miércoles, 28 de enero de 2015

Homilía del P. Andrey Kórdochkin en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2015

 
Reproducimos a continuación la homilía pronunciada por el P. Andrey Kórdochkin, párroco de Santa María Magdalena (Diócesis de Quersoneso/Corsún - Patriarcado de Moscú y Toda Rusia) en el marco de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2015. La homilía fue pronunciada en la Iglesia de San Jorge (Diócesis de Europa - Iglesia de Inglaterra - Comunión Anglicana).
 
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Este año la semana de la unidad esta centrada alrededor del diálogo de Cristo con la mujer samaritana. Esta conversación es una ascención desde lo que está abajo a lo que está arriba. En poco tiempo, en unos minutos, los interlocutores ascienden desde los asuntos terrestres a la altura celestial.
 
Nosotros no somos capaces de ascender de la misma manera. Cuando los buzos suben desde las profundidades del agua, tienen que pasar tiempo en las cámaras de descompresión; si no, la sangre empieza a burbujear y el buzo está en peligro de muerte.
 
Pero miraremos su ascensión desde la distancia.
 
El diálogo entre ellos muestra cómo habla Dios con la humanidad y con cada uno de nosotros. Tantas veces en el Evangelio parece que Cristo y sus interlocutores están hablando idiomas diferentes. Unos preguntan sobre unas cosas, y él habla sobre otras. Nosotros decimos algo y parece que no somos escuchados. Pedimos y perece que no somos atendidos. Pero Cristo no lee los labios, sino que mira dentro de la profundidad de la persona, aunque probablemente no se da cuenta el propio hombre.
 
Jesús le dice:
— Vete a tu casa, llama a tu marido y vuelve acá.
Ella le contesta:
— No tengo marido.
— Es cierto —reconoce Jesús—; no tienes marido. Has tenido cinco y ese con el que ahora vives no es tu marido. En esto has dicho la verdad.
 
La mujer está hablando con el hombre. El espíritu de esta conversación es de equilibrio entre los dos - la humildad de Cristo frente a la mujer, y la humildad de ella frente a él. Uno de los pesonajes del libro de Maxim Gorgy, el escritor sovietico, dice que lo correcto de parte de Jesús sería hechar a la mujer dentro del pozo, en vez de hablar con ella. Pero Jesús no está juzgándola. Tampoco ella está juzgándolo a él ni a la raza masculina por ser víctima del sexismo que la ha convertido en un objeto.
 
Según la ópera "Jesus Christ Superstar" Maria Magdalena dice:
 
"And I've had so many men before,
In very many ways,
He's just one more".
 
Pero en el verso del poeta contemporáneo americano, la mujer samaritana dice las palabras diferentes:
 
"Who he was, I could not tell.
But he could tell me everything that I
Had ever done. His words into the core
Of my soul struck, and burned, and made me cry.
And I, who’d known so many men before—
Could I dare think that he was something more?"
 
"Es cierto —reconoce Jesús—; no tienes marido. Has tenido cinco y ese con el que ahora vives no es tu marido. En esto has dicho la verdad".
 
Es como Dios corrige el camino del hombre. El desenmascara pero no juzga ni condena. Tenemos poca capacidad de seguir este camino, y poco fruto trae nuestra palabra.
 
Lo que nos encontramos aquí no es solamente el pecado: ¡el propio concepto de pecado ha sido tantas veces mutilado y es tan difícil de entender en el día de hoy!
 
La situación de ella - que no ha sido capaz de tener una relación estable y responsable - es principalmente de soledad. Algunos comentaristas indican que ella sale por agua en la hora de más calor, cuando poca gente sale a la calle. En el libro de los Cantares leemos: "Dime tú, amor de mi vida, dónde pastoreas, dónde sesteas al mediodía". Es la hora del descanso, después de los trabajos de la mañana. ¿Puede ser que por miedo a ser vista y recibir miradas de condena ella vaya al pozo a esa hora? Esta soledad y esta vergüenza abren la puerta. Su soledad, su incapacidad de llevar una vida recta, le da vergüenza, no la obliga a declararlo como su derecho y dignidad. Ella está sola, y desde dentro de esta soledad está hablando con Cristo. Como nosotros los cristianos, ellos están divididos. Ella es samaritana. El es judío. Pero él le promete que llegará una época cuando estarán unidos y no habrá mas división.
 
— Créeme, mujer, está llegando el momento en que para dar culto al Padre, ustedes no tendrán que subir a este monte ni ir a Jerusalén. Ustedes los samaritanos rinden culto a algo que desconocen; nosotros sí lo conocemos, ya que la salvación viene de los judíos. Está llegando el momento, mejor dicho, ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque estos son los adoradores que el Padre quiere. Dios es espíritu, y quienes le rinden culto deben hacerlo en espíritu y en verdad.
 
El no está hablando de un tiempo distante. El tiempo ha llegado ya.
 
¿Por qué nuestros esfuerzos para alcanzar la unidad entre los cristianos dan tan poco fruto? Porque estamos hablando de la unión dentro de las mismas categorías que queremos superar. Por eso seguimos encarcelados en estas categorías de la religión humana. Pero la unidad no es cuestión de firmar un convenio. Los papeles no nos hacen uno.
 
El padre Alejandro Schmemann, sacerdote de origen ruso que nunca pisó su patria sino que pasó su vida entre Francia y Estados Unidos, escribió:
 
"El cristianismo es en un sentido profundo el fin de toda religión. En la historia evangélica da la mujer samaritana se lo deja claro …. Ella le preguntaba sobre el culto, y en su respuesta Jesús cambió la entera perspectiva del asunto. En ninguna parte del Nuevo Testamento, en verdad, el Cristianismo es presentado como culto o como religión. La religión es necesaria cuando hay un muro entre Dios y el hombre. Pero Cristo, que es Dios y hombre, ha derribado el muro entre hombre y Dios. El ha inaugurado la nueva vida, no la nueva religión".
 
La mujer samaritana busca y pide poco, pero recibe mucho. La unidad que estamos buscando, formando comisiones, en conferencias y mesas redondas, ¿es poco o mucho? ¿Somos nosotros uno cuando cantamos juntos un himno y después nos vamos para nuestras casas? ¿Puede ser que pensemos que bebemos agua, pero en realidad ni sabemos dónde esta el pozo?
 
P. Andrey Kórdochkin