 eparquias. También muchos manuscritos suyos se encuentran en Bulgaria, Serbia y el Monte Athos.

En Moldavia la corriente "paisiana" fue apoyada por los jerarcas de la Iglesia.


Fuente: Santos Rumanos
Traducción del rumano: Elena Rățulea
Adaptación: Ortodoxia Digital