martes, 15 de septiembre de 2015

15/09 (28/09) - San Nicetas el Romano


San Nicetas ("El Vencedor") es conmemorado el día siguiente a la fiesta de la Elevación de la Cruz al estar protegido bajo su sombra, que lo llevó al cielo siendo un vencedor de la fe cristiana en el nombre de Jesucristo.

Este soldado de Cristo adoptó cual bandera la Santa Cruz para luchar en contra de sus enemigos para honra del Crucificado. Algunos luchan por el reino terrenal, otros por sus intereses y su vanagloria, y otros para enriquecerse. Pero San Nicetas no luchó por ninguna de estas cosas, sino para el Dios Todopoderoso, que es Rey por encima de toda la Creación. Escuchemos dónde y de qué manera fue martirizado este Gran Mártir que luchó por Jesucristo.

Es el segundo mártir con el nombre de Nicetas, que significa "El Vencedor". Sufrió el martirio a manos de los godos en el año 372 en tierras de nuestro país. Después del Santo Mártir Sabas, el Santo Mártir Nicetas el Grande es llamado a veces "El Romano" o también "El Daco-Romano". Según sus padres, era de nación griega, igual que el Santo Apóstol Pablo, de Cilicia de Asia Menor. Sus antepasados fueron colonizados después del 258 por los godos en Dacia. Esta fue una antigua provincia romana cuyo territorio corresponde con la histórica región europea de Dacia, delimitada al norte por los Cárpatos y al sur por el Danubio, que corresponde actualmente con Rumanía y Moldavia. La región fue conquistada por el Imperio romano tras las guerras dacias en la primera década del siglo II (años 100) e incorporada al mismo como provincia. Sus habitantes fueron denominados getas por los griegos, mientras que el nombre latino era el de dacios. Se supone que provenían de los tracios.

El bendito Nicetas nació en un pueblo de los Campos del Danubio a principios del siglo IV, y aprendió los misterios de la fe cristiana gracias al obispo Teófilo de Escitia y Dacia. No se sabe con exactitud dónde entró en la vida monacal, quizá en alguno de los monasterios del Sur del Danubio (Dobruja) o en las Montañas de Buzau, donde había un conocido asentimiento monacal. El joven Nicetas fue ordenado sacerdote por el mismo obispo Teófilo, y llega a catequizar y bautizar, gracias a su misión, a los daco-romanos y a los godos.

Observando los superiores de los godos su fe y su victoria sobre los paganos durante la persecución de Atanarico en contra de los cristianos en el 372, el bendito Nicetas fue secuestrado por soldados dentro de la iglesia. Su "culpa" era que exhortaba a los cristianos a que no adorasen a un godo al que se veneraba por las calles; por ello, fue secuestrado y quemado frente al altar, según la costumbre de los godos, el día de 15 de setiembre.

Sus santas reliquias, las que quedaron, fueron recogidas por los creyentes y veneradas con gran devoción. En el año 451 fueron trasladadas a su patria natal, Cilicia, y colocadas en una iglesia de la ciudad de Mopsuestia; en seguida fueron veneradas con gran devoción como pertenecientes a un gran mártir en toda la Iglesia Cristiana.

Cuando el Santo Emperador Constantino el Grande empezó a difundir la fe en la Cruz por todo el mundo, también en el País de los Godos, en la parte izquierda del Danubio, la fe cristiana surgió como una luz brillante en medio de la oscuridad.

En esa época los godos se dividieron en dos grupos y, como consecuencia, estalló una guerra entre ambas facciones. La primera tuvo como supervisor a Fritigerno (369-380), y la segunda a Atanarico (367-381), el bárbaro pagano.

