miércoles, 12 de noviembre de 2014

Un poco de historia ortodoxa española. Palabras de S.E. Policarpo en la instalación de Mons. Timoteo


Por su valor histórico, reproducimos a continuación las palabras que S.E. Policarpo, Arzobispo-Metropolitano de España y Portugal y Exarca del Mar Mediterráneo (Patriarcado Ecuménico), pronunció en la instalación de Mons. Timoteo, obispo ortodoxo rumano de España y Portugal (Patriarcado Rumano), el 25 de mayo de 2008.
 
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Excelentísimo y Reverendísimo Hermano en Cristo, Monseñor Timotei, Hristos a înviat!
 
Hoy es Pentecostés para la Iglesia Ortodoxa, universal y local ibérica, porque, exactamente, cada ordenación episcopal, según la tradición litúrgica ortodoxa, es un Pentecostés.
 
La alegría y la emoción por esta ordenación episcopal aumentan porque se celebra el Domingo de la Samaritana. Cristo en su diálogo con la mujer Samaritana habla del agua de la vida eterna que Él posee. El pozo que contiene esta agua es la Iglesia y la tarea que tenemos como Pastores es dar al pueblo de esta agua: el agua de la salvación, que como dice un gran Padre de la Iglesia, San Cipriano de Cartago, “fuera de la Iglesia no hay salvación”. San Juan Crisóstomo, Arzobispo de Constantinopla, dice que la Iglesia es un gran hospital y la diferencia con otros hospitales es que quién entra en el hospital de la Iglesia queda sanado, porque Cristo-Médico da el agua de la vida, al contrario de la vida eterna.
 
Este misterio de la vida eterna lo hemos vivido hoy en tu ordenación episcopal durante la Divina Liturgia del Domingo de la Samaritana.
 
Para mi es una feliz coincidencia, Excelentísimo Hermano, que también fuera yo ordenado el Domingo de la Samaritana en Constantinopla. Yo en Constantinopla, tú en Alcalá de Henares, el mismo misterio independientemente del lugar, como dice Cristo en el Evangelio de hoy.
 
Mi presencia en este importantísimo acto de toda la Iglesia Ortodoxa en la Península Ibérica y sus Islas tiene dos significados: primero, transmitirte a ti y a todo el clero y rebaño ortodoxo rumano los fraternales saludos, los deseos sinceros y la cordial felicitación de la Madre Iglesia del pueblo rumano, del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, de Su Santidad el Patriarca Ecuménico Bartolomé I, así como las mías personales y del clero y pueblo de la Sacra Metrópolis Ortodoxa de España y Portugal. Todas ellas junto a las del Beatísimo Patriarca Daniel, de tu Eminentísimo Metropolita Josif, querido y venerado Hermano, conocido desde los tiempos de mi servicio sacerdotal en Italia y de los otros Hermanos en el episcopado presentes aquí. Te aseguro mi proximidad y mi colaboración fraterna para el bien de toda la Iglesia Ortodoxa en Iberia y de todos los fieles ortodoxos ibéricos independientemente de su origen étnico.
 
Segundo, mostrar “a los nuestros y a los demás”, que la Ortodoxia es una, porque Cristo es uno y el pozo y el agua de la vida eterna es el mismo. No existe un pozo griego y otro rumano; uno ruso y otro serbio; uno ucraniano y otro búlgaro; europeo o africano; americano o asiático. Sólo hay un único y mismo pozo y una sola agua de la vida eterna. Esto vale, sobretodo, para aquella parte de la Iglesia Ortodoxa que se encuentra fuera de sus territorios eclesiásticos tradicionales, en nuestro caso, en España y Portugal, donde existe una masiva presencia ortodoxa y nuestros fieles trabajan duramente para la prosperidad de estos dos nobles y cultos países.
 
Excelentísimo Hermano, tenemos un especial deber en el actual mundo occidental, aquejado, más que en Oriente, de la gran enfermedad de la secularización e indiferencia y de carestía espiritual. La Iglesia de Cristo posee el pozo y en colaboración con nuestros hermanos cristianos de Occidente, católicos y protestantes, saquemos para el mundo el agua de salvación de este pozo divino.
 
Bienvenido, Excelentísimo Hermano, de la otra parte de los Pirineos. Te deseo un fructífero ejercicio pastoral y una vida llena de salud, prosperidad espiritual e iluminación de la Luz inextinguible del Vencedor de la muerte y la corrupción, Jesucristo gloriosamente resucitado, para el bien de toda la Iglesia Ortodoxa, de la cual, hoy, eres parte, oficialmente, como Obispo y Pastor.
 
De parte de nuestra común Madre Iglesia, del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, recibe este encolpion símbolo del buen corazón que debe tener siempre el Pastor.
 
Ἂξιος!
Χριστός Ἀνέστη! Христос воскресе! Hristos a înviat! ¡Cristo ha resucitado!
 
Εἰς πολλά ἒτη Δέσποτα! Ad multos annos! La mulți ani!
 
 
Fuente: Arzobispado Ortodoxo de España y Portugal (Patriarcado Ecuménico)
Fotografía de Mons. Timoteo: (c) Oana Robu Photography