martes, 29 de septiembre de 2015

Entrevista al Lector Dmitri de Gerona (Cataluña) sobre su peregrinación al Monte Athos


1) Muy buenas, Lector Dmitri. Estamos encantados de tenerte por estas tierras nuevamente. ¿Qué tal fue el viaje hacia Athos?

Pues realmente ha ido mucho mejor de lo que planeaba en un principio. El hecho de organizar el viaje y tramitar por primera vez el permiso de entrada al monte (diamonitirion) sin tener ni idea de griego parecía una tarea difícil, pero con la ayuda de Dios y mi inglés (nivel quinto de primaria) todo ha salido perfecto a la primera. Llegué a Salónica el día 14, y ahí, en la oficina del peregrino, me tramitaron el diamonitirion para el 18. Para un peregrinaje "estándar" la estancia máxima en el Monte Athos es de 4 días, aunque una vez dentro mucha gente sigue visitando monasterios durante más días con su diamonitirion caducado.

2) ¿Cual fue tu percepción sobre el panorama político y social en Grecia?

Visité parte del norte de Grecia, por lo tanto no puedo opinar del conjunto del país. Lo primero es que los griegos son muy sonrientes y despreocupados. De lo que vi y hablé con gente de Salónica y de Uranópolis, el pueblo ya hace tiempo que perdió la confianza en los políticos y cada uno se espabila como puede. No me parecieron excesivamente preocupados, más bien resignados, y es que su situación económica ha empeorado notablemente. Se veían muchos comercios cerrados, naves abandonadas, edificios enteros sin ningún uso, etc. El panorama cambia radicalmente si te adentras en el centro de la ciudad, sobre todo de noche: muchísima gente por las calles, restaurantes abiertos hasta las tantas, cientos de bares y discotecas llenos a reventar de lunes a domingo. ¡Si es que en el Mediterráneo tenemos muchas cosas en común!

3) ¿Visitaste alguna Iglesia en Salónica? ¿Cómo ves Grecia a nivel espiritual?

Visité diversas iglesias de Sslónica y sus alrededores, pero las que más me impresionaron fueron la catedral de San Gregorio Palamás y la iglesia de San Demetrio de Salónica. Es enorme la cantidad de reliquias que hay concentradas en tan poco espacio. Cualquier ciudadano de esa ciudad, por ejemplo, puede besar las reliquias de San Paísio o mojar su frente con crisma de San Demetrio.

El pueblo griego tiene una fe admirable. Se pueden ver sacerdotes prácticamente en cualquier sitio: en una cafetería, en el bus, paseando por el parque... La gente habla con ellos y les pide la bendición en plena calle. Y en los propios autobuses, taxis, restaurantes, siempre encontrarás alguna Cruz o algún icono por pequeño que sea. Las iglesias nunca están vacías, y en las liturgias se ve mucha gente joven. Me sorprendió un poco la actitud relajada dentro de la iglesia que tienen los griegos. En todas las iglesias hay bancos para sentarse y la gente viene a la iglesia antes de las vísperas a orar, confesar o simplemente conversar. Nadie se viste de manera especial, y las mujeres no llevan pañuelo. Es obvio que la vida de muchos griegos gira alrededor de la iglesia y dentro de ella.

Sinceramente, sentí envidia. Una envidia sana, que me sacaba una lágrima cada día (cosa no muy familiar en mí). Alegría por la gente que vive ahí y tiene esa cantidad de reliquias al alcance de la mano, esas iglesias tan bonitas y acogedoras, esos sacerdotes sonrientes y que no se avergüenzan de ir con la sotana por la calle. Envidia, pero sobre todo admiración por su gran fe y que dentro de esta Europa post-cristiana aún queden sitios así.


4) ¿Fue dificultosa la entrada a Athos en materia administrativa?

Envié un par de correos electrónicos antes de ir, pero sirvieron de poco, porque, al llegar a la oficina del peregrino en Salónica, los administradores no sabían nada de mí. Finalmente me tramitaron el permiso ahí mismo para un día más tarde de lo que yo contaba. A primera hora del mismo día que iba a entrar a Athos, fui a recoger el diamonitirion a la oficina del peregrino en Uranópolis.

5) ¿Dónde te hospedaste? ¿Qué tal el alojamiento?

