miércoles, 9 de septiembre de 2015

09/09 (22/09) - San Onofre de Vorona


De entre los muchos santos que santificaron la tierra de Rumanía a través de su elevada vida espiritual se encuentra el Santo y Piadoso Onofre de Vorona, el más grande ermitaño de la zona de Botosani, habitante en La Ermita de Vorona.
 
Sobre los detalles de su vida se conocen muy pocas cosas, porque quiso que esta fuera conocida solo por Dios y no por los hombres. Según algunos manuscritos copiados por él mismo y por el hieromonje Nicolás, se puede deducir que nació alrededor del año 1700 en Rusia, probablemente en el seno de una familia noble, porque llegó a ser nombrado gobernante de un territorio. Deseando llevar una vida elevada en el yermo con la ayuda del Espírito Santo, y lleno celo espiritual, dejó a sus familiares, la honra de su cargo de gobernante y su patria, y alrededor del año 1749 vino a las tierras moldavas.
 
Su decisión tuvo que ver con la fama de los grandes ermitaños que habían en Moldavia, eran luchadores contra el pecado y humildes; dichos ermitaños estaban escondidos en la lejanía de los bosques, lejos de cualquier movimiento.
 
Onofre buscó muchos monasterios, eligiendo con celo, igual que una abeja, lo mejor de las plantas para luego dar fruto y de esa manera olvidarse de sí mismo, seguir libremente a Jesucristo. Lo más importante es que aprendió, gracias a cada monje que vio, la gran obra hecha en el nombre de Dios para su honra.
 
Sin duda, se aplicaba cada día la lectura de la Sagrada Escritura, además de los otros libros sagrados, que copió con mucho celo y paciencia, ornamentándolos con una hermosa escritura.
 
De esa manera vivió durante 15 años, creciendo espiritualmente alrededor de grandes padres espirituales, como San Basilio del Bosque (Poiana Marului) y San Paísio Velicicovski. Este último conoció a San Onofre en el Monasterio de Dragomirna alrededor del año 1763, a su llegada del Monte Athos. Entre los dos se creó una estrecha amistad espiritual, siendo el uno para el otro consejero para practicar la oración de Jesucristo ("Señor, Jesucristo, hijo de Dios, ten piedad de mi, pecador"). San Paísio fue el padre espiritual de Onofre; después de haberse separado, los dos mantuvieron la amistad mediante el envío de cartas, porque ambos vivían de la misma manera, en el mismo espíritu.
 
Habiendo tenido noticia de otros ermitaños famosos rumanos o y rusos que vivieron una vida ejemplar en los bosques de Vorona, San Onofre ingresó en 1764 en la vida monacal del Eremitorio de Vorona, eligiendo de esta manera vivir una vida austera en un silencio absoluto. Durante 25 años vivió en una cueva a la orilla del Río Vorona, en una pronunciada pendiente, donde luchaba cada día contra el pecado con gran humildad, abstinencia, silencio y con la oración permanentemente en sus labios. Comía solo una vez al día, después del amanecer. Durante la noche dormía dos o tres horas en una silla solo para que se relajara el cuerpo.
 
Abandonando su vida y prometiendo dársela entera solo a Dios, en 1774, por su áspera vida de oraciones recibe la gran esquema de manos de su padre espiritual, el abad Paísio, en el monasterio de Dragomirna, volviendo luego a su cueva, el sitio donde ejercitaba la paciencia contra los pecados y, de esa manera, florecía la oración como un don gracias a sus sacrificios.
 
De esa manera vivió el Santo sin descanso, en honor a la llamada de Jesucristo para extinguir las pasiones del cuerpo, acabando por recibir el don del Espíritu Santo y el gran amor de Dios que lo rodeaba. Transformó y cedió su corazón a Dios, por lo cual San Onofre disfrutó de muchos dones del Señor que pudo sentir ya en la vida terrenal, y fue consolado a pesar de su áspera vida, pues sentía la protección de Dios y de los Santos. El Santo tenía, también, el don de lágrimas que le traía felicidad celestial.
 
Era requerido tanto por los monjes como por el pueblo gracias a su bondad, paciencia y buenas palabras y a los buenos consejos que les daba. Sabía discernir los pensamientos de los penitentes sin esfuerzo, es decir, tenía el gran don del Espíritu Santo. De esa manera, durante su vida subía los escalones de la santidad y realizaba grandes milagros. Antes de partir a la morada celestial, el Santo anunció a los monjes que se marcharía; por lo tanto, quiso por última vez, antes de marcharse a Su Señor, recibir su Santo Cuerpo en la noche de Pascua. Un Ángel se mostró al sacerdote Nicolás Gherghiu, del cercano pueblo de Tudora, y le pidió que fuera a ver al penitente Onofre para que comulgara por última vez. El mismo ángel lo guió hasta la entrada de la cueva del piadoso, al que encontró muy débil. El Santo le pidió que lo llevase al Eremitorio de Sihastria, donde unos días más tarde partió a la morada celestial el 29 de marzo de 1789. Fue enterrado por unos monjes al pie de un manzano. No pasó mucho tiempo hasta que en su sepulcro empezaran a suceder milagros, lo que fortalecería su fama de santidad. Muchos vieron velas encendidas y escucharon voces cantando parecido a los ángeles, y una vez, cuando tres monjes se perdieron por el bosque y estaba a punto de amanecer, estos fueron guiados por una luz brillante hasta la cueva donde pasó la vida el Santo.
 
En el invierno de 1846 se mostró una vez más el poder milagroso de San Onofre. Un día que el gobernante Mihail Sturza estaba cazando en el bosque, encontró al pie del manzano donde estaba enterrado el Santo una fruta grande, que se llevó y le dio a su hija, enferma de epilepsia. Por la gracia de Dios esta fue curada. Viendo lo sucedido, el gobernante Mihail Sturza ordenó que fueran exhumadas las santas reliquias del Santo y que las lleven para ser veneradas en un sepulcro del Monasterio de Vorona. Diez años más tarde, el Santo se apareció al abad del Monasterio de Vorona, el archimandrita José Vasiliu, para que lo sacara de allí y lo llevara para ser venerado al Monasterio del Eremitorio de Vorona, en el yermo, y para que el sepulcro fuera encastado en un nicho en el naos de la Iglesia de la Anunciación de Vorona. Hasta el día de hoy, allá van muchos peregrinos para venerar a San Onofre, y él sigue realizando milagros a los que lo veneran y tienen una vida de oración y humildad.
 
Por su santas oraciones, Señor Jesucristo, ten piedad de nosotros, pecadores.
 
 
Traducción del rumano: Elena Rățulea
Adaptación: Ortodoxia Digital