martes, 10 de febrero de 2015

"La Oración del Corazón". Artículo del P. Dámaso Couto


Orad sin cesar. (1 Tesalonicenses 5:17)

Dicen que un joven un domingo escuchó en misa esta lectura del Apóstol Pablo: “Orad sin cesar”. Y al salir no encontró otro modo ponerlo en practica que irse al desierto. Dicen también que al poco tiempo todo el pueblo ya se había ido también al desierto. Este joven es S. Antonio el Egipcio o S. Antonio Abad, fundador del movimiento de los padres del desierto o eremitas. Y aquí nace lo que hoy llamamos LA ORACION DEL CORAZON, una practica considerada como el corazón de la Ortodoxia y que a pesar de su antigüedad permanece muy viva en el Oriente Cristiano. En los últimos tiempos también Occidente, tanto Católico-Romanos, como Anglicanos y Luteranos se han interesado por esta práctica, conocida también como hesicasmo, que en el lenguaje de los monjes significa Paz, Silencio, Unión con Dios. En el siglo VIII paso del Monte Sinaí (Mística Sinaita) al Montes Athos (Mística Atoníta) en donde sigue viva actualmente y allí la practican unos 3.000 monjes en 23 monasterios. En el siglo XVIII se popularizo mas entre los fieles ortodoxos con la publicación del libro LOS RELATOS DE UN PEREGRINO RUSO, manual de cabecera de todo principiante, ayudado siempre con la La  FILOCALIA. 

La Oración del Corazón nace en el grito del ciego de Jericó y en la suplica del publicano: “Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mi, pecador”. Esta suplica se repite incesantemente ayudado con el kóboloi, o rosario ortodoxo. Es fácil ver a los  monjes ortodoxos con un gran rosario hasta los pies, repitiendo incesantemente esta jaculatoria, que se interrumpe cada diez con una súplica a la Virgen María. Se aconseja iniciarse con alguien ya experimentado para aprender a asociarla a la respiración y más tarde al ritmo cardiaco, condición indispensable para una buena práctica. Así esta súplica termina impregnando cuerpo y alma y estando en cada respiración y en cada latido las 24 horas del día. “Yo duermo, pero mi corazón vela…”(Cantares 5:2 ). Aquí en Coruña, en mi parroquia contamos con tres grupos de la Oración del Corazón, divididos en distintos niveles.  Hacemos unos 30 minutos de comentarios sobre pasajes evangélicos o bíblicos en general, luego enseñamos como relajar el cuerpo y entramos en la Oración del Corazón durante al menos media hora y para los más experimentados hasta más de una hora.  Terminamos con comentarios y una oración final. Estas reuniones las hacemos dos veces por semana,  pero esta oración tratamos luego de llevarla a la vida diaria hasta hacerla que brote de forma espontanea en todo momento y en toda circunstancia. Yo les explico cómo esta suplica ha de nacer y crecer en el corazón, de forma que se serene la mente, los pensamientos, las fantasías, las imágenes mentales…Y es ahí cuando se detiene el murmullo de la mente y deviene el Silencio y la Paz interior o  hesiquia y solo a si es como podemos experimentar a Dios dentro de nosotros mismos. Esta experiencia cambia totalmente el sentido de nuestra vida. Pero es necesario invocar ese nombre con una Fe total, con una certidumbre profunda de la proximidad de Dios, sabiendo que Él ve, que Él entiende, que Él escucha con extrema atención nuestra demanda. 

El poder de la Oración del Corazón  proviene de nuestra fe en el Señor, y de una unión profunda de nuestro espíritu y de nuestro corazón con Él. Si es más poderosa que las otras oraciones es, únicamente, en virtud del Nombre de Jesús,  Señor y Salvador…un Nombre que es sobre todo nombre… (Filipenses 2:9-11)

En este largo caminar por la Oración del Corazón se requiere siempre la guía del staret o maestro para evitar errores, desviaciones y falsas experiencias nacidas de las imágenes mentales que nada tienen que ver con la verdadera mística.

La experiencia indica que al dar los primeros pasos, uno empieza a repetir la Oración a todas horas, pero no es  fácil, vienen la  distracciones a cada momento, y luego de algunos años, cada día que pasa la mente se aquieta más y se siente la cercanía de Dios en esa unión profunda de  espíritu y  corazón en El. 

Padre Dámaso. 
Sacerdote de la Iglesia Ortodoxa. Patriarcado de Serbia
Rector de la Parroquia San Juan Crisóstomo de A Coruña. Calle Pascual Veiga, 51


Fuente: www.pastoralsantiago.org