Cuando la guerra entre los dos campos empezó, Atanarico, que tenía más poder que el otro, derrotó a Fritigerno junto con sus soldados. Este se marchó a la zona griega donde reinaba el emperador Valente, semi-arriano (364-378), y le pidió ayuda para ganar la lucha; enviaron tropas de soldados griegos a Tracia. Cuando empezaron a pasar el río Danubio, se marcaron con el signo de la Santa Cruz y, de esta manera, esta los salvó y ganaron la lucha.

A partir de ese momento empezaron los godos propagar la fe cristiana, porque vieron el poder invencible de la Santa Cruz y muchos empezaron a creer en el Dios crucificado.

Cuando murió el obispo Teófilo lo sucedió Ulfila (†383). Ese predicó los Santos Evangelios a los godos y tradujo muchos libros del griego a la lengua de los godos. Y, de esa manera, creció la fe en Jesucristo entre el pueblo de los bárbaros. San Nicetas era ayudante de este obispo, porque procedía de una familia grande e importante y apreciada en sus tierras. A muchos páganos los llevó a Jesucristo gracias al don que le dio Cristo.

Pero el tirano Atanarico no podía estar tranquilo con la humillación que padeció por la parte de Fritigerno mediante el poder de la Santa Cruz, por lo que empezó a levantarse contra los cristianos una terrible persecución.

Entonces, San Nicetas, salió celosamente a defender la fe y el poder de la Santa Cruz, luchando tanto contra los diablos como contra los páganos que querían perseguir a los cristianos. La lucha contra los enemigos ocultos era poder convertir a los páganos a la fe cristiana, y a los creyentes fortalecerlos en la fe para resistir a las persecuciones a las que estaban siendo sometidos. Lo más importante era que ganó las luchas: al diablo y al perseguidor los derrotó, pero a Atanarico no lo mató. Como consecuencia de la humillación que sufrió este, mandó que quemaran a San Nicetas. Pero el poder de Dios es sin límites. San Nicetas fue introducido en el horno después de haberlo golpeado con brutalidad hasta destrozarle los miembros, pero ni siquiera entonces el Santo se quejaba, porque estaba rodeado por el Espíritu Santo cual ave Fénix que de las cenizas voló a Su Creador, al infinito. Por el contrario, el perseguidor murió en las llamas del fuego y fue al inferno.

El obispo Auxencio, cuando edificó la Iglesia de los Santos Mártires Taraco, Probo y Andrónico, envió una carta a su ciudad natal de Anabarza, donde estaban las reliquias de esos santos, pidiéndoles a los habitantes que le dieran una pequeña porción para su veneración. A cambio de esta petición, los ciudadanos le rogaron que él les entregara una parte de las reliquias de San Nicetas para la bendición de la fortaleza. El obispo ordenó que fuera exhumado el cuerpo del Santo, pero en seguida la piedra que cubría el sepulcro se destruyó sin ningún motivo. Además, unos de los que participaron en la excavación tocó las santas reliquias y la mano del Santo se movió, por lo que el hombre se asustó. Luego se escucharon truenos y relámpagos desde el cielo que caían en la tierra muy fuerte. De este modo, el Obispo Auxencio se dio cuenta de que no era la voluntad del Santo que sus santas reliquias fuesen divididas para su veneración y se arrepintió de lo que había hecho. La mano del hombre que se asustó se secó, pero el obispo la llevó y la puso encima del Santo diciéndole: "¡Santo Mártir Nicetas! Lo mejor que puedes hacer es curar, no destruir, porque eres un vaso de Cristo y su seguidor, y quisiste solo darle un aviso a este -al hombre al que se le secó la mano- para que su fe crezca y para que tenga devoción a los santos y a ti". De repente la mano se curó y todos quedaron muy impresionados de lo que vieron y del poder que tenía el Santo Mártir Nicetas, y alabaron a Dios. Viendo también el obispo lo que había pasado, en seguida cubrió la tumba y empezó a alabar a Jesucristo en el nombre de Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.


Fuente: Doxologia.ro
Traducción del rumano: Elena Rățulea
Adaptación: Ortodoxia Digital