miércoles, 21 de mayo de 2014

El rito hispánico, un rito ortodoxo contra las herejías del siglo XXI


La liturgia hispano-mozárabe es mucho más que un reducto histórico, o una particularidad del espíritu toledano. Este antiquísimo rito litúrgico, propio de España y que sigue utilizándose en determinadas celebraciones, nació, entre otras cosas, para fortalecer la fe del pueblo frente a persecuciones y herejías que hoy, dieciséis siglos después, aún tienen gran predicamento en la sociedad

"Jesús fue un ejemplo a seguir, pero no era Dios"; "La virginidad de María es un mito"; "La fe es sólo un producto cultural"... ¿Le suenan estas frases? Por más que hoy haya quien ataque a la Iglesia con estos tópicos, semejantes argumentos y herejías ya estaban en boga hace 16 siglos. Y para blindar de sus perversos efectos a los fieles, los Padres de la Iglesia plasmaron las verdades de la fe a través de un rito litúrgico, el hispano-mozárabe, que hoy sigue teniendo plena actualidad.

Fe accesible:

Cinco siglos después de que el apóstol Santiago anunciase, por primera vez, el Evangelio en nuestras tierras, el cristianismo seguía luchando por asentarse en Hispania. Lo hacía, primero, entre la persecución de los emperadores romanos (especialmente Diocleciano); y, después, entre el paganismo de los reyes visigodos y las desviaciones doctrinales de algunos obispos, que abrazaron herejías como el arrianismo, o sea, que negaban la naturaleza divina de Cristo.

Para conservar las verdades de la fe y hacerlas accesibles a todo el pueblo, los Padres de la Iglesia hispanos, con san Isidoro, san Paciano, san Julián y san Ildefonso al frente, convocaron los concilios de Toledo y concentraron sus esfuerzos no en hacer grandes tratados -que habrían sido poco útiles para un pueblo fiel pero analfabeto-, sino en elaborar ritos litúrgicos claros y expresivos, que introdujesen a los cristianos en la riqueza del Evangelio y los protegiesen frente a las herejías.

Así, entre los siglos IV y V, nació en España el rito hispano, que ponía el acento en cinco grandes ejes: la divinidad y la humanidad de Jesucristo; la presencia eficaz del Espíritu Santo en la Iglesia; el ejemplo de los mártires; la superación del paganismo; y una inquebrantable piedad mariana, que reconocía en María a la Virgen, Madre de Dios. Para lograrlo, fue imprescindible la aportación de san Ildefonso, arzobispo de Toledo, cuya memoria celebró la Iglesia el pasado lunes. Él dio forma a la liturgia hispana, compuso misales, tratados y antifonarios, y fue un firme propagador de la devoción a la Virgen, tan característica de España.

Y de nuevo, el martirio:

Con la llegada de los musulmanes, en 711, como tantas veces en nuestra historia, la fe de los hispanos volvió a ser probada en el crisol del martirio. En lugares como Toledo o Córdoba, tras sangrientas purgas por no abrazar el Islam, los mahometanos accedieron a respetar la vida y el culto de los cristianos a cambio de impuestos, de modo que surgieron las primeras comunidades cristianas mozárabes, es decir, entre árabes.

Los reyes de Aragón y Castilla miraban a otros países de Europa, en busca de alianzas contra los moros, y comenzaron a traer a monjes y obispos franceses, que terminaron por imponer, en el año 1080, el rito romano sobre el hispano-mozárabe en toda tierra cristiana. Toledo, por entonces, no pertenecía a la Corona castellana, sino a Al-andalus, y pudo mantener su propia liturgia mozárabe: la misma que se mantiene hasta nuestros días, con leves aportaciones llevadas a cabo, en el siglo XVI, por el cardenal Cisneros, quien, entre otras cosas, creó, en la catedral, la Capilla mozárabe del Corpus Christi, donde, aún hoy, se celebra, cada día, la Eucaristía según este antiguo rito.

Arte catequético:

La liturgia mozárabe se caracteriza, sobre todo, por su enorme expresividad catequética, la participación de los fieles (se responde Amén 33 veces en cada Misa, por ejemplo), la solemne fracción del pan (el sacerdote parte la Hostia en 9 fragmentos mientras recorre 9 momentos de la vida de Jesús), o el singular compás del Padrenuestro. Todo, para que los fieles puedan entender cada parte y acercarse más a Dios. Del mismo modo, el arte mozárabe que nos ha llegado, y que sobre todo son ilustraciones de libros litúrgicos, busca ensalzar la victoria de la Cruz sobre cualquier peligro, hacer memoria de los mártires de la fe y resaltar la divinidad de Cristo. Y, para ello, utilizan composiciones a doble página, singulares perspectivas (en los edificios se dibuja a la vez el exterior y el interior, y los rostros se muestran, a un tiempo, de perfil y de frente) y colores muy vivos. En resumen, un arte y una liturgia muy nuestros que, dieciséis siglos después de su nacimiento, siguen de plena actualidad.


Fuente: Christifideles Tau