En el Monte Athos pasé 3 noches. Al llegar a un monasterio, se recibe al peregrino con café, dulces y licor destilado. Estuve hospedado en tres monasterios: Hilandar (Patriarcado de Serbia), Zoografu (Bulgaria) y Panteleímon (Rusia). En los tres monasterios fui recibido de manera inmejorable, los monjes fueron muy hospitalarios y las habitaciones acogedoras. Sobre todo me gustó la habitación donde me colocaron en el monasterio búlgaro, que era verdaderamente mejor que la de algunos hoteles de Salónica. Duchas individuales con agua caliente, toallas, jabón, lavadora. Se come dos veces al día en tiempo ordinario, pero, si uno se queda con hambre, siempre puede ir a la cocina y pedir más. El vino exquisito. 

6) Se cuentan muchas historias sobre experiencias místicas en Athos. ¿Viviste o presenciaste alguna?

En Athos también se cuentan muchas historias de esas. Yo personalmente no vi a ningún monje volando ni escuché cantar a los ángeles en el bosque; simplemente estaba en paz, ya que me sentí acompañado en todo momento, y nada extraño me sorprendió. Quizás lo que más me alegró fue encontrar, el mismo día de llegar, un compañero de viaje ruso que se llamaba igual que yo (Dmitri Konstantínovich) con el que encontré mucho en común, y seguimos juntos el peregrinaje durante los cuatro días.

7) Háblanos de como es la Península y sus riquezas naturales y arquitectónicas.

Para empezar es una península, aunque es muy difícil acceder por tierra y solo se entra por mar a bordo del barco grande que hace tres viajes al día o una lancha privada. La naturaleza es muy similar a la del mediterráneo catalán (tiene un aire a la Costa Brava incluso). Lo que abundan son los escorpiones y las serpientes venenosas, por lo que aconsejan llevar un palo, y en los monasterios tienen muchos gatos. Los monasterios son de arquitectura griega-bizantina, exceptuando el ruso, que tiene los tejados verdes y las cúpulas más ovaladas.

8) ¿A qué Iglesias asististe? ¿Qué tal te sentiste en las mismas?

Estuve de visita en los monasterios de Hilandar, Esfigmenu, Zoografu, Dohiar, Xenofonte y Panteleímon y sus respectivas iglesias. Además, pude ver la capilla y la cueva donde vivió San Antonio, el fundador del Monasterio de las Cuevas de Kiev. Cada iglesia tiene sus particularidades, pero en todas ellas se siente que todas las paredes estan impregnadas de oración y que todo eso va en serio. Las iglesias son como barcos que navegan entre tormentas hacia la salvación, y tú un pasajero que puede entender o no el idioma de la tripulación, pero sabe que le llevan a buen destino.

9) ¿Qué tal la interacción con los monjes?

La mayoría muy abiertos y alegres. En todos los monasterios pude hablar con los monjes que quise e incluso confesar y tener alguna pequeña charla de temas espirituales. Cada monasterio y cada monje es diferente, cada uno con su personalidad y sus peculiaridades. Lo que les une es esa sensación de que están pero no están, están en la tierra pero su alma ya habita con Dios. No hay palabras para explicarlo, pero cualquiera que haya conocido a un autentico monje sabe de lo que hablo. Y sin olvidar nunca el viejo dicho: el hábito no hace al monje. En esta guerra contra el maligno ellos son los guerreros que luchan en la primera línea del frente.

10) Supongo que te daría pena marcharte. ¿Con ganas de volver?

Es un lugar donde el tiempo pasa diferente. Los momentos de oración se viven más intensamente, y los momentos de cansancio, camino abrupto y sudor bajo un Sol de justicia a 40º se hacen más llevaderos. Es un lugar donde yo quisiera quedarme, pero sé que no es mi sitio, al menos por ahora. Me fui de ahí con la sensación de no entender nada y de haberlo entendido todo a la vez.

11) Para terminar, cuéntanos lo que desees.

Sin duda aconsejo a todo hombre, ortodoxo o no, hacer este viaje. Visitar sitios sagrados es una actividad que por supuesto llena mucho y recarga las pilas espiritualmente. Pero nunca debemos olvidar que la reliquia más sagrada la tenemos en todas las parroquias durante cada Divina Liturgia: el Cuerpo y la Sangre de Cristo resucitado. Como Él mismo dijo, "el que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él". Y ningún peregrinaje sustituye eso. Los monjes están en constante oración, no solo por ellos, sino por todos nosotros. Si el planeta Tierra sigue girando es gracias a los monjes, por eso debemos tener respeto y compasión hacia ellos y no esperar a llegar al Monte Athos para cargar al confesor de turno con todos nuestros tormentos. Llevemos una vida de participación constante en la Liturgia, y que los peregrinajes sean complementarios para nosotros, para nuestra salvación y para la paz de los monjes ortodoxos.

Gabriel González, colaborador de Ortodoxia Digital