viernes, 10 de abril de 2015

Entrevista al P. Radu y a la Presbítera Cristina Iacob de Lugo (Galicia)


Facilitarles a los rumanos que viven en Lugo una parroquia que les sirva de punto de encuentro y en la que puedan celebrar misas, bautizos, entierros y otros ritos religiosos sin necesidad de desplazarse cientos de kilómetros es el objetivo con el que acaban de establecerse en la ciudad amurallada el sacerdote Radu Costin Iacob, de 30 años, y su mujer, la presbítera Cristina Iacob, de 27. El matrimonio está al frente de la primera parroquia ortodoxa rumana de la provincia de Lugo, y la segunda de Galicia -hasta ahora solo había una en A Coruña-. Impulsada por el Obispado ortodoxo-rumano de España y Portugal, por ahora ofrece servicios en la iglesia católica del Buen Pastor, en la Avenida de Magoi, pero la ubicación es provisional. «Estamos trabajando en los convenios que se van a firmar con el Obispado católico de Lugo. Puede ser que nos quedemos aquí o que vayamos a la Casa Diocesana», explicó ayer la pareja, que agradece la acogida y la amabilidad que les están brindando tanto el párroco del Buen Pastor, Antonio, como el vicario Mario Vázquez. «Acabamos de llegar a Lugo con nuestra hija Sofía María, que tiene seis meses. Empezamos de cero, no conocemos a nadie, y nos han recibido muy bien», destaca Cristina, cuyo papel es muy destacado. «La mitad de la misión es la presbítera», reconoce Radu. «Que el cura tenga mujer e hijos ayuda a los fieles de nuestra Iglesia», agrega.
 
El colectivo roza los 700 habitantes en Lugo capital, y supera los 2.000 en la provincia
 
Según los datos que maneja el Obispado ortodoxo-rumano de España y Portugal, en Lugo capital viven cerca de 700 personas de nacionalidad rumana, y en la provincia esa cifra supera las 2.000. Para acudir a los servicios religiosos hasta ahora tenían que viajar hasta A Coruña o Gijón, donde hay parroquias. Radu y Cristina Iacob confían en ir conociendo a la comunidad poco a poco, y destacan que griegos, rusos y búlgaros que residen en Lugo también profesan la misma fe. «Pero no sabemos cuántos hay ni dónde están», apunta Cristina, cuya importancia en la parroquia destaca su marido. «La presbítera es la mitad de la misión», reconoce. Además están abiertos a colaborar con otras Iglesias como la católica.
 
Pérdida de identidad
 
Señalan que muchos niños rumanos que han nacido en España están perdiendo «la identidad». «Prácticamente han perdido el idioma materno. A pesar de que lo hablan en casa, en los colegios o en la calle hablan español o gallego, y han perdido un poco las raíces», comentan. Por eso organizarán actividades.
 
«Hay miles de rumanos invisibles, que no son delincuentes ni se dedican a la prostitución»

Aunque los dos nacieron en Rumanía, Radu y Cristina Iacob se conocieron en un templo ortodoxo de Ávila, la ciudad a la que emigraron sus familias hace más de una década. Antes de guiarse por una vocación sacerdotal «que ocultaba», él estudió Teología, Relaciones Internacionales y dos másteres -uno por la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica-. Ella se licenció en Filología Inglesa e Hispánica. Ahora empiezan de cero en Lugo. «Tenemos una niña de seis meses y tenemos que buscar piso, trabajo... Todo», resume Cristina.
 
-En Lugo, donde la religión católica es mayoritaria, choca encontrar a un sacerdote que tenga mujer e hijos...
 
-Radu: La católica y la ortodoxa eran una sola Iglesia hasta el cisma de 1504, que empezó con una disputa entre dos personas [el Papa y el patriarca de Constantinopla], pero que se generalizó porque había diferencias culturales más que de doctrina. En la Iglesia ortodoxa hay dos opciones porque también hay curas solteros. Los que quieren tener una familia tienen que estar casados en el momento de la ordenación, y la mayoría opta por esto. Cuando los fieles tienen problemas familiares, si el cura tiene una los comprende mucho mejor.
 
-¿De qué vive un cura ortodoxo?
 
-Cristina: En Rumanía el cura puede ser profesor de religión, pero aquí no puede vivir solo de de los servicios porque no tiene sueldo, solo una ayuda del Patriarcado ortodoxo de unos cien euros que no da ni para la compra, por lo que hay que trabajar.
 
-Radu: En Ávila yo he trabajado como recepcionista en un hotel, y ella dando clases de lengua, inglés y filosofía. Allí tenemos a nuestra familia. Lo teníamos todo, pero lo hemos dejado por los fieles que están en Lugo y necesitan una iglesia ortodoxa.
 
-¿Qué opinan de que muchas veces se asocie a los rumanos con mendigos, robos, mafias...?
 
-Cristina: Es una imagen un poco distorsionada. Hay miles de rumanos invisibles, que no son delincuentes ni se dedican a la prostitución. Eso pasa en Rumanía igual que en todos los países del mundo. Mis padres trabajan, mis hermanas estudian. Una de ellas hizo Derecho y ADE y ahora está trabajando en la Caja Rural de Salamanca. No se puede meter a todo el mundo en un mismo saco porque hay muchas mujeres que trabajan en casas, o cuidando niños, o personas mayores..., y si las han contratado es porque las conocen y han demostrado que son de confianza, que hacen bien su trabajo. Y con los chicos igual. Hay muchos que llevan aquí años trabajando en lo mismo, que no han cambiado, lo que significa que son serios. Pero lo bueno nunca se da a conocer.
 
Lucía Rey
 
 
Fuente: La Voz de Galicia