miércoles, 9 de septiembre de 2015

09/09 (22/09) - San Ciríaco de Tazlău


San Ciriaco fue uno de los más conocidos ascetas que estaban alrededor del Monasterio de Tazlau y uno de los más grandes santos rumanos. Pasó su vida espiritual viviendo en solitario en la cueva de Magura. Se le cuenta entre los grandes santos ascetas de Moldavia del siglo XVII por su vida dedicada completamente al servicio de Dios, vivida en ásperas condiciones y oración continua. San Ciriaco demostró ser una pieza elegida por el Espíritu Santo.
 
Nació a principios del siglo XVII en el seno de una familia creyente, en el pueblo de Mesteacan. Desde su infancia sus padres lo llevaban al Monasterio de Tazlau para participar en la Santa Liturgia, y de esta manera el Santo sintió que su alma se fundía por el amor de Dios, por lo cual lo bendijeron para que ingresara allí. Aprendió con facilidad las normas monacales, y luego fue tonsurado como monje. Aquí demuestra su gran amor y su celo, siendo un practicante de la humildad, de la oración continua y del ayuno permanente. Un poco más tarde fue ordenado diácono contra su voluntad, y luego sacerdote, para que se transformara en un erudito y en un sabio consejero de las almas. Embargado por un deseo muy fuerte de vivir en soledad una vida más áspera, se va al yermo, a una cueva que había encima de una montaña, el Măgura Tazlăului, donde se esfuerza y lucha para estar despierto por las noches aguantando y derrotando las luchas de los diablos y el duro frío que hacía. Adquirió el don de la oración continua y pura, el don de curación de las enfermedades y el don de echar a los diablos. Llega a ser muy conocido y muy solicitado por el pueblo y por los monjes. En esa época dura, de una intensa propaganda calvinista que venía de Transilvania, San Ciriaco se muestra un protector y un confesor verdadero de la fe ortodoxa, contribuyendo de esta manera al fortalecimiento de la fe verdadera en el territorio de Neamt. Por su actitud vital y su comportamiento demostró que era un digno predecesor de los Santos Padres de la Iglesia Ortodoxa, a quienes anhelaba seguir.
 
Santo Ciriaco, igual que los otros ascetas, fue buscando por los monasterios de Moldavia a los mejores padres espirituales para elegir los mejores consejos para fortificar la alma y aprender a negar los propios deseos para seguir libremente a Jesucristo. Lo más importante de las entrevistas con los otros monjes y ascetas era aprender la oración continua. También estudiaba la Santa Escritura y otros libros útiles para fortalecer la alma. Comía solo una vez al día, después del amanecer. Durante la noche dormía dos o tres horas en una silla solo para que se relajara el cuerpo. De esta manera pasó la vida San Ciriaco, haciendo todo lo que podía para abandonar el pecado y acercarse a la derecha del Padre.
 
Transformando y haciendo su corazón una vasija para Jesucristo, recibió su Amor Infinito y disfrutó de los dones santos que recibió. Como es característico de los ascetas, recibió el don de lagrimas sin parar, que le curaba la alma y lo relajaba: lágrimas de alegría. Sabía discernir los pensamientos de los penitentes sin esfuerzo, es decir, tenía el gran don del Espíritu Santo. De esa manera, durante su vida subía los escalones de la santidad y realizaba grandes milagros. Era solicitado tanto por los monjes como por el pueblo gracias a su bondad y paciencia y a las buenas palabras y buenos consejos que daba.
 
Los hechos más destacados de San Ciriaco de Tazlau fueron el amor y el celo que caracterizaron su la vida espiritual, las luchas con los diablos dentro del yermo, la humildad, la obediencia completa, el silencio, el ayuno permanente y la oración continua.
 
Partió a la morada celestial alrededor del año 1660, siendo enterrado en el pórtico del monasterio. Gracias a su vida, Ciriaco fue canonizado como santo, hecho que fue consentido por el Santo Jerarca Dositeo, Metropolitano de Moldavia, que lo conoció y venero sus santas reliquias, como él mismo contó: "Durante mi vida tuve la oportunidad de encontrar grandes ascetas muy humildes, como los padres Ciriaco de Bisericani y el de Tazlau". Así está también consignado en el Patericón moldavo-rumano del año 1888: "Al igual que los antes mencionados, hubo un gran asceta que dedicó su vida entera a la lucha contra los diablos y a la oración continua en el yermo: el Santo y Piadoso Ciriaco del Eremitorio de Tazlau".
 
Uno de los hechos que demuestran su santidad es que, cuando fue desenterrado según las costumbres monacales, fue encontrado incorrupto.
 
Por su santas oraciones, Señor Jesucristo, ten piedad de nosotros, pecadores. Amén.
 
 
Fuente: Doxologia.ro
Traducción del rumano: Elena Rățulea
Adaptación: Ortodoxia Digital